Protestas y marchas sociales

Editorial
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En el siglo pasado se percibió la fuerza de los marchantes y la lucha insurgente, con motivo de la revolución bolchevique cuando Lenin encabezó las protestas las cuales dieron origen a la caída del Zarismo; se produjo un Régimen de transición presidido por Kerensky, Lenin lo absorbió y también lo derrocó, de esa manera se apoderó del Estado.

Son enseñanzas y hechos históricos que nos hacen ver que desde tiempos inmemoriales el Partido Comunista conoce, aplica y logra con las protestas no solo desestabilizar sino tomarse las riendas de los gobiernos; para tal fin han venido mejorando sus estrategias y consecuentemente no hay en el mundo en esa materia otro partido que maneje las masas en forma más efectiva con miras a perturbar el orden público y obtener sus objetivos políticos.

No hay que olvidar que el comunismo es internacional y actúa maquiavélicamente; esto es que el fin justifica los medios. Barguin activista y jefe comunista ruso pregonaba que ‘la revolución significa guerra, e incluye la destrucción de hombres y cosas’. A su turno Lenin decía que ‘estamos para canalizar el odio y el deseo legítimo de venganza de los oprimidos contra los opresores; la libertad de expresión es la de prohibirla’.

El centro del crimen y el terrorismo internacional están en territorio venezolano. Nos afecta directamente por la vecindad, más repercute en Colombia por el hecho de que somos el primer productor de cocaína del mundo y esta droga es el combustible de todas las guerras. Allí en Venezuela se refugian las Farc, el Eln, los etarras españoles, los hezbolags árabes, los cubanos expertos en inteligencia y los rusos especializados en insurrección; en España los soviéticos le han echado leña al fuego separatista.

En julio de 2019 el Foro de Sao Paulo reunido en Caracas que representa el renacimiento del comunismo aunado con los carteles de la droga en el mundo estableció la clara hoja de ruta de desestabilizar la región suramericana; es decir una conspiración particularmente en 3 países. Ellos son Ecuador, Chile y Colombia. Diosdado Cabello ha expresado ‘que los vientos huracanados de las masas van a sentirse en esos pueblos’. Esos son hechos reales, intenciones evidentes y públicas, que están tratando de materializar; así de paso se distrae la atención sobre la narco dictadura de Maduro. La finalidad indudable es el cambio de los gobiernos y no lo han ocultado los instigadores de estas revueltas.

En Ecuador, la motivación fue el alza de la gasolina para cumplirle al Fondo Monetario Internacional. En Chile, el aumento de la tarifa del metro y en Colombia falsas argumentaciones e hipótesis relacionadas con medidas de pensiones y salario mínimo que el gobierno ni siquiera había planteado.

En Ecuador, Lenin Moreno, echó para atrás su decisión de reajuste de combustible; el Presidente Piñera en Chile ha cedido a todo, hasta la convocatoria a una Asamblea para cambiar la Constitución, no obstante los disturbios continúan e insisten en su salida. Estas rebeliones no son un fenómeno casual y espontaneo sino un proceso planificado y ejecutado; siempre hay líderes detrás de ellos. Se llama ahora según el politólogo e investigador chileno Alexis López, ‘la Revolución Molecular Disipada’. Es un modelo comunista de destrucción, por ello no son marchas pacíficas; de ahí los ataques sistemáticos al transporte masivo de Transmilenio en Bogotá y el Metro en Santiago. Igualmente todos los actos vandálicos y violentos contra el comercio y contra la fuerza pública. Es el gobierno de la calle; una nueva forma de sublevación producto de varios años de estudio y reflexión de Cuba, Rusia y Venezuela. Se trata de un proceso revolucionario.

Se deben agruparn todos los demócratas para contrarrestarlo. Ojalá Chile salga de cuidados intensivos, su democracia está en peligro; en Colombia hay que rodear al Presidente Duque y apoyar a las fuerzas institucionales que son las que defienden el Estado de derecho, la Constitución, la vida, la honra y los bienes públicos y privados.

Estas protestas han causado en Colombia pérdidas por $2 billones de pesos; solamente en el sector comercio $150.000 millones diarios. El PIB en el último trimestre fue superior al 3% sui generis en la región y en el mundo; ahora se ralentizará.

Hoy las redes sociales tienen un gran poder; confunden, tergiversan y falsean. Unas minorías en la calle no pueden imponer sus pretensiones, eso es antidemocrático. Nuestro régimen es democráticamente elegido y en consecuencia no puede someterse a unos grupos pequeños organizados de 400.000 personas que no reemplazan a los que no marcharon; no representan a la sociedad colombiana; los promotores Petro y ‘Timochenko’ son terroristas de profesión cuya mente y manos las han dedicado a actos criminales porque los derechos de los marchantes no pueden ir contra los derechos de los demás.

Es la hora de que los colombianos se unan integralmente; los ciudadanos de bien, que afortunadamente son mayoría, con el propósito de salvar a Colombia de esta amenaza al sistema democrático, deben unirse y hacer su trabajo de apoyo al presidente Duque que viene trabajando y haciéndolo bien.

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