¿Quién se queda con Firuláis?

Cada vez más personas prefieren reemplazar la experiencia de procrear por la de criar un perro.

Alianza El Informador - Semana
Tamaño Letra
  • Font Size
Una pareja que al separarse decidió por vía judicial la custodia de su perro visibilizó el concepto de familia multiespecie, en el que las mascotas tienen la misma importancia que cualquier otro miembro. El debate apenas comienza.

Por: Mónica Jaramillo
REVISTA SEMANA

Hacia finales de marzo, una mujer de aproximadamente 30 años se acercó a la Comisaría de Familia de Belén, ubicada en la Comuna 16 de Medellín, para pedir al comisario Carlos Alberto Vásquez, que le ayudara a conciliar un conflicto conyugal con su expareja.

Para sorpresa del funcionario, no se trataba de un caso usual de los que llegan a su despacho, como violencia intrafamiliar o reclamo por pensión alimenticia. Este no tenía precedentes: la mujer solicitaba una audiencia de conciliación para decidir sobre la custodia de su mascota.

Aunque en un principio a Vásquez le causó gracia, tras escuchar los argumentos de la ciudadana pensó que no sería des con el perro. “Esa era su familia. Compartían los gastos de guardería, paseador, psicólogo, nutricionista y otras cosas, igual que como un hijo”, cuenta Vásquez a SEMANA.

Pero el conflicto se presentó un año después de separados cuando uno de los dos decidió cambiar de ciudad por cuestiones de trabajo. Mientras la mujer sugería dividir el tiempo con la mascota, el hombre quería llevárselo definitivamente. Ante la disyuntiva, el comisario empezó a investigar si podía hacer algo. Tras mucho buscar encontró que en algunos países, como España, varios juristas ya habían dictado fallos sobre la custodia de una mascota a partir del concepto de ‘familia multiespecie’. En esta las mascotas tendrían la misma importancia de los demás miembros.

Armado con ese argumento, el 3 de abril, Vásquez realizó la primera audiencia en Colombia para dirimir un caso de conflicto familiar por la custodia de una mascota. Según estipuló, ambos compartirán a Max, el perro en cuestión, que estará durante dos semanas con la mujer y viajará a donde el hombre durante la siguiente. Además, ambos tendrán 30 días calendario al año para compartir vacaciones con el perro, y los gastos de alimentación y guardería irán por mitad. Este arreglo se parece al que tiene que ver con la custodia de los hijos. Como dato curioso, aunque la expareja tenía tres mascotas más, dos gatos y un perro, el conflicto solo se presentó con Max, el animal por el que el hombre aseguró tener más cariño.

Como era de esperarse, la noticia causó controversia. Algunos apoyaron la iniciativa del comisario por reconocer que una mascota es más que un bien mueble. Pero otros alegaron que los despachos judiciales ya están lo suficientemente congestionados con litigios de humanos como para empezar a sumar los de otras especies. Vásquez afirma que lo hizo para demostrar la falta de normativa en el tema.

Aunque todavía muchos, no lo conocen, el término de familia multiespecie tiene como base la tendencia actual de construir lazos afectivos con un ser vivo sin importar si es humano, dice Myriam Acero, veterinaria y una de las pocas en su campo que se ha dedicado a investigar en el país ese fenómeno sociocultural. Para ella, este planteamiento está ligado a la ampliación del concepto tradicional de familia. “Así como ya no existen solamente familias nucleares, sino homoparentales y monoparentales, la jurisprudencia ha empezado a recoger esta nueva tendencia”, dice. Aunque para muchos es extraño, para Acero, surge en forma lógica de las transformaciones sociales, pues hoy la mayoría de las familias tienen una mascota y la consideran un miembro importante de su núcleo.

Las cifras también lo evidencian. Según Fenalco en seis de cada diez hogares hay mascotas. Y según el informe reciente de Euromonitor, en el país hay alrededor de 8 millones de animales domésticos, de los cuales 66 por ciento son perros y gatos. Además, los dueños destinan en promedio entre 10 y 30 por ciento de su salario para mantenerlos.

Pero otros se cuestionan hasta qué punto la sociedad debería permitir y aceptar la ampliación del concepto de familia. Una de ellas es Yolanda Puyana, profesora de la Escuela de Estudios de Género en la Universidad Nacional de Colombia e investigadora de Familia. Ella no comparte el término de familia multiespecie, pues “aunque uno quiere mucho a los animales y respeta sus derechos, ellos tienen un orden distinto de relacionamiento. Son animales y por ende es un error tratarlos como personas”.

Aunque hoy los jóvenes pueden incluso desarrollar vínculos más fuertes con un animal que con otro ser humano, para la experta esa relación nunca será comparable con la existente con un hijo. “Es distinto. Uno puede reemplazar a un perro o un gato, pero un hijo significa algo muy grande”. Puyana afirma que en el fondo esta tendencia obedece a una falta universal de afecto y a la imposibilidad de las nuevas generaciones para comunicarse cara a cara con los demás y consolidar sus relaciones.

Pero lo cierto es que cada vez más personas prefieren reemplazar la experiencia de procrear por la de criar un perro. Y en ese sentido no sería extraño que muchos estén dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias por la custodia de ese hijo de cuatro patas.

Al menos así lo aseguraron a SEMANA cuatro jóvenes entre 20 y 30 años que decidieron tener una mascota con sus parejas. Una de ellas, Natalia Quintero, decidió no tener hijos con su novio pero sí un perro. En caso de que ella se separe de su pareja no duda un instante en que pelearía por su mascota. “Si no llegamos a un acuerdo acudiría a la ley pues mi perra Palma es irremplazable”, asegura.

Acero reconoce que la iniciativa del comisario da un gran paso hacia reconocer que los animales desarrollan un vínculo afectivo con las personas, y separarlos abruptamente equivale a una tragedia. Pero también advierte que hay una industria detrás de este fenómeno a la que le interesa “vender la idea de que hoy toda familia completa tiene que tener una mascota”. Ese apego desmedido hacia un animal lleva a situaciones emocionales complicadas como tratarlo como a un hijo, reemplazar el cariño de las personas por el de él, o no saber hacerle el duelo cuando muere.

Los perros, por su parte, también sufren las consecuencias de esa humanización porque, además de ser los mejores amigos del hombre, sus dueños les ponen ropa, los llevan al psicólogo y los mandan al colegio. Y ellos solo quieren ser perros.