No es solo Policía

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Son alarmantes las cifras sobre el grado al cual ha llegado la inseguridad en Barranquilla. No se trata de zonas marginadas sino de sitios frecuentados, de manera desprevenida, por sus habitantes quienes se ven sorprendidos por atracos a plena luz del día, delante de todo el mundo.

Espeluznantes las declaraciones de la Policía que le achacan con razón, seguramente, a la Justicia la situación actual. Capturas que terminan en nada, falta de denuncias de la ciudadanía que sufre estas situaciones y, en general, una absoluta descoordinación de las autoridades que termina en la total impunidad.

Pero definitivamente hay más razones de fondo que ameritan una seria investigación y que, definitivamente, no pueden subestimarse. Barranquilla es una de las ciudades con menor desempleo abierto del país y, según afirman sus autoridades, vive una bonanza.

Será la gran beneficiaria de los Tratados de Libre Comercio, repiten permanentemente sus líderes. No debería haber entonces un recrudecimiento de las cifras de robos, atracos, y asaltos a apartamentos.

Además, al menos en los medios se ha venido hablando del apoyo que la Policía local ha recibido de la dirección nacional. ¿Qué puede estar sucediendo?

En primer lugar, es necesario esclarecer cuál es el tipo de empleo que se está generando en la ciudad y definir la expansión y dinámica de la informalidad que sigue siendo una característica del mercado laboral colombiano.

Si sigue primando la informalidad que, en general, no está acompañada de estabilidad laboral ni de ingresos altos ni permanentes, no pueden asociarse las cifras de desempleo abierto con una situación de bonanza de la fuerza de trabajo.

¿Es este tipo de trabajo una alternativa real para una juventud que está en proceso de construir su proyecto de vida?

Pero además, otro tema ignorado es la profunda distancia que existe entre Barranquilla y los municipios del departamento.

Que Soledad siga siendo un núcleo de corrupción política y que la distancia en indicadores sociales entre la capital de este departamento y sus municipios más cercanos sea también un foco de inestabilidad social para su capital, es un tema que poco se reconoce en los círculos de poder de Barranquilla.

Aun suponiendo que la situación económica y social de la capital del departamento sea tan gloriosa para todos sus habitantes, lo que sigue sucediendo en sus municipios dormitorio y en el resto de ellos, es tan dramático, tan alejado de la realidad de la capital, que allí se generan serios factores que contribuyen a problemas de inseguridad en la capital.

Una juventud que no permanece en la escuela, que no reconoce el beneficio de asistir permanentemente al sistema educativo, y que, a edades muy tempranas, opta por actividades que generan dinero -muchas de ellas ilegales-, es una realidad que no se ha abordado con la seriedad debida en el país, y no solo en la Región Caribe.

Por lo anterior, y probablemente por otras razones no analizadas, el problema de la inseguridad en Barranquilla -como en otras capitales del país-, no se resuelve solo con más Policía.

Es una mezcla de policía y justicia coordinadas; de oportunidades económicas para sectores marginados; de un sistema educativo que retenga a los adolescentes y que les abra un mundo distinto al del microtráfico, delincuencia, mototaxismo, etc.

La desigualdad, la brecha rural- urbana, el rezago de pequeños municipios probablemente están empezando a pasar una cuenta de cobro a esta población urbana, tan alejada de las carencias sociales de sus pares más rurales.

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