La inquisición del balompié moderno

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

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Comprendo porque Xavi Hernández reaccionó como lo hizo cuando Dani Alves Y Neymar, en el fragor de la celebración, se pasaron de revoluciones y pusieron en peligro su vida.

Es lógico suponer que a nadie le gustan las bromas de este tipo. Además, primero la seguridad y la cordura antes que el desorden y el caos.
Lo que no me parece sensato es que precisamente él -un futbolista de talento-, y otro montón de payasos que se dicen a sí mismos conocedores del futbol, critiquen al delantero brasileño porque se le ocurrió hacer una bicicleta en la final de la copa del rey. Qué posición tan absurda la de estos señores.

El problema no es la filigrana como tal, sino quien la hizo. Y como no la hizo un europeo están frustrados.

Quién dijo que el futbol es aburrido y cuadriculado. El futbol es arte, alegría, talento, creatividad y fantasía.

Si no les gusta el jogo bonito, entonces dedíquense al rugby y a los juegos de contacto que tanto les cautiva.

Lo contradictorio del asunto es que aquellos que se quejan de la magia del futbol son los que pagan cincuenta, cien o doscientos millones de euros para que jugadores como Messi, Neymar y James llenen los estadios de Europa.

Si una jugada de esa categoría la hubiese realizado Cristiano Ronaldo, Pogba, Rooney o cualquier otro futbolista sobrevalorado en Europa las cosas habrían sido diferentes. Pero no, como la hace un suramericano es una ofensa contra el rival.

Tomen las cosas con seriedad señores. Se ofenden porque no pueden hacer lo que otros hacen. Eso no es más que frustración y envidia.

Una bicicleta, un taquito, una chilena, un paragüitas, un sombrerito, una media bolea u otra jugada de fantasía es común en los barriales de las ciudades suramericanas, incluso, los niños menores de diez años las practican hasta dormidos.

¿Por qué ofenderse con esto? Simplemente es futbol del bueno.

Es comprensible desear que una jugada como esa funcione con el rival y no lo contrario. Pero, en definitiva, las cosas son como son.

Unos cantan, otros bailan, otros escriben. Unos lo hacen mejor que otros, pero eso no da pie para que yo me ofenda por el talento de los demás.

Si tienen problema con el futbol lírico que vengan a Suramérica y lo aprendan a jugar. Es arte, no burla.

Menospreciar la obra de Shakespeare, Cervantes, Beethoven, Miguel Ángel o Dalí por ignorancia es absurdo. Ellos dejaron un legado a la humanidad porque mostraron todo lo que podían hacer, no menos.

Recuerden también que en la época de la burda inquisición muchos científicos prefirieron el camino del sufrimiento antes que rendirse ante la insensatez de los fanáticos. ¿Por qué ahora los genios del futbol tienen que rendirse? ¿Acaso es pecado ser talentoso?

Para los suramericanos el juego es pasión. Y no hay razón para que los virtuosos se escondan temerosos de los troncos que los quieren fusilar.
Pedir a Neymar que no haga una filigrana es como decir a Da Vinci que destruya la Mona Lisa, o a García Márquez que no escriba Cien años de Soledad.

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