Sicarios al volante

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

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Consternado quedó el pueblo samario después de conocer la noticia de la muerte del señor Julio Pinedo Mozo, el pasado jueves.

La víctima -un respetado ciudadano y padre ejemplar- fue arrollada por un vehículo de transporte público que se movilizaba a gran velocidad por las calles de la ciudad. Y como generalmente ocurre, las autoridades guardaron silencio.

Mientras los sinvergüenzas se apropian indebidamente de los recursos del municipio y los delincuentes se entreveran en la denominada guerra del centavo, la gente humilde de ciudad caótica debe conformarse con las migajas que la justicia corrupta de este país ofrece.

No es justo que este tipo de sinvergüenzas continúe maltratando a un pueblo reposado que no advierte la magnitud de su propia desgracia. Mucho menos que la autoridad no asuma el liderazgo que se necesita para convertir a Santa Marta en una ciudad prospera y tranquila.

Los delincuentes deambulan por las calles libres de cualquier corrección, porque se sienten confiados de que nada podrá interrumpir el avance de sus fechorías.

Y aunque muchos pondrán el grito en el cielo y se retorcerán por lo que escribo, debo ser honesto con lo que percibo del entorno. La realidad es que vivimos en una sociedad devastada por la anarquía, la injusticia, la intolerancia y el desprecio total por la vida de los semejantes.

Así como actúan los sicarios que se movilizan en motocicletas, también lo hacen algunas personas que conducen por las vías de la ciudad ultrajando a los peatones y a los colegas que intentan hacer las cosas un poco mejor. Para nadie es desconocido que gran parte de los conductores de vehículos de transporte de pasajeros en Santa Marta -especialmente los que pertenecen a las nuevas generaciones- salen diariamente a ver a quien se llevan por delante.

Lo digo con seguridad porque en más de una ocasión he sido testigo de la actitud desafiante y hostil de personajes de esta calaña. Con navaja, cuchillo, machete, garrote, láminas de hierro y todo tipo de armas en mano amenazan a quien se atreva a exigirles prudencia en la forma de conducir.

¿Qué sucede con esta sociedad apática que no reacciona ante la barbarie y la negligencia de las autoridades? ¿Será que no existe un valiente que se enfrente a los sinvergüenzas que maltratan al pueblo?

Dios quiera que en el próximo periodo lleguen a los cargos públicos personas que realmente se preocupen por la gente. Y no el montón de payasos que acostumbran a elegirse mediante la compra de votos y el establecimiento de acuerdos deshonestos.
Me pregunto, ¿Cuántas personas más tienen que morir en las calles para que las autoridades tomen cartas en el asunto? Confío que ni una más.

No obstante, la duda se apodera del pensamiento y me indica que las cosas no van a cambiar mientras el pueblo continúe nadando en la ignorancia, y moviéndose bajo el influjo de una clase dirigente deshonesta que juega con el dolor de la gente.

Como vamos, vamos mal. Por eso creo que es el momento justo para levantar la voz y exigir "respeto por la vida". Para terminar, mis condolencias a los hijos de Julio Pinedo; qué Dios los reconforte en este momento difícil.

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