Apaciguamiento y conciliación o firmeza y confrontación

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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En la Segunda Guerra mundial hubo dos posiciones antagónicas dentro del mismo Reino Unido y que originaron en Europa occidental en igual forma dos posturas respecto del régimen hitleriano.

 

La primera consistente en estirarle la mano a Hitler, un total apaciguamiento, buscando en todo momento la conciliación, encabezada por el Primer Ministro Británico Neville Chamberlain y la segunda liderada por el militar y político Winston Churchill cuyo postulado era justamente no rendirse y enfrentarlo. Alarmó y dio a conocer cuál era el enemigo.

Chamberlain  no hizo otra cosa que tomar contacto con Hitler en un sin número de reuniones y jamás percibió las pretensiones del Fuhrer, ni su concepción de dominio territorial y menos aún su perversidad. En el otro bando  estaba Churchill, quién como buen estratega y zorro político sí captabalas intenciones de Hitler, sus tesis expansionistas y la crueldad y maldad que lo caracterizaba. No necesitó conocerlo tan directamente como Chamberlain, pero auscultó los derroteros políticos del Nazismo.

En eso consiste la inteligencia estratégica, en saber al máximo del enemigo, sus vulnerabilidades, debilidades y fortalezas en términos generales y tratar de que no  se sepan mis condiciones de combate óptimas y mostrar unas debilidades que no tengan que ver con la realidad. Es decir engañar al posible contrincante con miras a obtener los triunfos operacionales.

En efecto Hitler con gran habilidad le mostró a Chamberlain lo que él necesitaba para que éste creyera que no era tan malo y sin dudarlo lo  logró pues éste último regresó de la última entrevista en Múnich con el convencimiento de que se haría la paz y estas fueron sus declaraciones públicas: " Ha llegado la paz para nuestros tiempos".  La respuesta de Churchill a esta última aseveración del discurso de Chamberlain fue: "Tuvo usted para elegir entre la humillación y la guerra, eligió la humillación y vamos a tener la humillación y la guerra".

Inexplicable esa insistencia a ultranza del pacifismo a pesar de que se habían violado los Pactos por parte de Hitler, verbigracia el Tratado de Versalles. Se produjo un rearme y la anexión de Austria a los germanos debido a la presión Nazi, hechos que contravenían  ese mismo Convenio.

En la conferencia en Múnich (1938) Chamberlain entregó a Checoeslovaquia. Pero ese querer apaciguar a un tigre con ganas de devorar, dio  lugar  a que se produjera la invasión a Albania por parte de Italia, con su aliado Mussolini. Se permitiera que Italia en la misma forma apoyara a la corriente sublevada en España. Se cediera a la Remilitarización de Renania en marzo (1936). Se dejara ocupar a Etiopía en octubre (1935) y no se dieran cuenta de la invasión en Francia de Alsacia y Lorena. Tan solo se censuró a Alemania por haber intervenido en la guerra española.

Sin embargo el Ministro de Relaciones de Chamberlain, el Lord Halifax seguía empeñado en aceptar las condiciones de un agresor potencial en lugar de oponer resistencia. Se estaban sacrificando principios éticos, morales y políticos. Era una clara inoperancia política y tristemente se estaba mostrando que la dignidad se había perdido.  Halifax decía "Todos los recursos de la diplomacia deben usarse por la causa de la paz" y Churchill le contestaba: "usted es un hombre obsesionado por la esperanza de pasar a la historia como un fundador de la paz".

Con la invasión alemana a Polonia el mismo Chamberlain le declaró la guerra a Alemania, muy tarde percibió su gran error y se vio obligado a expresar: "Este es un día triste, todo en lo que se creía se ha derrumbado". Churchill inmediatamente replicó manifestando "Mejor tratar de sobrevivir con gloria antes que perder la libertad con oprobio". Chamberlain obtuvo al principio  respaldo a su actitud conciliatoria, argumentando que Hitler con el apaciguamiento se acercaría y vendría la paz. Que él lo había conocido y que por tanto se podía creer en él. Churchill con su posición vertical y de una sola pieza no crecía en su audiencia. A su juicio Hitler era una amenaza para Gran Bretaña y para el mundo.

La realidad que se vivió le dio la razón a Churchill y en consecuencia su pueblo lo rodeó y así se puso al frente del Reino Unido como Primer Ministro para enfrentar a los Nazis.

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