Anoche fue de esas noches grises, frías, de aquellas en las cuales me nacen letras obscuras, letras que no precisamente son buena compañía.

Llueve, el cielo llora,

quizá llora tu ausencia,

quizá sabe mi angustia,

quizá sepa de mi dolor.

Te miro dormida sobre tu almohada,
eres otra, sin tu mirada y sonrisa,
mas, al besar tu boca no estás vedada,
y el sueño te trae de lejos cual brisa.

Hoy, paseando,

con todos mis sentidos

he reparado

en la mujer perfecta,

de metro setenta y dos.

En silencio, soledad y tensa calma,

como en espera de la temida parca,

las horas inciertas que enlutan el alma,

presagian amargo abandono y tristeza.

En el horizonte oscuro de la noche,
donde se atreve el cielo besar al mar,
la luz tenue de la luna en derroche,
me produce infinitos deseos de amar. 

Te miro convertida en mar de amor,
tus olas salvajes me conducen a ti,
resaca infinita y besos allá en alcor,
anuncian que, de a poco, entro en ti. 

Marejada de besos y cadencia de olas,
barco a la deriva en tu mar profundo,
movimientos intensos al estar a solas,
cautivados aromas de tu ser que inundo. 

Te siento y me sientes en el mar bravío, espasmos y orgasmos de locura total, pasión y locura en tardes de extravío, entrega infinita de este amor sin final.

Amanece, muere la noche,
los primeros destellos de luz,
la agonía final de la oscuridad,
se avecina el fin de este sueño prohibido. 

Amanece, muere la noche,
inexorable el tiempo transcurre,
la oscuridad se rinde a la luz,
quiero seguir con este sueño prohibido. 

Amanece, muere la noche,
los misterios y embrujos se espantan,
mis ojos abiertos cegados por la luz,
y con ellos se va mi sueño prohibido. 
Amanece, muere la noche,
ha vuelto a vencer el día,
la triste realidad lo domina todo,
ya no está mi sueño prohibido. 

Amanece, muere la noche,
la sombra ha perdido su magia,
el día ha impuesto su carisma,
Volverá mi sueño prohibido?

Al mirarte cual espejo de hada,
deslumbrante brillo de estrella atónita, tus glaucos ojos iluminados, destellan luces de amor infinito. 

Cansados de mirar la aurora,
responden tus ojos dormidos,
sabios, nostálgicos y fecundos
las inquietantes preguntas del alba. 

Bellos ojos que mi ausencia miran,
dulces ojos que mi nombre evocan,
artísticas joyas en el paisaje hermoso,
pictóricos luceros cual fotografía. 

Me vuelvo a contemplar en ellos,
vuelvo a estar en ellos,
vuelvo a sentirte en ellos,
y vuelvo a quedarme en ellos!

AUTOR: RAMIRO YÉPEZ GONZÁLEZ

En cada sonrisa que da tu rostro,

veo germinar al sol en tus labios,

y con los ojos cerrados me postro

ante la beldad que te regaló Dios.



Te beso en la boca y brilla la lumbre,

me miras tan tierna como aquel ángel,

que a orillas del mar pronunció mi nombre, cuando acaricié si medida tu piel.



Las aves pescan y los peces huyen,

las olas se llevan los sueños vivos,

mas, tus ósculos sin medida fluyen

al sentir todos mis besos furtivos.



Aún sin frío te siento tiritar,

asida a mi pecho las olas quiebras,

quisquillosas aguas, que en cada tronar

de mil rayos, a tu placer vertebras.



La playa morena, tu piel abraza,

tu piel morena, mi piel acaricia,

mi caricia morena, tu ser traza,

tu trazo moreno, mi ser envicia.