Talleres literarios y Clemencia Tariffa

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

No hay duda sobre la importancia que tienen los talleres literarios.

En ellos los amantes de las letras se atreven a trabajar en la actividad que los apasiona y encuentran el comentario preciso, para no llamarlo crítica, por parte de sus compañeros de labor.

Sin embargo, en una ocasión escuché comentarios acerbos en contra de los mencionados talleres. Decía el expositor que "para hacer literatura no se necesitaban herramientas". Sin duda los confundía con talleres de carpintería o de otros oficios.

Hoy recuerdo las reuniones que hace muchos años hacíamos en el desaparecido Taller literario José Martí.

En ese espacio cultural escuchábamos lo que cada uno de sus miembros escribía; y procedíamos a expresar nuestras propias opiniones, siempre con el ánimo de mejorar las producciones que su respectivo autor leía con entusiasmo.

En esa época una revista del propio grupo publicaba parte de lo que se pulía en el Taller José Martí. Era una manera de incentivarnos nosotros mismos, sin mayores pretensiones.

Entre los integrantes del taller estaba Clemencia Tariffa, nacida en el departamento del Cesar. Cuando presentó ante sus compañeros de taller literario un par de sus poemas, dejó perplejos a quienes, sin presentirlo, fuimos sus primeros lectores y críticos.

Era, más que un diamante en bruto, un filón de creatividad inagotable; una artista innata en cuya mente las imágenes pugnaban por emerger. Leyendo la producción literaria de Clemencia Tariffa es imposible olvidar un texto de Gustavo Adolfo Bécquer, figura destacada del romanticismo español, conocido sobre todo por sus célebres 'Rimas'.

Dice Bécquer: "Por los tenebrosos rincones de mi cerebro duermen los extravagantes hijos de mi fantasía esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poder presentarse decentes en la escena del mundo".

Clemencia extraía de su ser retazos de sufrimiento para dosificarlos en pequeños poemas magistrales. Cuando Clemencia Tariffa descubrió la obra magnífica de García Lorca comprendió que la poesía era el ámbito donde ella explayaría su extraordinario acervo poético.

El ritmo y no la rima del poeta de Granada era lo que ella buscaba para expresar en jirones siquiera parte de su angustia existencial. Pero la vida de la poeta marchó a la par del ritmo de su poesía. Los estragos de su incurable epilepsia, unidos a la inanición cotidiana, hicieron su labor malsana en el organismo de Clemencia y poco a poco su deterioro se tornó irreversible.

La poeta María Mercedes Carranza emitió el siguiente concepto al leer sus poemas: "Toda su obra denuncia a una mujer y a un temperamento que nació para crear y no para destruir, para defender la vida antes que la muerte; a una poeta que delira por lo que vale la pena delirar, por el afán de frenesí, por el ansia de asombro, por la necesidad de revelarse tal como es, sin renuncias ni fingimientos".

Son obras de Clemencia Tariffa 'Los ojos de la noche' (1987) y 'Cuartel' (2006). El poema 'Senos' es una muestra del carácter "perturbador y recóndito" que recorre los versos de esta poeta. Su verdadero ser auténtico quedó plasmado en su poema 'Misiva'.

Volviendo a los talleres literarios, pienso que cada colegio en la ciudad debería tener grupos con la misma finalidad. Antes los llamábamos centros literarios, grupo de estudio o les asignábamos nombres parecidos. Y lo más importante: se extendían a las ciencias, las artes; es decir, a la cultura en todas sus manifestaciones.

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