La mentira de la comisión de la verdad

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Ahora nos salen con el cuento de que la Comisión de la Verdad es la gran panacea para llevar la negociación de La Habana a buen término. Es idiotismo puro querer hacerle creer a la gente que un ejercicio académico inútil de supuesta adjudicación de responsabilidades históricas va a convencer a las Farc para que asuman responsabilidad por sus crímenes actuales.
A las Farc solo les interesa aquella verdad en la que el gobierno, las elites y los Estados Unidos terminen cargando con toda la culpa, y se diga que ellos fueron obligados por las circunstancias a tomar las armas, a secuestrar, a despojar tierras, a robar, a sembrar minas quiebrapatas, a traficar con narcóticos, y en fin, a pasearse por todos los tipos penales de la legislación nacional e internacional. Las Farc solo están interesadas en una verdad que les garantice impunidad.
Se pueden esclarecer hechos, que sería lo único que podría hacer una comisión de la verdad, pero pretender interpretar esos hechos pasados con la moralidad o prejuicios presentes no conduce a ningún lado. De nada sirve una verdad que juzgue y condene muertos. La única verdad que sirve es la que tiene que ver con los que están vivos para adjudicarles responsabilidades; para todos los actores del conflicto sea dicho de paso.
La historia es un continuo de acciones y reacciones, es decir, que es pendular; o en términos de la dialéctica hegeliana: tesis y antítesis y síntesis. Si las Farc quieren decir que la violencia de estado fue la que dio lugar a la violencia guerrillera, entonces, también hay que decir, que esta última dio lugar a la violencia paramilitar. Cuando las Farc decidieron meterse con la población civil, cuando decidieron secuestrar personas y despojar tierras, entonces surgió el fenómeno paramilitar, que de alguna manera llenó los vacíos de estado. ¿Dónde trazamos la raya? Aquí nadie pretende escribir un libro de historia sino terminar una confrontación con una organización al margen de la ley.
Para efectos argumentativos, digamos de una vez, que es cierto que el estado y los Estados Unidos hicieron todo lo que dicen las Farc ¿y? Eso sucedió hace muchos años, y si bien pudo haber justificado las primeras guerrillas, o la primera generación guerrillera, no puede justificar ni exculpar a los bandoleros presentes, ni los crímenes recientes ni presentes. Se equivocan las Farc si piensan que la historia puede absolverlos.

Y a todas estas, ¿cuál es el problema? Los estados también negocian con delincuentes y en esto no hay nada nuevo. Que quieren impunidad para sus delitos, eso ya lo sabemos, y en esto tampoco hay nada nuevo. Da lo mismo sin son guerrilleros idealistas o los delincuentes que son. El pragmatismo llama a pasar por alto estas consideraciones, y simplemente, enfocarnos en terminar la confrontación.
El agonizante proceso no aguanta que se prolongue el proceso hasta que la tal comisión de la verdad llegue a sus conclusiones que ya todos conocemos de antemano. El mismo pragmatismo llama a que les demos la impunidad relativa que quieren, pero no para que laven sus fortunas y sigan en lo mismo.
Esto de la comisión de la verdad es un chorro de babas. Una verdad que tiene como propósito echarle la culpa al otro, lo cual de plano desdibuja el propósito fundamental de la búsqueda de la verdad, que no es otro que lograr que cada actor reconozca sin excusas sus responsabilidades, pida el perdón necesario para la reconciliación, y entienda que esta barbarie no puede volver a repetirse.
La tal comisión de la verdad puede ser el beso de la muerte que le hace falta a estas negociaciones porque si este show se prolonga y no se concluyen prontamente, la opinión pública va a exigir que el gobierno se levante de la mesa. De hecho comienza a parecer sospechoso tantas dilaciones, y esto pareciera darle razón a aquellos que siempre han creído que las Farc han utilizado la exposición mediática para cumplir sus mezquinos objetivos. Es que esta es la historia que conocemos los colombianos.
Ambas partes deben hacer gala de pragmatismo en estos momentos claves, especialmente las Farc, si es verdad que quieren la paz. En cuanto al gobierno, es poco prudente andar hablando y preparándose para el postconflicto, y casi dándolo por hecho. El postconflicto es un anhelo, pero Presidente, hoy tenemos que lidiar con la aterradora realidad de la guerra.

Publicidad