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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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¿Estamos hoy mejor los magdalenenses que cuando asumió el gobernador Cotes? Fuera de sus amigos, la respuesta es no.  El Magdalena ha retrocedido en casi todos los indicadores económicos y de desarrollo humano. 

 

Aunque la Constitución establece que cualquier persona natural puede ser elegida y no se exige título ni preparación alguna, lo cierto es que la complejidad de los temas de la gerencia publica demandan que quienes asuman ciertos cargos sean personas preparadas y estructuradas. 

Hace cien o cincuenta años se podía ser un buen gobernador o alcalde siendo un poco más que un capataz de finca, hoy no.  Liderazgo incompetente es la causa de que el Magdalena  sea uno de los departamentos más atrasados de Colombia.  La incompetencia de nuestros gobernantes no es una maldición sino una opción del elector.

Hechos que ni seguidores ni detractores pueden controvertir de la candidata a la gobernación Rosa Cotes Vives.  El primero, no tiene la formación académica ni profesional idónea para ser gobernadora, y segundo, tampoco tiene experiencia profesional relevante. 

La carencia de las competencias mínimas y conocimientos en aéreas fundamentales como gerencia, economía, leyes, para mencionar unas pocas, impiden que Rosa pueda hacer una buena administración. Los asesores, por muy buenos que sean, no relevan al gobernante de tomar las decisiones.  En últimas, la experiencia y los conocimientos propios del gobernante son los que determinan el derrotero a seguir.

La complejidad de un mundo globalizado y conectado en tiempo real, cada vez exigen mas y mas preparación de quienes aspiran a gobernar.  A veces los temas a tratar son tan complejos, que incluso los más preparados dudan, y para salir del atolladero, les toca recurrir a la intuición sustentada en la experiencia.  Por esto se requiere preparación y experiencia relevante.

Por otro lado, la impronta de los gobiernos populistas fracasados es el crecimiento sostenido del asistencialismo, ese que Rosa llama progresismo o caridad.  Cuando los gobiernos son incapaces de generar progreso, recurren a la caridad; y si Rosa es elegida, no aspiremos a que lidere proyectos e iniciativas que traigan empleo, salud, seguridad y bienestar para los magdalenenses. Desde ya ha renunciado al progreso para favorecer la caridad. 

No entiendo cual es la lógica que llevaría a elegir a una candidata como Rosa, quien es una propuesta de altísimo riesgo con un enorme costo de oportunidad para el Magdalena.  Todos sabemos que no es lo mismo conducir un bus que conducir un país, para traer a colación un paralelo relevante.

No es este el espacio para abogar por otros candidatos. Cada cual deberá hacer su propio análisis, y decidir quién de todos tiene las condiciones para gobernar bien.  El Magdalena necesita un timonazo de 180 grados.

Considero es mi deber expresar sin ambigüedades mis reparos a una candidata que le haría mucho mal al departamento.  A diferencia de muchos seguidores y detractores, en lo personal me es indiferente quien gane o pierda, ya que mi vida profesional ha transcurrido fuera de Colombia.  No me han dado contratos ni puestos en el pasado y no los espero en el futuro. De hecho, a los dos candidatos que van punteando en las encuestas me une el mismo grado de parentesco y de afecto. Sin embargo, la necesidad de buscar el bien mayor, que es el bienestar de los magdalenenses, me obliga a dejar los afectos y parentescos de lado. 

No está de más manifestar lo obvio para evitar suspicacias.  Lo expresado en esta columna es una opinión personal y no de esta Casa Editorial que tan generosamente me ha brindado por varios años la oportunidad de expresarme con toda libertad y sin cortapisas.

No ha sido fácil escribir esta nota, pero como dije antes, el sentido del deber prima sobre cualquier otra consideración. A Rosa y a su familia les deseo lo mejor, pero debo rendirme ante la evidencia incontrovertible de que ella no tiene la idoneidad necesaria para ser gobernadora. 

Magdalenenses, recordemos que cada pueblo al elegir a sus gobernantes, elige su destino.  El 25 de octubre vamos a elegir entre la caridad y el progreso.   

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