Deben hacer cambios graduales

Editorial
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La economía chilena crecerá en 2019 entre dos y tres décimas menos que el 2,6 % estimado debido a la inactividad que está provocando la crisis social, porcentaje que podría disminuir aún más si no se halla a tiempo una solución política a las demandas ciudadanas que han provocado este estallido.

La ciudadanía pide que se hagan profundas reformas al modelo neoliberal chileno, exitoso en cifras macroeconómicas pero despegado de la población, que cobra sueldos muy bajos, recibe pensiones aun inferiores y no puede ahorrar por las deudas que genera a lo largo de su vida para costear la educación y la salud.

La solución a la crisis es política y dependerá del calado de las reformas que el Gobierno este dispuesto a emprender para satisfacer esas demandas, algo que tendrá que hacer de tal forma que no ponga en riesgo la confianza país para que este siga siendo atractivo a los ojos de los inversionistas y de la iniciativa privada.

El crecimiento del año se va a ver afectado. El consenso del mercado habla de que habrá de 2 a 3 décimas menos de crecimiento. El mercado no es capaz de prever escenarios futuros, pero la caída del crecimiento podría ser mayor si la situación se agudiza y no se le da una salida política. Este fenómeno social está teniendo unas pérdidas productivas enormes que hacen que la economía se mueva poco y aseguró que ya va a tener un impacto en el Producto Interior Bruto.

Los complejos eventos que han ocurrido en el país durante los últimos días tendrán efectos en la evolución de la economía y en el corto plazo, la actividad se verá afectada por la paralización parcial del país y el daño a la infraestructura. Hacia el mediano plazo será importante la magnitud y velocidad de la reconstrucción, el impacto sobre las expectativas y los efectos de las medidas anunciadas por el gobierno.

La economía chilena ya no crece a cotas cercanas al 6 %, como en 2010, pero se mantiene en torno al 2,7 % y 3 %; su deuda pública no alcanza al 26 % y su déficit fiscal es inferior al 2 %; la situación de reservas internacionales del BC es sólida y el país cuenta con ahorros soberanos en Estados Unidos gracias al precio del cobre.

Se trata de una economía sana desde el punto de vista macroeconómico pero cuyos guarismos, a la vista del presente estallido social, no llegan a la gente. El modelo no está distribuyendo bien, se requiere algo más a pesar que la pobreza se ha reducido fuertemente en Chile en los últimos años pero que existe una clase media que denuncia una alta concentración de la riqueza y reclama mayores y mejores expectativas de vida y más derechos sociales.

Las soluciones a esta situación pueden venir por dos vías: hacer un cambio radical del modelo económico o acometer reajustes en el modelo pero no cambiarlo, modificando áreas como el sistema de pensiones, la educación y la salud pública, entre otras.

El problema principal es político, no económico. Desde el punto de vista de los equilibrios macroeconómicos, el país los tiene; así al hacer una reforma tributaria con nuevos impuestos, a reformar la salud y la educación pública y a hacerlo de una manera gradual pero con una orientación gradual. Acometer estas reformas sitúa al país ante el reto de aumentar el gasto público sin dañar la confianza país y la inversión externa.

Si el sistema político no procesa bien la salida de la crisis, con negociación y con concesiones a los grupos sociales, hay un riesgo de que el país pierda su atractivo en términos de emprendimiento e iniciativa privada; sin embargo hay sectores chilenos que vislumbran diez años de vacas flacas para la economía chilena dada la situación que ha estallado y las medidas que hay que tomar para financiar reformas sociales que van a suponer montones de distorsiones en la economía.

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