La parábola del chuzo

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El restaurante tenía buena comida y bastantes clientes pero no daba el salto al siguiente nivel, y parecía estancado. A pesar de las aparentes buenas ventas, el sitio apenas sobrevivía. Tratando de entender qué pasaba, ya que los temas de emprendimiento son una de mis grandes pasiones, le pregunté al dueño que qué era lo que vendía, y me contestó que comida.

Le pregunté si quería pasar al siguiente nivel, y me contestó que sí. Lo primero, le dije, debe dejar de lado la idea de que vende comida para abrazar la idea de que vende una experiencia. Comida es un commodity, mientras que la experiencia es un producto diferenciado. El primero es fácilmente reemplazable, el segundo no, y además genera lealtad. El primero tiene bajos márgenes de utilidad, el segundo altos.

¿Qué hay que hacer? Me preguntó. Hay que rehacer todo el concepto. Hay que rediseñar el local para que la operación sea mucho más eficiente. Mejor manejo del flujo de clientes y rotación de mesas, mejor utilización de cada metro cuadrado, rediseño de la barra de alimentos, adquisición de equipos industriales, reconfiguración de la cocina, mayor bodegaje para poder comprar en grandes cantidades y obtener mejores precios, rediseñar el menú con opciones con más valor agregado, mejor decoración y creación de una marca.

Me dijo que eso sonaba a una inversión grande, y le respondí que sí, y que además le tocaría cerrar el local por dos meses mientras se hacía todo el acondicionamiento locativo. Sin siquiera considerar las distintas posibilidades de financiación, me dijo que mejor se quedaba como estaba.

Llevemos este escenario a un nivel macro, ahora tratando de explicar por qué la economía colombiana aunque siempre ha crecido, nunca crece lo suficiente, o por encima del seis por ciento. Y esto lleva a que el desempleo difícilmente baje más allá de los dos dígitos. En nuestra economía sucede lo mismo que al dueño del restaurante que nunca va a dejar de tener un chuzo.

Los sectores productivos, acostumbrados al paternalismo estatal, se resisten a hacer las inversiones y los sacrificios financieros necesarios para mejorar sustancialmente la cantidad y la calidad de sus productos.Que el gobierno invierta en actualizar la infraestructura del país, no es suficiente. Los empresarios también tienen que invertir en actualizar y modernizar sus empresas para hacerlas globalmente competitivas.

No podemos seguir jugando el juego de la manipulación de la tasa cambiaria para darle competitividad coyuntural a nuestra canasta exportadora. Máxime cuando nuestros competidores están jugando el mismo juego.

Esto se conoce como la falacia de la composición de Keynes, que es explicada más o menos así: si en un teatro, una persona se levanta mientras los otros están sentados, ve bien, pero si el resto se levanta, entonces la ventaja se pierde. La transformación productiva demanda cambios estructurales profundos y mucha inversión tanto a nivel macro como micro.

En el caso de los empresarios, se desperdició el momento cuando el dólar estaba barato para haber hecho las inversiones de capital, y como no se hizo, seguimos siendo una economía que no es estructuralmente competitiva, y que crece mediocremente.

Hay mejores momentos que otros para endeudarse, pero todavía las tasas de interés están históricamente bajas, aunque el dólar esté caro, y los empresarios deberían invertir ahora. Flaco favor se les hace a nuestros empresarios, al tirarles cada vez que están en problema el salvavidas de la manipulación cambiaria.

Desafortunadamente, nuestros empresarios, a su manera, también viven del rebusque. Quieren ganársela toda sin invertir nada, y que papá gobierno les solucione los problemas. Ni que decir que el problema empresarial no es solo de falta de capital y financiación; el problema fundamental es la enorme crisis de liderazgo y gerencia de alto turmequé.

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