Ética y política

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

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El problema de la política, y su ejercicio, va ligada entrañablemente a la ética personal, al igual que a la ética social, más cuando nuestra Constitución Política en su articulo 34 acoge como paradigma o parámetro, la llamada moral social.

El elector decide, pero en su decisión personal, va envuelta una ética personal, porque si mal elige, mal gobierno tendrá y en cuanto al elegido, debe mirarse si ejerce la política como negocio o si va a la política, con sentido de servicio, y cada día es menos el número de políticos en función del servicio.

No se puede hablar de un modelo determinado de comportamiento, ni tampoco acudir a una ética de la situación. El hombre, por regla general, es socio cultural, que se encuentra determinado en su conducta, y podemos decir recordando a Rouseau, de que el hombre es hecho por la sociedad en que vive y de un mundo histórico-cultural a que pertenece, sin que podamos hablar de la moral cerrada de Bergson.

Por eso, quienes estudian la ética social, coinciden en afirmar que es la sociedad la que conforma la mentalidad de sus miembros, y su existencia social, la que determina su conciencia y conducta.

Pero, hay que afirmar sin lugar a dudas, que la moral no es social solamente, sino también, que está inducida por el origen de la conciencia moral de los pueblos, y de allí, de que el tribunal de la conciencia social en política, da su razón sicogenética, responde al Tribunal moral de la comunidad.

La polis griega, es un icono de esa realidad. La antítesis, entre la moral social que señala nuestra Constitución Política y el fuero interno de la persona, aparece vivida dramáticamente, por el filosofo Sócrates, quien históricamente no se opone a la muerte bebiendo la cicuta.

En nuestros tiempos, la pregunta moral deja de ser: Hacer esto es bueno o es malo? En el Plano moderno hay una crisis de la moral, que llevó a Kant a sostener una ética individualista, antes que una ética social, que debe enaltecer al político moderno.

Todo esto para señalar, que la ética no se refiere entonces a la realidad personal, sino al estado de conciencia. Por eso, hoy tenemos plena conciencia, de que la ética necesita proponerse conseguir un elevado estándar moral objetivo y desde el punto de vista social, hacer mejores a los hombres.

Por consiguiente, no puede hablarse hoy de una moral individualista del político, sino que debe encajar en el criterio de una salida moral social como lo quiere nuestra Constitución Política, en su artículo 34.

Este contexto, debe apropiarse o empoderarse de una verdadera ética política, en que la persona escogida en las urnas, responda a un sentido de servicio y no ver el cargo como una fuente de enriquecimiento en que se gane un porcentaje por cada contrato o compraventa.

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