Economía colaborativa y senadores despistados

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Por falta de decisión del Gobierno, y el miedo de altos funcionarios hacia Uldarico  y al castigo de la opinión pública, el asunto de Uber se definirá en el congreso. El ministerio de transporte, cuota de una futura aspiración política, decidió, vía decreto, contentar a Uldarico sin enfadar Uber, lo que no se sabe es dónde quedaron los usuarios.

 

Será responsabilidad del Congreso lanzarle una señal al país. El dictamen determinará si la nación quedará nadando en una laguna de grandes empresas protegidas por el Estado, o si por el contrario les abrirá las puertas a los nuevos innovadores que ya hacen titubear las viejas estructuras económicas de antaño.

El problema no es de poca monta. A nivel mundial la tendencia es compartir lo que no se usa. Por ejemplo, si usted quiere hacer un viaje entre dos ciudades en Europa o Estados Unidos puede acceder a la plataforma de Bla Bla Car, donde las personas anuncian sus trayectos y ofrecen los puestos libres de su carro a un costo menor que otros medios de transporte. A su vez, puede buscar por Airbnb una habitación vacía en un hogar local. También, puede apartar un asiento para cenar en casa de un Chef aficionado de la ciudad. Mientras gobiernos gastan recursos para aumentar el número de pasajeros por automóvil, los innovadores le generan ingresos extra a los dueños de los vehículos.

Estas nuevas iniciativas buscan usar la capacidad instalada que no está siendo utilizada. Reduce el consumo de recursos como espacio, energía por persona y materiales, pues también hay grandes mercados de objetos usados. Este modelo económico amenaza a los grandes conglomerados empresariales que producen en grandes proporciones. Incluso, los Fin Tech, pequeños fondos de inversión y monedas digitales están poniendo en jaque a los pesos pesados del mercado financiero. A lo que se le suma un menor uso del crédito de consumo en los jóvenes, pues el mundo es distinto y las nuevas generaciones son más conscientes de las cantidades y cualidades de lo que consumen.

Esta nueva tendencia también transformará el entorno laboral. El futuro se dirige hacia la flexibilidad laboral. Los esquemas de seguridad social y contratos laborales tendrán que aceptar que las personas no quieren cumplir horarios fijos, y que las nuevas tecnologías permiten ejercer más de una actividad a la vez sin firmar contratos. Además, las nuevas generaciones no son amigas de las estructuras jerárquicas, con corte militar, nidel formalismo con los jefes que predomina en las viejas empresas. Ya no trabajamos por horario, sino por proyectos.

Estas formas flexibles de generar ingreso salvaron del desempleo y la quiebra a muchos durante la reciente crisis financiera. Los horarios fijos tienen sentido si la labor es repetitiva o implica atención al cliente. Una persona cuya función es pensar e innovar no tiene el mismo rendimiento todos los días durante las ocho horas de su contrato. Las antiguas relaciones laborales hacen parta de un contexto en el que la industria, donde las labores son repetitivas, era fuente de progreso. Hoy en día las ciudades exitosas son post-industriales; se dedican a la creatividad y el conocimiento.

Esta nueva onda le da una mayor voz a los usuarios, quienes califican lo consumido con el fin de depurar el mercado. Sorprende la posición del senador caldense Mauricio Lizcano, quien dice que los cupos ilimitados de taxis, por los que aboga Uber, deben ser producto de un estudio de oferta y demanda. Se olvida el senador que un número fijo de cupos restringe el tamaño de la oferta y por lo tanto excluye a una porción de la demanda, no hay un mejor estudio de esta índole que la libre decisión de los individuos de prestar un servicio o consumirlo sin barreras de entrada.

 Las plataformas intermedian entre la oferta y la demanda para que éstas se encuentren. Además, no es claro cómo cupos ilimitados crearían un negocio enorme para la compañía prestadora. Es precisamente la concentración de permisos en una sola mano la que le crea un jugoso negocio a un solo agente del mercado. No se olvide senador, a mayor oferta menor precio y menos abuso contra los usuarios, además actualmente un cupo cuesta más que un taxi.

¿Qué camino escogerá Colombia, el de los monopolios o el de los ciudadanos?