La tortuosa ruta de la paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

e-mail: emcastroc@yahoo.com

El serpenteante camino que hasta el momento ha transitado el proceso de paz, cuyos diálogos se iniciaron hace ya casi tres años -Santos aspiraba terminarlos en uno-, ha dado alas a los contradictores de la manera como se desarrollan las conversaciones, especialmente por hacerlas bajo el tronar de bombas y balas. Aunque el reconocimiento pueda estar escondido, quienes han ganado con su presencia en La Habana solo han sido las Farc, que han logrado enjuagar su imagen internacional, subiendo varios peldaños en esa escalera.
Tal vez Santos, se ha pasado de extremadamente ingenuo, al creer ciegamente que al negociar sin acordar un cese al fuego es lo mejor. Así, piensan quienes desde las heladas oficinas de Bogotá no tienen la menor idea de los sobresaltos que se sufre en las regiones por físico miedo, porque, aunque se diga lo contrario, el Estado no se siente: el Estado son las Farc. Cosa igual sucedió con los "paracos" de las autodefensas que hasta administraban justicia a su modo: arreglaban conflictos entre vecinos y mediaban ante las querellas conyugales. Cuando esto sucede, bajo el indigno frio de un cañón de fusil posado en el cogote, es entendible que quienes osaran apegarse a lo preceptuado por las leyes, al denunciar sobre las infracciones al código penal, hoy no tengan carnes porque éstas fueron hace tiempo consumidas por los gusanos necrófagos, en cualquier lugar rural de la geografía nacional.
El zurriago despreciable de la violencia, hizo que fueran muchos los que tuvieran que aceptar, actuando en contra querencia, que incurrieron en concierto para delinquir; cuando realmente lo que hicieron fue apegarse, como si se tratara de un contrato de adhesión, a lo atrochado para salvar su pellejo y el de sus familias. Hace poco, me hicieron recordar lo que dijo a un acusado al fiscal que llevaba el caso en una audiencia de indagatoria, cuando lo inquirió sobre su conducta al no denunciar que estaba amenazado y sometido al querer de los "paracos": "señor fiscal, si yo hubiera denunciado a esos bandidos tenga la seguridad que hoy ésta diligencia no se estaría llevando a cabo", fue su categórica respuesta.
Hace poco, casi saliéndose de la ropa, en un poco natural aspaviento, dijo el presidente que no existe un solo centímetro de Colombia vedado para la fuerza pública. Hasta risa les dan esas expresiones a los delincuentes de las Farc. Sitios vedados los hay hasta en grandes centros urbanos. ¿No han oído las noticias sobre lo que hacen las pandillas de barriadas en Medellín, Cali y Cartagena?
La escalada violenta que se ha vivido en las últimas semanas, no es sino la muestra de que la insurgencia le está aplicando el puño molido al gobierno, que se nota desgastado con el mismo discurso cada vez que sucede un hecho que hace desangrar las entrañas de la comunidad. O ver impotente los daños contra el medio ambiente, que dejan sin agua potable a muchos poblados, cuya única culpa es la de no vivir en Bogotá, donde se mueve cielo y tierra si es tocada.
Eduardo Mackenzie, en París en abril de 2013, plasmó lo que llamó "Veinte puntos sobre los pactos eventuales Santos-Farc". Para reflexión, transcribiré los siguientes: "El objetivo central de las Farc en la "negociación" con el Gobierno Santos no es la paz: es obtener la impunidad para sus atrocidades cometidas durante 50 años, rechazar todos los derechos e indemnizaciones a sus víctimas, fracturar el territorio de Colombia y confundir el campo adversario"; "Las Farc sólo respetan la fuerza. La negociación política para ellas es un medio para desorganizar al adversario".

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