Suicidio o muerte natural de Hitler?

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Se ha escrito con respaldo documental, con entrevistas inequívocas, con fotografías evidentes, es decir con cierto fundamento, dos libros, en los cuales se pone de presente la posibilidad de que Hitler, no murió en su Bunker en 1945, sino que salió vivo con Eva Braun, con destino a la región de la Patagonia en la Argentina.

 

Un volumen es de Abel Basti de nacionalidad argentina y el otro del italiano Eric Frattini, quienes relatan, muestran y evidencian que esa hipótesis puede transformarse en realidad, dado que el ADN determinó el sexo del occiso y resultó ser el de una mujer joven entre 30 y 40 años y no el jefe del nazismo.

Estos textos aludidos son fruto de serias, exhaustivas y profundas investigaciones, de más de 20 años y por ello dan origen a que se piense de que no hubo tal suicidio, sino que el Fuhrer logró escapar y refugiarse en territorio argentino.

Incluso se hace referencia al hecho de que Hitler estuvo  en Colombia, en Tunja y Bogotá. Igualmente visitó Paraguay y Brasil.

No se puede olvidar que Stalin corrobora esta versión al afirmar públicamente: "Hitler salió vivo. Está en España o en Argentina". Así mismo el héroe de la segunda guerra mundial el General americano Dwight Eisenhower aseveró: "No hemos sido capaces de descubrir una  pequeña evidencia tangible de la muerte de Hitler".

Para que Stalin, quién dirigió las tropas rusas, y ellas fueron las que entraron e invadieron Berlín; se atreviera a decir lo que dijo, es bien significativo, habida cuenta de que el ejército rojo era el único que podía evidenciar o no sobre la muerte de Hitler.

Una declaración que prueba lo que pensaba el mando alemán al respecto, deja translucir de que el objetivo permanente  de la poderosa Armada, al mando del  Almirante Doenitz, no era otro que poner a salvo a su líder Hitler. Transcribo sus palabras dirigidas en una ceremonia a los cadetes navales: "La marina alemana conoce todos los escondites para  llevar al Fuhrer si fuere necesario.  Allí él puede preparar sus últimas medidas en total tranquilidad". "La flota alemana se siente orgullosa de haber construido para el Fuhrer en otra parte del mundo un Shangi-la (paraíso) una fortaleza inexpugnable donde él (Hitler) estaría totalmente a salvo de sus enemigos".

Es conveniente anotar que los nazis desde la primera guerra mundial, antes, durante y después de la segunda guerra mundial, tuvieron estrechos vínculos con la Patagonia y con las autoridades argentinas. Lo anterior se ratifica con la posición argentina en la segunda guerra mundial de absoluta neutralidad.

Estas indagaciones de los dos escritores señalan que  Hitler feneció su vida en América, con el apellido Kirchner, casualmente el mismo de los últimos mandatarios argentinos.

Se dice que partió de Berlín en un submarino con rumbo a la Patagonia, donde vivió en un campo próximo a Bariloche y allí tomó el nombre de Adolf Shutelmayor.

Basti escuchó a menudo en 1944 que Hitler después de la Segunda Guerra mundial había estado en Argentina pero al principio no creyó y por eso mismo empezó a averiguar sobre el asunto.

Tomó contacto con alemanes y  personas  que habían estado con Hitler. Aseguraban ellos que jamás se encontró enclaustrado sino que por el contrario salía por todas partes incluso viajó a otras naciones suramericanas como ya lo hemos descrito.

Basti cree que la fuga no se hubiera plasmado sin un acuerdo militar entre los germanos y Estados Unidos. Los americanos permitieron la salida de hombres, divisas y tecnología militar, toda vez que les servía para reutilizarla contra el comunismo. Todas las inteligencias europeas y la CIA avalaron con fotos la presencia de Hitler en Suramérica después de 1945. Reportaban su presencia pero nunca lo detuvieron.

Durante Perón (1945-1955) vivió en la Hacienda San Ramón a 15 kilómetros  de Bariloche. Allí llegó por tren desde la costa patagónica. Un testimonio directo y verídico es el de Eloísa Luján catadora, era la persona que probaba su comida para que no fuese envenenado.

Al fin de cuentas queda aún el misterio o el enigma sobre la veracidad de esta historia de su muerte natural. Ninguna de las dos versiones, ni la oficial, ni ésta que acabamos de presentar, tiene total credibilidad.

Publicidad