¿Todo es culpa del FMI?

Kristalina Georgieva. Directora del FMI

Alianza El Informador - Semana
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El papel del Fondo Monetario como ‘policía’ económico del mundo lo tiene hoy en el ojo del huracán. Pero muchos acuden a él cuando no tienen salida para sus problemas financieros o de deuda. Corregir a tiempo es la salida.


En los últimos días hubo violentas protestas en Ecuador y marchas en Argentina contra el apretón fiscal que propone en todas las latitudes el Fondo Monetario Internacional (FMI). Ambos revivieron el debate sobre el controvertido papel que esta entidad ha jugado en América Latina y el mundo.

Los indígenas en Ecuador protestaron contra la eliminación del subsidio a los combustibles y desataron la furia contra la administración de Lenín Moreno. Exigían la ‘salida’ del organismo multilateral de ese país ante la medida sugerida y acogida por el Gobierno. Esta buscaba un ahorro de 1.400 millones de dólares, cuyo impacto equivalía a aumentar 123 por ciento el precio de los combustibles. El FMI planteó esa exigencia a cambio de un préstamo por 4.200 millones de dólares para tratar de estabilizar su economía, cuya abultada deuda por 37.000 millones de dólares tiene en aprietos al Gobierno de Moreno. La violenta reacción dejó siete personas muertas y más de 1.340 heridos en las dos semanas de marchas en contra. Al final, Moreno tuvo que echar para atrás el decreto exigido por el Fondo.

Igual ocurre en Argentina, donde el FMI aprobó el año pasado un crédito de 57.000 millones de dólares –el más grande en la historia de la entidad–, acompañado de recomendaciones para recortar el gasto y profundizar la austeridad. Esto ha terminado por agudizar la crisis del país austral y tiene al presidente Mauricio Macri a punto de perder su reelección y a Argentina con uno de los niveles de deuda externa más abrumadores: 283.567 millones de dólares a junio de este año.


LENÍN MORENO. Presidente de Ecuador

No es la primera vez que la receta del organismo multilateral genera problemas sociales. Su fórmula apunta a que, para recibir sus préstamos, los países adopten programas de ajuste estructural a fin de reducir fuertemente el gasto y el déficit fiscal, eliminar subsidios y devaluar la moneda. Sin embargo, esas exigencias han desatado críticas porque, además de que no rinden los frutos esperados, provocan alzamientos, protestas sociales e inestabilidad política.

El propio FMI ha reconocido que sus “políticas neoliberales” y de austeridad han fallado en algunos episodios, como el rescate financiero otorgado a Grecia en 2010 o incluso en el papel que jugó en la crisis del euro.

Esto sucede justo en el momento en que la organización celebra este fin de semana su reunión anual en Washington. Asisten líderes económicos, ministros de Hacienda y presidentes de bancos centrales de los 189 Estados miembros.

A pesar de las críticas, los países acuden al Fondo cuando están al borde del abismo y no tienen más opción o cuando la que tienen resulta más complicada. Y lo cierto es que el organismo al intervenir garantiza la financiación de la cuenta corriente y la liquidez que necesitan en esos momentos críticos, y permite adelantar programas de ajuste que de otro modo las naciones no realizarían. Brasil protagonizó uno de los casos exitosos en la región en 2002, cuando, en medio de la incertidumbre por la llegada al poder de Lula da Silva y el posible contagio de la crisis que vivía Argentina, evitó el default (impago) de la deuda y hubo un proceso de transición creíble.

El FMI ha sido un mecanismo de salvamento continuo para muchos países y juega un papel crucial en la estabilidad económica mundial, de manera que “el sistema no ha colapsado y, por tanto, se puede decir que ha tenido éxito. Por eso ha sobrevivido 75 años”, le dijo Pablo Martín-Aceña a BBC.

¿El malo del paseo?

El Fondo nació en julio de 1944 en la conferencia internacional de Bretton Woods, Estados Unidos, una reunión de los países aliados que buscaba restablecer el orden económico tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Allí crearon el Banco Mundial para financiar la reconstrucción a largo plazo de las naciones devastadas por la guerra, y el FMI para ofrecer ayuda financiera a los países con emergencias cambiarias o problemas de liquidez de corto plazo. Querían evitar que tuvieran que recurrir a medidas proteccionistas a fin de garantizar un sistema global basado en el libre comercio.


MAURICIO MACRI. Presidente de Argentina

Desde entonces, el organismo ha ampliado su misión al ayudar a países vulnerables con crisis de solvencia. De ese modo, desempeña un papel clave para solucionar las grandes crisis económicas, como la de la deuda de los países latinoamericanos en los años ochenta. De los 189 países miembros, 146 han acudido en algún momento a un programa de ayuda financiera de ese organismo. Hasta Estados Unidos lo ha hecho, y hay reincidentes habituales como México, Rusia, Argentina, Brasil, Indonesia y Tailandia.

En la actualidad, según el propio FMI, ofrece asistencia a más de 35 países con fondos cercanos a los 200.000 millones de dólares y tiene más de un billón disponible para prestar. De ahí la importancia de las deliberaciones de este fin de semana, que evaluarán cómo actuar ante una desaceleración global. El panorama no resulta alentador.

Hace unos días, la nueva directora del FMI, Kristalina Georgieva, dijo que, ante las crecientes barreras comerciales y las tensiones geopolíticas, la economía mundial –más del 90 por ciento de los países– se encontraba en una desaceleración sincronizada. Por eso volvió a recortar sus cifras de crecimiento global del 3,2 por ciento que tenía para este año al 3 por ciento. Para 2020, el FMI había pronosticado 3,5 por ciento y ahora lo plantea en 3,4 por ciento.

“Estimamos que las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China reducirán acumulativamente el nivel del PIB mundial en un 0,8 por ciento para 2020”, explicó. Ante esto, ha indicado que un deterioro mayor del previsto de la actividad puede hacer necesaria “una respuesta fiscal coordinada”, dijo la directora del FMI.

En el caso de Colombia, la entidad proyecta un crecimiento de 3,4 por ciento en 2019 y de 3,6 por ciento en 2020. Es decir, muy por encima de América Latina, que tendrá un nuevo recorte ante la desaceleración en Brasil y México, la profundización de la crisis en Argentina y el profundo colapso de Venezuela. El FMI proyecta un crecimiento de 0,2 por ciento en la región en 2019 y del 1,8 por ciento en 2020, una caída del 0,4 y 0,5 por ciento, respectivamente.

Que la economía colombiana crezca actualmente muy por encima de la región es una buena noticia. Sin embargo, la pregunta no es cómo está el país hoy, sino si está preparado para enfrentar una eventual recesión de la economía mundial.

Sin duda, los episodios de Ecuador y Argentina dejan dos lecciones: hacer los ajustes antes de que la economía esté con el agua al cuello, y decretar impuestos a corto plazo y de modo generalizado puede ser costoso y genera inequidad. Algo contrario a lo que hizo Portugal, que no acogió la receta del FMI y salió rápidamente de la recesión.

Esto evidencia la importancia de las reformas estructurales como la pensional y la laboral, aplazadas por varios Gobiernos. Y tomar medidas para seguir disminuyendo el gasto público, focalizarlo mejor y buscar nuevas fuentes de crecimiento. Si el país no hace la tarea, luego no podrá echarle la culpa de todos sus males al FMI.

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