Infausta noticia

Editorial
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Trágicamente ha desaparecido de la órbita terrenal un político peruano, líder carismático, caudillo de masas, de quilates intelectuales, de notable inteligencia y quizás uno de los mejores oradores de la política de ese país.
Se trata del expresidente Alan García, quien tuvo mucho que ver con Colombia, toda vez que tan pronto como lo vincularon a investigaciones por actos de corrupción derivados de su primera presidencia, requirió el asilo en nuestra embajada en Lima, el cual se le otorgó.

De esa manera siguió los pasos del dirigente y fundador del partido Apra, Víctor Haya de La Torre, personaje que estuvo asilado en nuestra representación diplomática en la capital peruana, durante la presidencia del General Manuel Odría. Al dejar García nuestro territorio dijo sin ambages de que “Colombia se caracterizaba por ser un país culto, acogedor y hospitalario, donde había pasado una de las mejores épocas de su vida”.

Una vez que prescribió su cuestión judicial viajó a París y luego vivió unos años en Madrid y desde allí retornó otra vez al Perú, con el ánimo de responder y afrontar su nuevo y último problema con la justicia peruana, relacionado con sobornos de la constructora brasilera Odebrecht.

Por circunstancias semejantes de favorecimiento económico con esa misma empresa han estado procesados y en la cárcel el expresidente Ollanta Humala cuya pena de prisión ya la cumplió y el expresidente Kuczynski a quien le acaban de sentenciar prisión preventiva de 3 años por el delito de lavado de activos. El expresidente Alejandro Toledo fugitivo en los Estados Unidos igualmente tiene cargos de apropiación indebida que conciernen con Odebrecht.

Alan García estuvo en la Presidencia en el período 1985-1990 como candidato del Apra. Tenía 35 años cuando asumió esa primera jefatura de Estado. Su segunda elección se produjo entre 2006 y el 2011. Ciertamente su primera Presidencia fue desastrosa, dado que era un joven socialista de extrema y populista irresponsable. Su mandato ocasionó un caos económico. La hiperinflación se tornó inmanejable; es decir, entregó a la nación peruana en total bancarrota. Obviamente su gobierno generó rechazo y descontento. Salió muy desprestigiado.

En materia política nadie se acaba, pues aquí tenemos el ejemplo de Alan García, quien pese a haber hecho un pésimo gobierno, el pueblo peruano lo volvió a elegir en 1985. En estos otros cinco años se mostró como un gobernante liberal y capitalista. Con una hoja de ruta totalmente contraria a su anterior presidencia. Consecuentemente sus logros fueron importantes en el ámbito de la economía, de la estabilidad política y del mejoramiento social.

Pero ese cambio de posición ideológica, de reconocer clara y públicamente sus errores políticos del pasado e irse hacia el centro, se lo cobró caro el comunismo internacional. Por esa causa ahora que le solicitó asilo a un gobierno de sesgo comunista como el uruguayo, para evitar la orden de detención y el carcelazo, le negaron esa posibilidad. García pensó que su petición al Uruguay iba a tener luz verde. En caso afirmativo jamás hubiese sido esposado y menos aún encarcelado, pero se olvidó que los comunistas no perdonan.

Su infancia se desarrolló en un medio humilde y pobre pero se sobrepuso a esas adversidades de la existencia con su afán de superación, su dedicación al estudio y su mente brillante, hasta abrirse campo y sobresalir en forma tal, que alcanzó la Primera Magistratura del Estado en dos ocasiones. Pero hubo un hecho que lo marcó e impactó para siempre. Su padre padeció una restricción de la libertad y él lo conoció a sus cinco años. Era un niño inquieto que captaba todo. Por ser así, vislumbró de cerca lo que significaba estar preso.

Por eso nunca se le pasó por su cabeza que pudiese llegar a una situación parecida a la de su progenitor. La decisión en su contra por parte de la Republica Uruguaya, lo hizo sentir acorralado y perdido, sobre todo a partir de conocer la orden de captura en cabeza suya. Frente a la realidad jurídica, no fue capaz de aceptarla. De ahí la determinación que tomó.

Sin duda en estos fallos judiciales lo que es digno de resaltar es la absoluta independencia del órgano jurisdiccional del Poder Público. No importó la calidad de expresidentes para juzgar y sancionar a quienes abusaron de su posición privilegiada. Si son o no culpables, eso lo dirá el tiempo, la historia y la justicia divina. El hecho cierto y evidente es que todos los sindicados tuvieron un incremento de sus bienes, es decir un enriquecimiento difícil de justificar. Ojalá estas condenas sirvan de paradigma para todos los gobernantes del mundo, puesto que la ética, los principios y los valores han pasado a segundo plano.

Sus últimas palabras quedaron plasmadas en la carta leída en sus exequias por su hija Luciana García. En ella nos hace ver su personalidad. He aquí alguno de sus párrafos: “He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos. Dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo y mi cadáver como una muestra de desprecio hacia mis adversarios, porque ya cumplí la misión que me impuse”.

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