La educación en Uci

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Escrito por:

Abel Portacio Sarmiento

Abel Portacio Sarmiento

Columna: Opinión

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El Estado colombiano día a  día se esmera por mejorar la calidad de la educación. Mucha es la inversión  que el gobierno le hace al sector educativo,  construyendo y dotando a las instituciones educativas de infraestructuras y materiales didácticos como bibliotecas, kits educativos, portátiles, tablet y un sin número de cosas más.

 

En la parte de bienestar, el Estado está contratando operadores  para que suministren desayunos y almuerzos a todos los estudiantes, especialmente a la población vulnerable, con la sana intención de mejorar  las capacidades físicas e intelectuales, y de hecho mejorar la calidad de vida de los estudiantes y de sus comunidades.

Igualmente el Estado a través del Ministerio de Educación, hace significativas inversiones en proyectos, becas,  programas educativos y capacitaciones a  docentes; todo esto con el fin de mejorar la calidad de la educación en Colombia, pero  a  pesar de los esfuerzos que hace el gobierno, el índice sintético de calidad arroja resultados muy cuestionados si los comparamos con los resultados de otros países vecinos 

Varios son los aspectos que justifican y ratifican  la anterior aseveración como lo económico, lo político, lo social y sobre todo el aspecto actitudinal, es decir, el estado o grado de  consciencia que tenga cada uno de los actores educativos de las comunidades educativas para superar ese déficit educativo; porque de que vale que el Estado haga grandes inversiones en las instituciones educativas, si gran parte de los miembros de las comunidades educativas tiran por la borda las políticas educativas y  las millonarias inversiones realizadas en dichas  instituciones.

Otros aspectos que han acabado literalmente con la educación en Colombia son las políticas y programas educativos como la Gratuidad, la Promoción Automática, y de alguna manera la Cobertura educativa; como también algunos paradigmas y  prácticas culturales obsoletas como: "dejad haced, dejad pasar", "loro viejo no da la pata", "mañana lo hago" y cientos de expresiones más que son la marca inequívoca de la mediocridad.

 Por esto quiero ratificar lo expresado anteriormente,  que uno de los aspectos que atentan contra  la calidad de la educación en Colombia y específicamente en la Costa Atlántica, es sin duda la falta de una consciencia clara y objetiva que conlleve a los miembros de las comunidades educativas a obtener un mayor grado de cultura ciudadana para utilizar y dar uso racional a los materiales pedagógicos, didácticos y tecnológicos que con mucho esfuerzo el gobierno colombiano a través del Ministerio de Educación hace llegar a todas las instituciones educativas de carácter oficial.

Para mejorar la calidad de la educación en Colombia, se requeriría de un proceso gradual y progresivo a corto y largo plazo, que debería empezar por la reestructuración de  las normas educativas vigentes, retomando  aquellas normas empleadas en la educación tradicional, que marcaron un hito en la educación en Colombia. Todo esto se traduce en una verdadera revolución educativa.

 Actualmente en todos los ámbitos de la sociedad colombiana se observa, se percibe y se intuye que se ha perdido el amor, el respeto  la obediencia, la responsabilidad y el sentido de pertenencia por las instituciones educativas. En otras palabras a los colombianos nos hace falta un mayor grado de cultura ciudadana y amor propio por las instituciones educativas oficiales.