El odio, un mal consejero

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Escrito por:

Ramón Palacio Better

Ramón Palacio Better

Columna: Desde el Centro Azul

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Es verdaderamente enjuiciable, una vez más, que los amigos políticos de los ciudadanos que se elegirán en los Entes Territoriales del Magdalena y el Distrito de Santa Marta, como igualmente en las Corporaciones Públicas de Concejos y Asamblea, aún no se ahorran, ni se restringen en sus conversaciones a puerta cerrada y abierta, las risibles grotescas y burlescas expresiones de rencor, tirria, inquina, resentimiento e inconformidad para arremeter y agredir verbalmente y violentamente contra quienes no coincidieron con el pensamiento político y programático de su candidato.

Es así como cada uno de los candidatos hoy aspirantes que apoyan a una u otra candidatura en las próximas elecciones, ya han sido hoy, continuamente blancos de sus acerbas, ásperas y desagradables críticas.

Cierto es, como igualmente preocupante, que nunca han disimulado estar animados por el injustificado propósito de que en la memoria de los samarios y magdalenenses se estanque para siempre una profunda herida que, según mi particular criterio debería ser curada de inmediato para no seguir profundizando aún más la división entre los samarios y los magdalenenses.

Ante los múltiples aspirantes y veteranos de las elecciones a los Concejos y la Alcaldía Distrital de Santa Marta y de los Municipios del Magdalena, como igualmente a la gobernación del Magdalena se deben congregar para siempre en el corazón de cada uno de los triunfadores en las elecciones, buscar el encuentro de todos los samarios y de todos los magdalenenses.

Es de suponer que con un amplio y franco criterio o razonamiento, gane quien gane, se debe llamar a la mediación, reconciliación y a la prosperidad definitiva, de manera que se encarrile a nuestra Santa Marta y al Magdalena por las sendas del progreso y a la vanguardia de la equidad social. Durante los nuevos encuentros debemos referirnos con especial énfasis contra quienes equivocadamente se pasan el tiempo maldiciendo el pasado sin pretender sacarle ventajas al presente y al futuro.

Sin embargo, el odio es en verdad un mal consejero. Obnubila la mente y la conciencia, y provoca ceguera. No impide a ninguno de los derrotados tomar nota de que la mayoría silenciosa de los samarios y magdalenenses aspiran sanamente a dejar el pasado y poder comenzar a poner su vista en el futuro, y elegir nuevos Concejales, nuevos Alcaldes, nuevos Diputados y un nuevo Gobernador. No hay peor sordo que el que no quiere oír.

En Santa Marta aunque la tradicional mayoría silenciosa de ayer no se pronunciara en alta votación, hoy sus sentimientos no caerán en el vacío, porque se elegirá al nuevo alcalde de todos los samarios, además, así lo quiere la ciudad.

Mientras esa obstinada prédica de triunfadores amigos de los próximos nuevos legisladores y gobernantes elegidos, aun muchos se empeñan en dividir a los samarios y magdalenenses a puro filo de odio y rencor, sin criterio, ni ideología alguna, otros más abiertos e inteligentes han empezado justamente a restañar las asimetrías injuriosas y agraviantes de los frescos recuerdos hirientes y están desde ya, dedicados a reconstruir y poder restablecer el concepto de unidad, de conciliación e integración que requieren urgentemente los ciudadanos de Santa Marta y el Departamento del Magdalena, aspecto que no es otro que el de lograr la amistad y la fraterna solidaridad entre nuestros habitantes.

Sería altamente conveniente para la ciudad de Santa Marta y para el Departamento del Magdalena que todos, sin excepción, coincidiésemos en que el odio enarbolado cual estandarte político desmerece la razón y sólo engendra más y más odio.

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