Maicao, donde comienza la esperanza

Los venezolanos duermen en las calles de Maicao, no tienen dinero para pagar un hotel.

Informe Especial
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La tensión que genera la llegada masiva de ciudadanos de la nación vecina hacia el país aún no pone de acuerdo a muchos colombianos; mientras unos ven con buenos ojos el arribo, otros lo rechazan.

Por: Víctor Peñaloza
Fotos: César Barrera
Redacción  EL INFORMADOR
Enviados Especiales

Maicao fue declarado Puerto Libre Terrestre en 1936. Está ubicado en un punto estratégico de Colombia, que lo convirtió en un puente con Venezuela. Es una puerta hacia el intercambio comercial y cultural. Sin embargo, en estos tiempos se transformó en el albergue y la esperanza de los venezolanos, quienes dejan su país huyendo de la crisis.

En los años 80 esta ciudad se convirtió en una zona conocida por el comercio, en el que los principales compradores eran justamente los venezolanos, quienes con un fuerte bolívar cruzaban la frontera y se llevaban todo.

La mayoría de los comerciantes de la segunda ciudad de La Guajira en ese tiempo eran turcos, quienes a mitad de tarde ya tenían sus locales cerrados. Todos los días hacían su “agosto”, indiferentemente del mes del año.

 De aquellos tiempos ya no queda nada, solo los recuerdos de unos cuantos vendedores, quienes aún tienen sus locales en la ciudad fronteriza y extrañan esos momentos de bonanza. 

Todo cambió

En esa época los maicareros se sentían beneficiados por su ubicación estratégica, la misma que ahora para algunos de ellos se transformó en un “dolor de cabeza”. Y es que los venezolanos ya no llegan a gastar, sino huyéndole a una crisis sin precedentes en su país.

Las calles de la cabecera municipal se llenó de oriundos del vecino país, quienes en su mayoría pasan sus noches en las plazas y las calles 11, 12 y 13, debido a que no tienen cómo pagar un hotel.


“Es difícil la situación que Venezuela atraviesa, pero la ciudad no está preparada para albergar a tantas personas. Ya ni a la plaza podemos ir porque ellos se adueñaron de esos espacios y así pasa con otros lugares de la ciudad”, expresó una maicaera, quien transitaba por la terminal de una empresa privada. 

Buena parte de estas personas ingresaron de forma ilegal al país, por eso no se atreven a llegar a otras ciudades, puesto que temen ser deportados. Además el dinero es poco, algunos solo trajeron los mil bolívares que gastaron en pasaje desde Maracaibo a Maicao.

Nueva realidad

Así como Maracaibo en los años 70 parecía un pedazo de Colombia, hoy Maicao repite esa historia y luce como un trozo de  Venezuela.

Sus calles están albergadas por un gran número de ciudadanos del vecino país, ni las autoridades tienen una cifra concreta de cuántos hay. Lo cierto es que quien camina por las calles de Maicao, en cada esquina de la parte céntrica y mercado se va a conseguir con un gran número de oriundos de la nación hermana.

  
Las ventas ambulantes son dominadas por los venezolanos. También en cada local comercial son varios quienes se pasean en búsqueda de vender un producto o que algún cliente les ayude con una moneda para completar su comida,  esa que les sobraba en un tiempo y que hoy es escasa. También las zonas de tolerancia tienen acento venezolano.

No importa el escenario para pasar la noche

Cuando el sol se esconde y la luna se va apoderando del cielo, empieza un nuevo drama para los venezolanos, quienes no gozan de un lugar para descansar después de aventurar todo el día. El cansancio no tiene espacio en su calendario, saben que al salir de su país deben estar preparados para enfrentar cualquier tempestad.

Cuando anochece empiezan a llegar al frente de una empresa de transporte de la ciudad, donde poco a poco se van aglomerando y cada uno tiene su pequeño espacio. El duro pavimento es su colchón, y las ganas de salir adelante para ayudar a sus familias se convierte en el abrigo que los protege del frío.

 “Ingresé por la trocha, ilegalmente. Vine buscando una mejora, todo el mundo sabe la situación que el país atraviesa, donde no hay efectivo y todo se hace por transferencias. Llego a este país a buscar una oportunidad, viajo con tres niños. En mi país nos estamos muriendo de hambre por el mal gobierno que hay. Duermo donde me caiga la noche con mis hijos”, expresó Carlos Rondón, quien tuvo que vender algunas cosas materiales para tener el pasaje de él y sus hijos.

Y es que los venezolanos prefieren aventurarse a viajar a Colombia, sin importar lo que tengan que pasar en ese camino, porque sienten que en el país estarán mejor que en la tierra que los vio nacer.

“Me vine en cola (chance) con mis dos hijos, aventurando, con tal que mis pequeños no se mueran de hambre. Allá se come una vez al día, el sueldo no alcanza, los precios suben todos los días”, relató Arianny Perozo, quien llegó desde Churuguara, Venezuela,  una zona donde sus habitantes en años anteriores poco acostumbraban a salir hacia otras ciudades de su mismo país.

El ver que pasaban las horas, los días y en casa no había nada qué comer, es uno de los grandes motivos que obliga a los venezolanos a tomar ese camino lleno de obstáculos para llegar a Colombia.

“Salimos de allá con las tripas afuera, estamos pasando hambre, el sueldo nos alcanza para comprar un kilo de arroz. Vengo en busca de una nueva esperanza, de vida. -Nicolás- Maduro vete de la Presidencia, nuestro país era rico y mira cómo nos tienes emigrando a otros países, nos estás dañando la vida y el futuro de nuestro hijos, nos estas matando de hambre”, con un tono de voz fuerte manifestó Dagoberto Herrera, quien llevaba dos días en Maicao, procedente de Maracaibo.

A la realidad de no tener trabajo ni qué comer, se le suma la persecución de Migración Colombia. “Nos tienen locos, no nos dejan trabajar”, gritó un venezolano que vende dulces en las calles. A esa voz se le sumó otra expresión de una compatriota: “igual, si nos deportan, volvemos a ingresar, porque allá no nos vamos a morir de hambre”.

Los controles

Migración aparece cuando la noche le da paso a la madrugada, esperando conseguir a su objetivo durmiendo, pero estos hacen guardias y ya se acostumbraron a correr para evitar regresar a una tierra donde señalan que no les faltaba nada y donde hoy carecen de todo.

“Por estas calles la compasión ya no aparece y la piedad hace rato se fue de viaje. Para cuidarte solo tengo esta vida, por eso cuídate de las esquinas”, es la letra de una reconocida canción del venezolano Yordano, inspirada en el peligro de las calles de Caracas, pero que refleja el padecimiento que atraviesan hoy sus compatriotas incluso fuera de su país.

512 mil Es la cantidad que se maneja de los venezolanos en territorio colombiano, de los cuales 374 serían ilegales, según datos de Migración a fecha de diciembre 2017.

Entre 800 y mil 200 venezolanos ingresan al país por Maicao.
Entre 800 y mil 200 venezolanos ingresan al país por Maicao.
En la ciudad fronteriza se observan una gran cantidad de venezolanos vendiendo en las calles.
En la ciudad fronteriza se observan una gran cantidad de venezolanos vendiendo en las calles.
796 mil sellaron su pasaporte y 276 mil de ellos al finalizar su tiempo de permanencia en el país se regresaron a su casa.
796 mil sellaron su pasaporte y 276 mil de ellos al finalizar su tiempo de permanencia en el país se regresaron a su casa.
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Migración informó que el flujo migratorio de venezolanos en Colombia se incrementó en un 110% en 2017 representado en 69 mil, de los cuales, cerca del 40% reside en Bogotá, el 9% en Medellín y el 7% en Barranquilla.