Cuando el río suena…

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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Con el propósito de informar sobre los avances del estado de la contratación, en sus aspectos administrativos y técnicos, la semana pasada se realizó en Barranquilla el foro Magdalena navegable: El renacer de un río, bajo la dirección organizativa de la revista Semana, como preámbulo del acto inaugural de las obras el próximo 11 de junio. En el evento, estuvieron los representantes de los principales actores de los trabajos: Ministerio de Transporte, Cormagdalena, Navelena (contratista) y la Interventoría del proyecto; además de otros invitados relacionados con la movilización de cargas.
La lista de estudios sobre el tema es larga. No obstante, para adelantar las obras de la recuperación de la navegabilidad del Magdalena, hubo que esperar casi veinticinco años para que se diera cumplimiento un mandato constitucional -artículo 331 de la Carta Política- desarrollado posteriormente con la ley 161 de 1994. Desde entonces, los distintos gobiernos le habían dado la espalda a la norma y por consiguiente al río. Quizás lo que más ejerció presión ante el Estado fueron las inclementes inundaciones que sufrió medio país en el año 2010, pues cuando precisamente se estaba con el agua al cuello en el mes de octubre, el gobierno informa en La Dorada sobre su interés en rescatar al río. Si hubo quejas a tutiplén por todos los múltiples inconvenientes que sufrieron los habitantes ribereños por cuenta de la anegación, hoy dan gracias porque solo por eso se hizo eco a sus padecimientos.
Aunque se percibe como objetivo principal de las obras la pretensión de recuperar o mejorar la navegabilidad de 900 kilómetros, para el transporte de carga, se prevé que habrá otros propósitos: controlar inundaciones, proteger el medio ambiente, mejorar el uso de las tierras y generar energía hidroeléctrica. En el desarrollo del evento, no vi conexidad con las soluciones que apunten a la reparación de los humedales que se derivan del afluente principal y que es un malestar notorio por los pobladores de la cuenca, así se diga que es tarea de otros organismos.
En cuanto a la socialización anticipada del proyecto con las comunidades, las quejas no se han hecho esperar, porque la información recibida es muy poca y se limita a la encontrada en los medios de comunicación. Si bien cierto que se tiene previsto hacerla sobre la marcha, hubiera sido importante despejarle interrogantes, sobre todos los beneficios, a quienes de una u otra forma van a ser afectados.
He oído pronunciamientos que señalan como único favor la distracción que da ver el paso de las embarcaciones.
No puedo hacer reparos de fondo por los intrincados aspectos técnicos que envuelve la megaobra, sin embargo, es bueno que se sepa que hay críticas que indican que hasta la viabilidad del proyecto está en entredicho.
Un duro cuestionamiento, entre otros, es el que hace el presidente de la Comisión Ingeniería de Recursos Hídricos, de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, Jaime Ordoñez Ordoñez, sobre el tipo de carga a transportar, que en un 85% está constituida, en la actualidad, por materiales peligrosos para el ambiente o para la salud humana como el petróleo, carbón, o similares; u otros como abonos químicos y pesticidas que son productos organoclorados e hidrofosforados que son altamente venenosos.
Confiemos, pues, en que no hay improvisación y que lo que Cormagdalena pregona sobre las bajas probabilidades de riesgos, esté ajustado a patrones modelados en la realidad.

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