Si el crepúsculo, del cielo se apropia,

el azul teñido de rojo desaparece,

deja a la noche que un hijo pariera,

y como nombre, nuevo día le pone.

Gotas de lluvia golpean mi ventana,

El 2018 comenzó como un año donde la industria de la moda presento varias premisas a objetivar. Una nueva sensación de optimismo e incertidumbre latente.

Anoche fue de esas noches grises, frías, de aquellas en las cuales me nacen letras obscuras, letras que no precisamente son buena compañía.

Llueve, el cielo llora,

quizá llora tu ausencia,

quizá sabe mi angustia,

quizá sepa de mi dolor.

Te miro dormida sobre tu almohada,
eres otra, sin tu mirada y sonrisa,
mas, al besar tu boca no estás vedada,
y el sueño te trae de lejos cual brisa.

Hoy, paseando,

con todos mis sentidos

he reparado

en la mujer perfecta,

de metro setenta y dos.

En silencio, soledad y tensa calma,

como en espera de la temida parca,

las horas inciertas que enlutan el alma,

presagian amargo abandono y tristeza.

En el horizonte oscuro de la noche,
donde se atreve el cielo besar al mar,
la luz tenue de la luna en derroche,
me produce infinitos deseos de amar. 

Te miro convertida en mar de amor,
tus olas salvajes me conducen a ti,
resaca infinita y besos allá en alcor,
anuncian que, de a poco, entro en ti. 

Marejada de besos y cadencia de olas,
barco a la deriva en tu mar profundo,
movimientos intensos al estar a solas,
cautivados aromas de tu ser que inundo. 

Te siento y me sientes en el mar bravío, espasmos y orgasmos de locura total, pasión y locura en tardes de extravío, entrega infinita de este amor sin final.