Agua pasó por aquí…

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

e-mail: emcastroc@yahoo.com

Lo primero que le advierten a quienes llegan por ésta época a Santa Marta, es que deben sumarse en la colaboración hacia el uso racionado del agua.

La situación no es la mejor para los pobladores de barrios marginales, pero, tampoco escapan al sufrimiento quienes habitan o visitan el balneario de El Rodadero, en cuyos edificios les ha tocado hacer toda clase de maromas administrativas para conseguirle agua a los copropietarios.

Metroagua, la empresa encargada del acueducto samario, se ha visto en calzas prietas para atender el clamor ciudadano: han construido pozos profundos y recurrentemente envían a los necesitados carros tanques para proveerlos con agua.

Sin embargo, debe anotarse que en el caso de la provisión con carro tanques, se ha sabido, no han faltado los avispados de siempre que se aprovechan de la necesidad para hacer su agosto.

La realidad de los samarios, que no es nueva, es una muestra de lo que se vive en el mundo como consecuencia de los cambios locos que en el mundo como consecuencia de los cambios locos que tiene el clima por las malas prácticas humanas, acompañadas, en nuestro caso, por el fenómeno de El Niño que actualmente golpea duramente al campo colombiano hasta el punto de registrase la muerte de veintiséis mil bovinos, según Fedegán, en lo que va corrido de este año.

Los recursos hídricos, en lo que prevén las Naciones Unidas, serán cada vez más escasos por el crecimiento natural de la población mundial y de la contaminación ambiental, que llevan a considerar que en el futuro las guerras entre las naciones no se darán por el petróleo sino por el agua.

Esto mientras persiste inmodificable el desinterés de la dirigencia sobre una crisis de la que no escaparán ni los países industrializados, de acuerdo con análisis de la propia ONU. Ya lo ha dicho Koichiro Matsuura, director general de la Unesco:

"Ninguna región del mundo podrá evitar las repercusiones de esta crisis que afecta todos los aspectos de vida, desde la salud de los niños hasta la capacidad de las naciones para alimentar a sus ciudadanos"; y, en cuanto a los pobres, subraya que serán los más afectados debido a que la mitad de la población de los países en desarrollo está expuesta al inminente riesgo de las aguas contaminadas.

Además, si tenemos en cuenta que el consumo mundial del preciado líquido se duplicó en los últimos cincuenta años y los infantes de los países ricos ingieren entre 30 y 50 veces más agua que aquellos nacidos en países pobres.

"La falta de agua causada por el cambio climático ya es un problema global: afecta a ciudades en América Latina, África, Oriente Medio, norte de África y sur de Asia.

Y los cortes drásticos del suministro de agua no solo son un problema para la producción de alimentos y la generación de energía, sino que también son culpables de la escalada de violencia en países como Irak, Siria o Yemen", ha escrito el columnista Nafeez Ahmed en el portal Middle East Eye.

Entretanto, aquí en Colombia, con todas las advertencias, no hemos tomado conciencia sobre el oscuro panorama.

Todavía creemos equivocadamente que, aunque tangencialmente hemos sido tocados, los peores momentos no los percibimos porque somos uno de los países con mayores riquezas hídricas que no hemos aprovechado para mejorar las condiciones económicas y menos para conservarlas en consonancia con las normas ambientales.

En artículo del pasado, había dicho que Dios le da pan al que no tiene dientes porque nadie se explica por qué teniendo una arteria fluvial de las dimensiones del Magdalena, sean sus ribereños quienes tengan los mayores problemas de agua potable.

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