La Bahía sin El Morro

Así se vería la Bahía sin El Morro. Fotomontaje

Informe Especial
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Como Pescaíto sin La Castellana, como ‘El Pibe’ sin su melena, o como Carlos Vives sin Claudia Elena, así se vería la Bahía de Santa Marta sin El Morro.

Por: César Barrera
Redacción EL INFORMADOR 

El Camellón sin Rodrigo de Bastidas, el barrio 20 de Julio sin su Bonga, José De Los Santos Ariza ‘Balín’ sin su sirena, o como carnaval sin maicena. El Morro hace parte irrevocable del panorama de la ciudad.

Sería como diciembre sin ‘la Loca’, como bollo sin queso o yuca sin suero.

Es el samario por excelencia. Ha permanecido fiel y majestuoso ante las olas que le golpean diariamente. Es musa de los enamorados, compositores, escritores y poetas. Testigo de las lágrimas de tristeza y de las alegrías de los ciudadanos que solitarios se han sentado desde lejos a contemplarlo. Ha resistido los incendios, ataques de piratas y las guerras de la conquista. Adorna los amaneceres y atardeceres de la ciudad. ¿Qué sería entonces de Santa Marta sin este emblema?

No lo valoran

Hay personas quienes no valoran este baluarte, no saben qué hay en ese lugar ni tienen idea de su historia. EL INFORMADOR realizó eligió hombres y mujeres al azar en las calles para preguntarles: ¿usted qué conoce del Morro o de su historia? Ante el interrogante, algunos dijeron:


“Nada, no conozco nada”: Rodolfo Esquea, quien al principio afirmó que era más samario que el Morro.

“He pasado por ahí en bote, lo miro desde lejos pero no he llegado. El que diga que es más samario que El Morro es porque lo conoce más que a sus propios hermanos”: Miguel Silvera, samario de 62 años de edad.

“No he llegado a El Morro. Uno vive en Santa Marta pero no conoce su ciudad”: Blanca Flor Pondi.

“No lo he visitado, por eso no puedo decir que soy más samario que El Morro”: Adolfo Ospino, de 77 años de edad.

“No me considero más samario que El Morro. No conozco absolutamente nada de su historia, pero sí me gustaría”: Leo Caicedo, joven estudiante.

De las personas samarias entrevistadas, ninguna supo responder con exactitud al menos algo de historia, cosa que sí logró otro ciudadano manizaleño, quien lleva apenas dos años en la capital del Magdalena y se desempeña como vendedor. Su nombre es Wilson Arias y ante el cuestionamiento respondió que, “ahí quedaron las primeras cárceles de la ciudad, eran unos calabozos donde llegaban los españoles”.

Por su parte, Rosa Restrepo, nacida en Medellín, Antioquia, pero quien dice ser samaria por adopción por llevar 47 años de vivir en la ciudad, cuenta que para ella El Morro es una “reliquia cultural” y que solía sentarse en la Bahía a contemplarlo, pero que nunca ha ido hasta allá.

EL INFORMADOR realizó un montaje de la Bahía sin El Morro. A continuación se lo presentamos:

Travesía a El Morro



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