Glifosato versus salud

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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

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Por las aspersiones aéreas de glifosato para destruir cultivos narcóticos, a Colombia le tocó pagar hace dos años una indemnización de 15 millones de dólares a Ecuador, en virtud de un acuerdo conciliatorio, por la demanda que éste instauró en el año 2008 ante la Corte Penal Internacional.

Se hizo el arreglo por los daños ocasionados en la salud de sus comunidades fronterizas y en el medio ambiente. Pero, además del resarcimiento económico, se aceptó suspender las fumigaciones en áreas próximas a la frontera, en una distancia no menor a los diez kilómetros.

Nuestro país habiendo olido el tocino de una compensación de mayores derivaciones por la posible pérdida del pleito, se dio el lapo anticipado al reconocer como válidas las razones expuestas por Ecuador.

Al aceptar esas culpas, nadie comprendió por qué aquí se siguió con las operaciones usando el cuestionado producto, con las mismas condiciones circunstanciales que dieron lugar a la reclamación ecuatoriana.

No se miró con el mismo lente el lado colombiano por los posibles problemas de salud de nuestros conciudadanos y los efectos nocivos a los recursos ambientales. Hace algún tiempo me hice este interrogante: ¿será que el glifosato tiene especiales características que le permite afectar negativamente a unos y a otros no, según el territorio donde habiten?

Bien es sabido que el glifosato es un herbicida de amplio espectro que ataca los tejidos, penetrando hasta el sistema vascular de las plantas.

De esta manera, ocasiona menoscabos en partes distantes a las tocadas al momento del contacto, sin respetar condición alguna sobre las características de los vegetales: arrasa lo que encuentre a su paso. Y por su volatilidad, con ayuda de los vientos, llega con facilidad a predios aledaños distantes a los del objetivo primario.

Hoy, con una propuesta del Ministerio de Salud para suspender las actividades con el glifosato, que parece acordada desde la Presidencia, se ha abierto un debate más político que técnico.

Todo porque desde La Habana las Farc han cuestionado, desde hace tiempo, el uso de aeronaves para la erradicación de los cultivos ilícitos. Los uribistas, aupados por el Procurador general, se han opuesto a la idea por considerar que es una nueva concesión del gobierno a la guerrilla.

Por su parte, algunos dirigentes gremiales se oponen porque ven en el producto un aliado para desarrollar sus actividades agropecuarias, sin reflexionar que para su caso el uso normalmente no se hace desde el aire, son áreas más pequeñas y no comprometen zonas de alto valor ecológico. No obstante, aun obrando con altas precauciones, no son ajenos a la contaminación de suelos y aguas.

La ONU y la Organización Mundial de la Salud, han terciado en el asunto manifestándose a favor de la cesación del uso del glifosato, al clasificarlo como probablemente cancerígeno.

El gobierno, por su parte, se atiene a la recomendación de la Corte Constitucional que aconseja poner en práctica el principio de precaución, habida cuenta de las fundadas consideraciones de autorizados organismos internacionales.

"Ante la duda abstente" dice el aforismo popular que debe aplicar el gobierno para tener presente las razones de peso que han entrado en la escena, para dar prioridad a la salud y a unas mejores condiciones ecológicas. Distintas ciencias, han clasificado como la necesidad primaria más importante del hombre aquella que busca satisfacer para poder mantenerse vivo. ¡Primero la salud!

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