Sentimientos contra los colonizadores

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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Todas las naciones en Asia, África y América que han sido colonizadas, tienen en lo más hondo de su alma, un sentimiento de total rechazo, un recuerdo funesto y una idea poco amable de aquello que significa el yugo colonialista. Es el común denominador.

 

Sin duda alguna entre los africanos y asiáticos el odio es visceral hacia los franceses, ingleses, italianos, belgas, holandeses, alemanes y portugueses, toda vez que esos colonizadores tuvieron con esos pueblos un comportamiento inicuo, inhumano y prácticamente de látigo. 

En América también se sintieron los vejámenes de los españoles, portugueses, franceses e ingleses, pero la gran diferencia es que esas historias fueron narradas al fin y al cabo por los mismos colonizadores y naturalmente su crueldad, sus ambiciones, sus actitudes hostiles y tratamientos esclavistas para con sus colonizados se minimizaron, se tergiversaron y por ende se notaron menos.

Sin embargo no pudieron evitar que se conociera en buena parte la realidad de sus posiciones tiránicas, injustas, arbitrarias y  dictatoriales.

En cambio los Regímenes que impusieron los europeos en territorios africanos y asiáticos, se conocieron, se apreciaron, se vieron, se relataron, al tiempo que se estaban instalando, instaurando y desarrollando, dado que en la época en que se sucedieron los hechos, ya existía la prensa hablada, escrita y televisiva y consecuentemente el mundo se informó del día a día de aquello que estaba  aconteciendo en esas poblaciones del Asia y de África. No podían acomodar las noticias, pues los ojos de todos los continentes estaban sobre esas Colonias.

Los indígenas en Norteamérica, Suramérica y Centroamérica igualmente sufrieron y padecieron los horrores, las matanzas, atropellos y depredaciones, que produjeron los colonizadores. El objetivo de esos conquistadores del viejo continente no era otro que establecer sus Imperios en nombre de sus monarquías, exigir el culto y la religión que ellos profesaban, pero no en forma amigable,  cordial y en plan de convencimiento sino todo por la fuerza.

Se presentaron situaciones increíbles y paradójicas, por ejemplo en la India  los hindús les enseñaron a los ingleses a tomar trago caballerosamente a quienes se presumía que eran los caballeros. De esa manera redujeron sus excesos alcohólicos y así se moderaron y se dieron cuenta que podían discutir y pasar agradablemente las horas sin necesidad de beber copiosamente. Ellos mismos  además nos han puesto de relieve unas normas mediante las cuales con su cumplimiento jamás vamos a tener problemas, trifulcas o discrepancias en las tertulias acompañadas de bebidas embriagantes. Estas reglas hoy por hoy del mismo modo se deberían practicar y así nos evitamos dolores de cabeza.

Ellas son: En forma simultánea se  deberán dar tres elementos: las personas, el licor y el sitio. Si las tres son buenas jamás habrá arrepentimientos de ninguna naturaleza. Si falla uno de esos presupuestos, lo mejor es emigrar. Verbigracia excelente trago, el lugar es adecuado pero las personas no son las que debieran estar, surge seguro algún inconveniente. Los compañeros de reunión son los mejores, el sitio inmejorable pero el trago no está a la altura, pues es posible una  intoxicación. Estoy con amigos, el trago uno A, pero donde nos encontramos no es el lugar indicado existe la certeza de que surgen los altercados y disgustos por decir lo menos.

Estos principios sí los aplicamos evidentemente, nos permite salir  bien librados en los actos sociales, y en los momentos de esparcimiento y  diversión.

Contrariamente a aquello que se piensa, la palabra que antiguamente valía se deriva de las prácticas indígenas, no de costumbres europeas. Muchos creen sin fundamento lo contrario. Analicemos el caso concreto de los Incas respecto de los españoles, ellos cumplieron siempre su palabra a diferencia de los chapetones encabezados por Pizarro. Atahualpa su Jefe tan pronto como aparecieron los conquistadores, les brindó acogida, cordialidad y amistad.

Los recibió sin armas e invitándolos a que formaran parte del Imperio Inca y Pizarro lejos de tender la mano se vino lanza en ristre para aniquilarlos y matarlos. Hubo cerca de 10000 muertos. Después del exterminio  apresaron a Atahualpa y le dijeron si usted consigue oro en buenas cantidades, lo liberamos. Era un secuestro, desconocido entre los Incas. En efecto Atahualpa cumplió su palabra entregando el metal precioso en forma abundante y la respuesta de Pizarro se plasmó en la orden de ejecutarlo.

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