Testimonio de vida

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Quiero volver sobre una realidad fundamental y necesaria para los hombres que decimos ser creyentes: el testimonio de vida. "Con seres humanos cada vez más desorientados y vacíos; expuestos a fuerzas mediáticas interesadas en hacerlos indicadores de consumo.

 

Una época en la que campean los atropellos de todo tipo y la pérdida del sentido. Un momento histórico crítico en el que los hombres parecen empeñados en la destrucción por falta de un camino cierto que promueva la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Necesitamos con urgencia, crear espacios que nos ayuden a renovarnos, a volver a creer, a encontrar alternativas posibles para una vida con calidad; tenemos que crear espacios en los que podamos mostrar nuestra humanidad sin vergüenza, estamos en boga de gritarle a esta sociedad que valores como el respeto, la tolerancia, la disciplina, la honestidad, entre otros, no sólo son posibles sino necesarios; y de mostrar cómo se pueden hacer concretos para propiciar mejoras significativas en la vida concreta de cada uno.

Ese es nuestro compromiso, creo que cada uno de nosotros tiene que hacer algo como creyente para cambiar esta situación.
Nos quejamos mucho; criticamos bastante, es más, creo que criticamos en los otros, lo mismo que hacemos nosotros, nos rasgamos las vestiduras cuando sale a luz pública un escándalo, pero estoy seguro de que si revisamos con más tranquilidad, también nosotros tenemos ese mismo tipo de actitudes.
Por eso creo que necesitamos pedir que Dios nos dé una renovación de nuestras formas de ser y de actuar.

Necesitamos volver a Dios, volver nuestro corazón al Señor y actuar desde Dios. En todo.
Especialmente en lo sencillo, en lo que parece que no tiene mucha importancia, pero que es donde se gestan las verdaderas revoluciones de nuestras vidas.
Cuando Dios actúa en nosotros, lo hace desde las pequeñas cosas; en la manera cómo asumimos nuestros compromisos, cómo tratamos a los demás, cómo nos relacionamos y cómo cumplimos o no las reglas que son para todos.

No podemos confundir la fe con conformismo, con mediocridad, con espiritualismo, con falta de compromiso. Es el momento de entender que la fe es un modo de vida, una praxis, una militancia en el proyecto de Jesús.
Se nos tiene que notar que somos creyentes en que vivimos el amor, el perdón, el servicio, la alegría. No podemos creer que lo que nos identifica son nuestros rezos o nuestras bellas palabras al hablarle.

La identidad del cristiano pasa por su manera de vivir y de actuar a diario. Mientras que no vivamos de esa manera esta sociedad seguirá sin conocer la respuesta que Jesús de Nazaret le ofrece.
Tenemos la obligación, como creyente, de mostrar que la vida tiene un sentido pleno en la persona de Jesús, el Señor. Esa es nuestra tarea hoy.

Que se te note en las acciones más sencillas y simples que eres un cristiano, que no tengas que levantar a citas bíblicas a otro para que crea que tú conoces a Jesús. Eso se vive". Es el momento de dar testimonio de nuestra fe.

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