¿A quién le importa la educación en Colombia?

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

No sé si al momento de salir esta columna, ya se haya levantado el paro de profesores convocado por Fecode. Lamentablemente, la discusión se ha centrado en si gana Fecode o gana la ministra de Educación.

Digo lamentable porque realmente esta discusión es equivocada, y en términos estructurales casi que irrelevante. Los problemas estructurales de la educación no pueden ni deben ser resueltos en momentos de crisis, máxime cuando la discusión se centra en las condiciones salariales y de trabajo de un gremio.

La solución que resulte, o haya resultado, de esta crisis, en nada va a contribuir a que los colombianos tengamos una educación relevante para el mundo actual. El conflicto actual es como mantener el statu quo de la irrelevancia de nuestra educación, al menor o mayor costo posible.

El afán del gobierno es resolver la crisis de quién cuida a los jóvenes mientras los padres trabajan porque como están las cosas, da prácticamente lo mismo si los jóvenes y niños van o no al colegio. Lo que aprenden es obsoleto. Poco le sirve a los jóvenes y al país.

Gran parte del problema es causado por la valoración social que se tiene de la educación. Mientras muchos consideren que es más apetecible volverse rico o escalar rápida e ilegalmente, la educación no va a ser valorada ni tampoco quienes la imparten.

Mientras se valore más el atajo que el esfuerzo, estamos peleando una guerra perdida. Es esencial trabajar en este frente, que además es transversal a todas las áreas de la convivencia social.

En cuanto a la parte mecánica, las preguntas de fondo que hay que resolver, y tal vez en un esquema de colaboración permanente entre todos los educadores y el gobierno, son: qué educación necesita Colombia, quién y dónde y cómo la vamos a impartir.

El qué, hace referencia a que tipo de competencias necesitan los colombianos para lograr ser competitivos globalmente y construir una sociedad donde las brechas sociales sean mínimas.

Quién, realmente se refiere al tipo de educador que se requiere, y como vamos a formarlos; es decir, competencias de los educadores.

Esto incluye la responsabilidad personal de cada educador por los resultados. La compensación salarial debe tener un componente de éxito, y hay que medir los resultados permanentemente.

Cómo y dónde se puede impartir la educación. La respuesta depende de los contextos, pero es claro que las tecnologías de la información y acuerdos con instituciones de alta excelencia académica a nivel mundial, abren ventanas de oportunidad inmensas, y que realmente pueden ayudar a transformar el capital humano en Colombia.

El mejor aliado del Ministerio de Educación para los temas de fondo es el MinTIC. Los recursos financieros hacen falta, pero el reto de la educación relevante pasa por las nuevas tecnologías.

Las nuevas tecnologías hacen posible llevar educación de calidad a sitios impensados, como en su momento radio Sutatenza derrotó nuestra complejidad geográfica y ayudó en la alfabetización del campo.

Esto haría posible el acceso de todos los colombianos a educación de calidad, con más o menos los mismos estándares. Con las aulas virtuales, ningún colombiano tendría excusa para no adquirir una educación de calidad.

La tecnología no reemplaza el educador sino que le da herramientas de apoyo tanto en su proceso de formación personal como en compartir el conocimiento.
El proceso de aprendizaje no se limita ni se agota en un salón de clases.

En la educación moderna el proceso de aprendizaje es guiado y además colaborativo entre todas las partes participantes.

Por más que brille y se luzca la ministra de Educación en lo personal, su paso por el Ministerio, al igual que el de su antecesora, ha sido inocuo.

El panorama de la educación en Colombia sigue siendo muy oscuro y poco alentador, y desde la arena de las políticas públicas, más allá de los globos y las buenas intenciones, no ha pasado nada, y ya han pasado seis años.

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