Y si se suspenden los diálogos en La Habana... la vida ha de continuar

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

e-mail: jmartinnoriega@hotmail.com

"Estar preparados para la guerra es uno de los medios más eficaces para conservar la paz". (George Washington)

No acababa el gobierno de celebrar con fanfarria y retumbaban en el horizonte los vítores y serpentinas veintejulieras porque ya el proceso de paz estaba de un cacho y todos los representantes diplomáticos acantonados en Cuba le habían dado su bendición y el Presidente colombiano manifestó a los medios de comunicación que el presidente Obama lo había llamado para consultarle si estaba de acuerdo en que se excluyera a la Isla como patrocinador del terrorismo y a partir de allí los colombianos nos tragamos ese reforzado cuento de que la pacificación del país está a dos cuadras de distancia, aunque el Presidente manifiesta que "nada está acordado hasta que todo esté acordado" y allí explotó todo.

El aleve ataque de que fueron objeto los soldados al ser emboscados y ultimados a mansalva en un paraje conocido como Buenos Aires, en el Cauca, en un momento en que el cielo bramaba de la oscuridad y la noche centellaba por las lluvias y las tormentas eléctricas relampagueaban incesantes y ello motivó a los hombres del Ejército a acampar en una instalación y bajaran la guardia, creyendo en el cacareado cese al fuego unilateral decretado por la insurgencia, esa misma que incumple todo cuanto promete y que aun hoy encuentra a timoratos y badulaques que siguen creyendo en sus palabras mientras apuñalan a todo un pueblo que, -no es que crea en ellos-, sino que está cansado de tanta barbarie y cree que ellos dejarán la estupidez de su accionar y por fin entiendan que llegó la hora de deponer las armas y rendirse al Estado, siempre dentro de los parámetros políticos y jurídicos contemplados por la legislación nacional e internacional y purgar sus almas de tantos desafueros vergonzosos a los que han sometido a una nación que ha preferido vivir arrodillada ante ellos.

Es que no se entiende cómo mientras los soldados dormían plenos de confianza en el cese al fuego unilateral decretado por la guerrilla, de manera repentina y sorpresiva empezó a lloverles del cielo plomo, de tal manera que a los militares le fue imposible reaccionar y repeler el artero ataque y todos se preguntan si la orden vino desde La Habana, en donde debían conocer el accionar o si es que en las montañas de Colombia muchos de sus frentes actúan como ruedas sueltas y hacen lo que les viene en gana, sin desconocer que algunos de ellos, narcotraficantes apertrechados en el camuflado, van a dejar un negocio tan lucrativo que ha sido el soporte de sus falsos ideales políticos revolucionarios con los cuales quieren subvertir el orden institucional, lo que no pasa de ser pura carreta.

Por más que se trate de entender qué buscaban los guerrilleros con este estúpido accionar, no es descifrable saber qué pretenden, aunque todos vislumbramos e intuimos que toda su génesis es que buscan no ser bombardeados, presionar un cese al fuego bilateral y reiterar lo que han dicho hasta la saciedad, que ninguno de ellos pasará un día en la cárcel y es aquí en donde quiero detenerme por cuanto todos sabemos que, aunque se hable de justicia transicional y algunos estén de acuerdo con ellos en cero cárcel, no podemos desconocer los Tratados suscritos por Colombia y los Tribunales internacionales no pasarán de agache y habrán de entrar a juzgar a tantos genocidas y responsables de crímenes de lesa humanidad, muy a pesar de esa posición badulaque y timorata del Presidente que viene pregonando como loro viejo que a él lo eligieron para conseguir la paz, lo cual no es cierto, en razón a que lo eligieron para gobernar y él no puede limitarse a un valor que como la paz es muy importante, pero no por ello ha de entregar el país a unos desalmados y perversos que quieren cualquier cosa, menos la paz y así lo han demostrado a través de más de cincuenta años, así que Colombia espera que el primer mandatario se ponga serio y tome decisiones, en el entendido de que si se suspende el proceso y los diálogos, la vida habrá de continuar y será imperativo seguirlos combatiendo hasta reducirlos y obligarlos a negociar, pero bajo otras características y con plazos definidos.

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