El agua no es de los dueños sino de quienes la necesitan

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Escrito por:

Sebastián Herrera Aranguren

Sebastián Herrera Aranguren

Columna: Opinión

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Hace tiempo se creía que una disputa a nivel global por el agua, era casi impensable. Hoy, no es nada errado pensarlo. Y no me refiero acá a una tercera guerra mundial por este, y otros recursos naturales: eso ya no es necesario. Los que se disputan los recursos ya no son los Estados como tal, sino las corporaciones y las grandes empresas. La disputa será entonces entre aquellas grandes corporaciones dueñas del agua, y la población de cada región que la necesita para vivir.

 

Para quienes creen que esto es una advertencia apocalíptica, o una teoría de la conspiración, les advierto que tal acontecimiento ya tuvo lugar en Bolivia, en 1999.

La llamada 'Guerra del Agua' fue la disputa entre ciudadanos y multinacionales, con el Estado como árbitro difícilmente imparcial, luego de que la multinacional Bechtel firmara un contrato con el entonces presidente Hugo Banzer, para privatizar el suministro de agua a Cochabamba. Las economías familiares cambiaron, subiendo el costo del nivel de vida, hasta que los pobladores no aguantaron más y salieron a la calle. Las fuertes protestas del 2000 dejaron como saldo un muerto, y alrededor de 200 heridos. Banzer se vio abocado a cancelar el contrato.

Si La Guajira se decidiera a realizar un acto similar, seguramente el saldo humano luego de las protestas sería mayor, dada la sevicia del ESMAD y la fuerza pública, pero el saldo humano producto de la sequía y la desnutrición disminuiría. Un pequeño sacrificio por un fin loable.

A veces hay que pellizcarse, abandonar la comodidad y decidirse a interrumpir tanta miseria e injusticia. Y es que el tema del agua, no es cualquier cosa. No es posible concebir la vida en su ausencia. Es el recurso natural más elemental e importante para la humanidad. De lejos más importante y necesario que el petróleo, carbón, níquel, gas natural, etc. Pero tristemente no es prioridad en ningún plan de gobierno.

En el documental colombiano 'Colombia Magia Salvaje', el cual ha sido un éxito taquillero, se hace hincapié en la gran riqueza hídrica que posee la nación, dada su diversidad térmica, que va desde páramos y nevados, hasta desiertos y extensas praderas. A la vez se llama la atención sobre la amplia posibilidad que existe de que este recurso cada vez se vea más amenazada por el calentamiento global, la contaminación de sus fuentes y el desperdicio del líquido. Sin embargo, nunca se acusa a los verdaderos responsables del peligro que se avecina y que ya han sentido varios departamentos del país.

El agua que se gasta en los procesos de la minería, tiene niveles alarmantes. Por ejemplo, se conoció en 2013, que El Cerrejón gasta 17.000 m³ de agua al día, mientras que un guajiro en promedio consume 83 litros y esta cifra puede descender a los 7 litros en tiempos de escasez.

Que descaro decir que no hay agua, por culpa del 'Fenómeno del Niño' o del malgasto de la misma en los hogares, luego de conocer estas cifras. Por supuesto, nadie quiere poner en cuestión la extracción minera. Ni los medios de comunicación, ni los gobiernos municipales, departamentales y nacionales, apoyarían la iniciativa de cerrar tantas minas o yacimientos como fuera necesario para llevar suficiente agua a todo el país con su población humana y animal, y abaratar sus costos.

Y es que aquella advertencia de que se puede dar una disputa global por el acceso al agua, tiene más cimientos construidos sobre la realidad. Junto a las noticias de la falta de agua, no sólo en Colombia sino en el mundo, aparecen las de que grandes conglomerados bancarios como Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Citigroup, UBS, Deutsche Bank, y familias portentosas, como la de George Bush, se están apropiando del agua, comprando grandes extensiones de tierra dentro de las que se encuentran lagos, manantiales y aguas subterráneas.  Parecen ya saber lo que se viene, y se están preparando para las vacas flacas. En todo caso, si desde ya hay que emitir un juicio sobre la guerra que se viene, yo digo: el agua no es de los dueños sino de quienes la necesitan.  

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