Colombia vive sumida en la cultura de la mentira

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Escrito por:

Ramón Palacio Better

Ramón Palacio Better

Columna: Desde el Centro Azul

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Por lo general en nuestra patria nos acostumbramos al riesgo en cualquier instante y actuamos todos los días en medio del mal, del peligro, de la contingencia; a lo que es igual, aprendimos a consentirlo, aguantarlo, y llevar consigo en todas las épocas ese mal signo; y siempre hacernos los de la vista gorda, vivimos infortunadamente junto a él; es una contraseña nacional asquerosa, ante el mundo; de terribles males que parecieran formar parte de las ocupaciones y labores que se llevan a cabo en el mundo de las tinieblas, ejerciendo y cultivando lo que no es bueno, ni satisfactorio. Conductas que en los actuales tiempos imperan en la nación y no agradan a Dios en lo absoluto.


Por lo visto, en nuestro país pareciera que estuviéramos destinados cotidianamente a ser fuertemente castigados, infligidos, o a sufrir severas sanciones producto de nuestros propios inventos y ensayos de cambio. Todos los colombianos sabemos que aquellos que infringen, quebrantan y desobedecen la ley o la verdad, con mentiras, se entregan y apadrinan con el mal y son culpables o únicos responsables de lo que ejecutan y ocasionan. El mayor desconcierto y la mayor confusión de las ideas se origina cuando se pretende que disimulemos y traguemos entero tantas mentiras, farsas e invenciones para luego convertirlas en una verdad y también al contrario, la verdad a la vuelta de la esquina es una mentira.
La verdad y la mentira son circunstancias muy antagónicas, por ello, no puede haber, ni jamás podrá existir entre ambas una unión pacifica, ni mucho menos justa, porque las virtudes malas generalmente concuerdan y conciertan con el desenfreno, la corrupción, la perversidad y la inmoralidad que desgasta y desmenuza la dignidad de todos los seres humanos.
Siempre que los males se adhieren al bien dejan unas secuelas e injustos resultados en donde predomina esencialmente la crueldad en nuestro acostumbrado vivir. El país no puede seguir viviendo todos los días con repetidas proclamas y pregones que anuncian la busca de la verdad, el pueblo colombiano no puede aceptar de ninguna manera, el pretender encontrar una verdad judicial, de lo que todos sabemos que es mentira; ni mucho menos el pretender acoger, ni amparar judicialmente los graves errores y las enormes faltas, como un buen y único camino para encontrar la verdad, verdadera de todo lo sucedido en Colombia en los últimos años. Todos sabemos que las reiterativas propagandas de la mentira, que se realizan en Colombia con grandes divulgaciones y anunciaciones, se originan muy seguramente de las personas que evidentemente aparentan y fingen tener un sorprendente prestigio de carácter eminentemente pacífico, pero en el fondo son falsos o aparentes disciplinados.
Infortunadamente en estos tiempos en nuestro país, una verdad a medias o incompleta se convierte en un veneno muy activo, eficaz y mortal.
En la mentira de los falsos o aparentes disciplinados que hoy están a la vista de todos, la verdad siempre ha promovido la violencia, la intimidación, el terror y generando arraigados sufrimientos y múltiples desconsuelos que suscitan el oprobio, la ignominia, la degradación, el vilipendio; lamentablemente la verdad en nuestros actuales tiempos es muy combatida por todas partes, porque, a la verdad se le hace la ofensiva por cualquier frente. Es totalmente necesario en estos momentos el saber renunciar a las mentiras y abrazarnos a la verdad, por el bien de uno mismo y de todos, porque vivir en la mentira, es sinónimo de ruina, calamidad que cada vez te encierra más y más en la miseria, en la desgracia y en el infortunio. Basta con mirar cómo está Colombia ante el mundo para darse cuenta que vivimos sumidos en la cultura de la mentira.
Para que brille la luz esplendorosa en nuestra vida, hay que rodearse de la verdad, abrazar la verdad sin complejos, ni duda alguna, porque los colombianos tienen la capacidad suficiente para saber dónde se ha originado todo, y más aún, donde está la mentira que tanto daño nos viene haciendo. Desde hace muchas décadas en nuestro país, muchas personas pertenecientes a distintos estratos sociales, dirigentes de todo tipo, funcionarios de altos rangos de gobierno, policías, militares, sacerdotes, agremiaciones de distintas índoles se han encargado de ocultar la verdad de las cosas, como consecuencia de esto, hemos caído en la hipocresía mentirosa que nos dan desde que empezamos a promover y darnos cuenta que la mentira está derrotando a la verdad.
Nos decían y aun nos infunden grandes mentiras nuestros propios compatriotas, muy a pesar que dichas consecuencias nos enfrentan a una muerte segura, nos engañan una y mil veces, todos los días, la realidad del país era otra, aun es otra, porque hoy todavía nos hacen creer que estamos ganando en la mayoría de nuestras adversidades, ¿será que es verdad?, ¿o será que es mentira? La verdad es que aún existen muchas dudas para creer lo uno y lo otro, la situación no es clara, porque en Colombia muchos de los aparentes o falsos disciplinados andan todavía sueltos.

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