La caza de tiburones ha existido, lo que no hay es control

Informe Especial
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Desde la creación de la Ley 13 de 1990, en Colombia han sido establecidas una serie de cuotas de pesca que sirven como base para concretar la cifra autorizada a las empresas pesqueras que aquí operan.

Por Adriana Cuao Guillen
Redacción EL INFORMADOR

El pasado 25 de octubre, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural emitió una resolución en la que fueron establecidas cuotas de pesca para el aprovechamiento de las especies, un tema que rápidamente se convirtió en tendencia y creó opiniones encontradas entre los colombianos.

En el nuevo oficio de cuatro páginas presentado por el Ministerio sobre este tema, se informa que para el 2020, en el mar Caribe habrá un límite de 125 toneladas en pesca de tiburón y 5.2 toneladas de sus aletas, pero no a través del ‘aleteo’, solamente cuando el animal es pescado de forma incidental. 

Esta información formó gran revuelo entre los ciudadanos, que de manera casi inmediata acudieron a las redes sociales para hacer evidente el descontento que les produjo saber que, aparentemente, el gobierno no demostraba interés en proteger a los soberanos del mundo acuático. 


Según la resolución del Ministerio de Agricultura, en la costa Caribe habrá un límite de pesca de tiburones de 125 toneladas.

“Humanos indolentes que no lo piensan dos veces antes de sacarnos de nuestro hábitat con el único fin de cortarnos las aletas, para luego devolvernos al agua en el estado más indefenso que puede quedar un pez”

Durante más de 20 años, en Colombia ha estado vigente una norma que permite la caza de tiburones a lo largo de las costas del país, aunque el Estado siempre ha sido claro en prohibir la pesca industrial, sí otorga permiso especial a los pescadores artesanales que capturen a estos peces incidentalmente.

Y es que la resolución es confusa por tres motivos principales: para estar refiriéndose a pescadores artesanales la cifra parece exagerada, el hecho de que hagan mención de sus aletas conlleva a crear relación con la temida práctica del ‘aleteo’ y, quizás, la más importante ¿quiénes controlarán que en el Caribe se pesquen sólo las 125 toneladas permitas?

Normalmente, en los profundos océanos que bordean el Caribe y el Pacífico colombiano, nada sin rumbo fijo este temido animal que durante mucho tiempo ha sido considerado un peligro tanto para personas como para los demás animales. 

En los mares del país hay 76 especies registradas de este pez, conocido por infundir miedo y respeto en igualdad de proporciones. Sin embargo, sólo cuatro variedades representan realmente un peligro para los humanos, el tiburón blanco, el tiburón tigre, el tiburón toro o sarda y el tiburón punta blanca, que se encuentra en vía  de extinción, al igual que el aletinegro, el nodriza, el martillo y el tipo zorro.

En Colombia está vigente una norma que permite la caza de tiburones a lo largo de las costas del país. La pesca industrial está prohibida, pero los pescadores artesanales tienen permitido cazar tiburones, siempre y cuando sea incidental.


Generalmente, las aletas de los tiburones son cortadas para enviarlas a países asiáticos.

Esas últimas cinco especies en peligro de extinguirse y existentes en territorio colombiano, muy probablemente se sienten el doble de amenazadas por las débil legislación que por 28 años ha hecho de su caza una actividad legal.

Para comprender los dos puntos de vistas, EL INFORMADOR ‘entrevistó’ a un tiburón nodriza o ginglymostoma cirratum, como está registrado en la base de datos científica, para conocer de primera mano las principales preocupaciones de estos peces que, al parecer, están convirtiéndose en víctimas luego de ser victimarios.

¿Cuál es el mayor reto que enfrentan como habitantes de los mares colombianos?

“En los últimos años nos hemos enfrentado a un Estado al que le están fallando las medidas de control con la llegada de barcos de pesca industrial a zonas como Juradó y Bahía Solano en el Pacífico. Quedamos indefensos ante esta industria que indiscriminadamente extrae todo cuanto puede, sin tener en cuenta que varios de nosotros nos estamos extinguiendo”.

Sólo cuatro especies representan realmente un peligro para los humanos, el tiburón blanco, el tiburón tigre, el tiburón toro o sarda y el tiburón punta blanca.

¿A qué le temen más?

“A nosotros los tiburones, el miedo que diariamente nos persigue es la tristísima y denigrante práctica del ‘aleteo’. Humanos indolentes que no lo piensan dos veces antes de sacarnos de nuestro hábitat con el único fin de cortarnos las aletas, para luego devolvernos al agua en el estado más indefenso que puede quedar un pez. Caemos al fondo, no podemos movernos ni respirar, quedamos agonizando en un sitio recóndito en el que nadie puede hacer nada por nosotros. Sufrimos y morimos ahí, mutilados”.


El 'aleteo' es una práctica prohibida en el país.

¿Para qué les cortan las aletas?

“Aunque suene increíble, las aletas con las que estamos provistos tienen más valor que nuestra carne. Los asiáticos han convertido esa parte de nuestros cuerpos en un majar apto sólo para gente adinerada, las preparan en sopas a unos precios exuberantes y, además, esparcen el rumor de que son afrodisiacas, pero eso nadie lo ha comprobado”.  

Prohibir la pesca completa de tiburones es una medida casi imposible de adoptar, debido a que son animales que tienden a caer de manera accidental en las redes de pesca artesanales. Sin embargo, la petición al Gobierno Nacional es clara: establecer una estrategia de control efectiva que prevenga las prácticas irresponsables que pongan en riesgo el equilibrio del ecosistema marino.

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