“El vallenato es un estado del alma”

Fernández Padilla es considerada pionera en el género vallenato

Especiales 60 años
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‘Sombra perdida’, inmortalizada por Rafael Orozco; y ‘Romance vallenato’, un clásico de Alfredo Gutiérrez; son vallenatos que muchos colombianos guardan en su corazón y que tienen algo en común: son fruto de la inspiración de esta mujer considerada una ‘maestra’ del género.

Por: Daniela A. García G.
Redacción EL INFORMADOR

Cuando tenía tan solo cuatro años, Rita Fernández Padilla compuso inocentemente su primer tema. Se trataba de una canción infantil, pero llena de sentimiento. Hoy, tras más de seis décadas, sigue analizando cómo fue posible que una criatura tan pequeña, en un versito dijera: ‘Adiós del alma’. Ha llegado a la conclusión de que ella nació con una sensibilidad especial, para componer, para tocar y para cantar como lo hace.

Pero no hacen falta muchas explicaciones. Solo basta escucharla para entenderlo: ella toda es sentimiento, es esencia, es alma.

El gusto por la música lo lleva grabado en su adn, fue la herencia intangible que le dejaron sus progenitores. Su madre era maestra de piano, su padre tocaba guitarra y tiple.

En el seno de una familia musical, sus primeros años transcurrieron escuchando clásicos, pero no de la provincia, sino de los compositores austríacos Franz Schubert y Wolfgang Amadeus Mozart y el polaco Frederic Chopin.

“En el hogar de mis padres la música que se escuchaba era muy seleccionada. Realmente la orientación y la formación musical que recibí fue exquisita”, recuerda esta compositora nacida un 21 de junio en Santa Marta.

La música clásica se alternaba con polcas y valses. Los repertorios incluso podían contener son cubano, guabinas, porros y cumbias, pero jamás vallenatos.

En ese ambiente musical, aprendió sus bases en piano a los cuatro años gracias a su madre y continuó perfeccionándose de la mano de las profesoras Julia Bermúdez y María Luisa Flórez. También aprendió a tocar el acordeón y un poco de guitarra.

La atrapó el vallenato

Pero sus gustos musicales cambiaron en su época de estudiante. “En el colegio La Presentación, donde yo estudié, había niñas internas que venían de la provincia, algunas de Valledupar y otras de San Juan, Villanueva y Fonseca, al sur de La Guajira. En los recreos ellas comenzaban a tocar y cantar vallenatos, recuerdo mucho uno que decía: 'Mírame fijamente hasta cegarme'. Eso a mí me encantaba. Ese sentimiento se fue metiendo poco a poco en mi espíritu”, cuenta Fernández.

La entonces adolescente, llegaba a su casa a sintonizar la radio, pues se sabía al dedillo las emisoras que ofrecían una programación vallenata en las tardes.

“Ponía el radio bajitíco, para mí solita. Era mi secreto, porque a mis padres no les gustaba que escuchara esa música. Cada vez que mi papá me encontraba me decía: ‘¿Cómo vas a desenfocar la formación musical que estás recibiendo con esa música tan ordinaria?”, rememora la hoy juglaresa.

Pero ya no había nada qué hacer. Ese género ya se había apoderado de su alma. La situación se hizo aún más irreversible cuando la joven Rita tuvo la oportunidad de vacacionar en Valledupar, la capital del vallenato.

“Cuando conocí Valledupar me encantó su ambiente, su energía, el calor de su gente y la magia del vallenato”, confiesa. Y como para que terminara de embelesarse, en esa ciudad tuvo la suerte de conocer a 'maestros' del género como Gustavo Gutiérrez, Freddy Molina y Alfredo Gutiérrez.

Rompiendo paradigmas

Tanta era su pasión y entusiasmo, que en 1968, cuando Consuelo Araújonoguera junto a Rafael Escalona y César Alfonso López Michelsen abrieron la convocatoria para el primer festival vallenato, Fernández se propuso de inmediato estar ahí.

Fue ese evento el que con el tiempo se convirtió en el Festival de la Leyenda Vallenata, que hoy suma 52 ediciones y que está considerado como el más prestigioso del país.

Rita, junto a sus amigas de La Presentación, conformó la agrupación ‘Las Universitarias’. Para entonces, la joven samaria ya había compuesto temas que hoy son íconos, como ‘Reflejo de amor’, ‘Amor y penas’ y ‘Romance vallenato’, que fueron sus primeras canciones en el género.

“Nuestra intención era adornar el festival, no participar como concursantes. Simplemente queríamos que la mujer tuviera presencia con un sentimiento hermoso”, asegura ‘la maestra’.

‘Las Universitarias’ subieron a la tarima el 27 de abril de 1968. Fue precisamente esa presentación la que se convirtió en una especie de rebelión femenina dentro del vallenato, un género dominado por los hombres.

“Era tal el anhelo y la pasión por esa música, que nunca reflexioné si era machista o no, si era dominada por varones o no. Tenía una fuerza interior tan grande, que era imposible de detener. Esa fuerza me impulsó a atreverme a mostrar esa expresión musical que traía todo un récord de varones”.

- ¿Usted rompió un paradigma sin siquiera saberlo?

- Exactamente. Tiempo después los investigadores del vallenato comenzaron a hablar del machismo en el vallenato, pero de verdad yo siempre he sentido que el vallenato no tiene sexo. El vallenato es un sentimiento, un estado del alma.

- ¿Cómo les fue en esa primera presentación?

- La experiencia fue fascinante. Fue fascinante venir a Valledupar y mostrar nuestro canto, nuestras composiciones, nuestra poesía. Eso fue apoteósico. Hubo una tremenda receptividad de hombres y de mujeres. Entonces yo no sentí ningún machismo.

- ¿Cree que eso se mantiene?

- Yo digo y seguiré sosteniendo: el vallenato manejado por los varones tiene una expresión muy diferente al vallenato que manejamos las mujeres.

- ¿Por qué?

- El vallenato en manos de los varones es un poco más rudo, ellos no están llamados como nosotras a esa dulzura, a esa ternura, a esa delicadeza. Dentro de mi legado, he abierto una escuela, un estilo propio para la manifestación musical de la mujer en el vallenato.

- ¿Cuál es el papel de la mujer en el vallenato?

- Las mujeres estamos llamadas a dar de lo que somos. La naturaleza que tenemos debemos mostrarla. Qué cosa más bella que escuchar a nuestra alma, escuchar todo ese impulso del espíritu de una mujer diciendo cosas bellas. Nosotras podemos decirle a una persona que quisimos mucho: ‘Hoy solo eres sombra perdida vagando en recuerdos de ayer’, y no decirle abruptamente: ‘no quiero verte más”.

Pero lamentablemente el machismo sí terminó con ‘Las Universitarias’, agrupación que se disolvió poco después de aquella “apoteósica” presentación.

- ¿Qué pasó con ‘Las Universitarias’?

- Sencillamente que los novios de cada chica veían el grupo de música como un impedimento. Lo primero que decía el novio de cada una era: ‘te sales del grupo’. Pero yo nunca me fui de la música, yo seguí consagrada a esa música y aquí estoy.

Y en efecto, nunca se detuvo; por el contrario, navegó cada vez más adentro en el sentir, en la esencia de la música vallenata.

Hoy no sabe a ciencia cierta cuántas canciones ha compuesto, porque no acostumbra a contabilizarlas, pero son decenas las que han sido grabadas por grandes intérpretes y otras tantas siguen inéditas.

“Debo tener unas sesenta y pico grabadas. De mi han grabado Billos Caracas, Renato Capriles, Alfredo Gutiérrez, Alberto Fernández, Gustavo Gutiérrez, Rafael Orozco, Jorge Oñate, Juan Piña”, precisa.

- ¿De todos los temas que ha compuesto cuál es su preferido?

- Acabo de terminar una producción con diez de mis obras. Se trata de una producción con Natalia Bedoya, ella cantando y yo en mi piano. Son ocho obras vallenatas y dos boleros de mi autoría. Dentro de esa producción, la canción más reciente que tengo es tal vez la que más me gusta, la compuse hace poco y la titulé ‘El valle que llevo dentro’.

Su amor por Valledupar

Rita Fernández es más que vallenato. Ha compuesto salsas, canciones infantiles y hasta el himno de la ciudad que la adoptó desde su juventud: Valledupar.

Para ella era inconcebible que una tierra de grandes compositores no tuviera un himno que le aportara identidad.

“Cuando llegué a esta tierra, me enteré que no tenía himno. La gente decía que el himno era el ‘Amor, amor’, pero yo sentía que eso no podía ser posible”.

Por iniciativa propia empezó a trabajar en una propuesta. Movida por un sentimiento profundo, empezó a escribir y componer los primeros compases. Al poco tiempo, la Alcaldía de Valledupar y la Cámara de Comercio abrieron una convocatoria para elegir el himno de la ciudad, y ella no dudó en postularse.

Hubo participantes de diferentes lugares del país, pero Rita Fernández fue la ganadora por unanimidad.

“Yo no veía de qué otra manera podía pagarle a esta tierra, a esta gente, tanto afecto, tanto cariño, tanto amor”.

Aunque desde hace años habita en la capital del Cesar, esta compositora no olvida su cuna y recuerda con nostalgia a su amada Santa Marta, esa que sigue visitando de vez en cuando.

De hecho, su tierra sigue inspirando muchas de sus composiciones. “Me encanta de Santa Marta, su mar, su paisaje. En la producción que acabo de grabar hay una canción que me inspiró Santa Marta, en ella hablo del mar azul que me vio nacer. El título de la canción es ‘Sueño de luz’, una canción que invita al ser humano a crecer, a soñar”.



Al viento fresco le entrego mis penas,
al cielo azul le entrego el calor,
a las estrellas mis sueños
de plenas madrugadas frescas
que abundan en mí.
Quiero pasear por las estrellas,
ir a la luna y luego volver,
seguir soñando sobre la tierra
del mar azul que me vio nacer.

“A Santa Marta la amo, amo a su gente y amo a su mar. Soy una samaria que se volvió vallenata, pero con un alma muy amorosa hacia esa tierra caribeña”, afirma la cantautora.

- ¿En qué se inspira para componer?

- Muchos compañeros míos de la composición me dicen: ‘Maestra, usted vive sumamente inspirada’.

- ¿Y es así?

- Pienso que sí, porque a mí me inspira todo. Lo más simple, lo más sencillo, lo más trivial, puede ser un rayo de luz muy poderoso que me conecta inmediatamente con el alma.

Este 26 de mayo el Festival Mar de Acordeones de Santa Marta rendirá un homenaje a la compositora samaria Rita Fernández Padilla. Esta será la primera vez que este festival entregue un reconocimiento a una mujer.

Yo vivo en un estado permanente de gratitud con Dios, con la vida, con la gente, con el paisaje, con la naturaleza. Mantengo una sintonía muy estrecha, muy fuerte, con el alma, con el espíritu. Eso me impulsa a dar mucho amor, a querer, a valorarlo todo, a contemplarlo todo.

- ¿Por ejemplo?

- Yo contemplo la sonrisa de un niño, el rostro humilde de otra persona, los ojos enternecidos de alguien que me pide una limosna, tantas cosas… Yo me muevo en un mar profundo de manifestaciones de la vida.

- ¿Es una persona feliz?

- Totalmente feliz. Está comprobado que el estado de gratitud es el estado de mayor felicidad que puede disfrutar un ser humano.

Desafiando el tiempo

Las composiciones de Rita Fernández desafían el tiempo y las transformaciones de la música. Un ejemplo es ‘Sombra perdida’. Para ella el secreto de ese éxito está en las melodías.
“Yo siento que lo primero que atrapa en la música, no es ni el ritmo ni la letra, es la melodía. La melodía conecta, ella es invasiva, ella no pide permiso para atraparte.

Eso me pasa con ‘Sombra perdida’, cuando de pronto estoy quieta y se me viene a la cabeza”:

¿Qué fuiste tú para mí?
Un grito que se ahogó en la distancia,
un sol que murió con la tarde,
un cielo colmado de estrellas
en noches veraneras
fuiste tú para mí.

- ¿Por qué cree que cada vez es más difícil hallar temas como ese?

- Se está volviendo bastante difícil que las buenas melodías tomen un posicionamiento, porque en primer lugar se ha perdido el sentido de lo selectivo. Es un fenómeno bien peligroso. Por ejemplo, en la juventud se está dando que ya la belleza musical no se escucha.

- ¿Eso ocurre incluso en el vallenato?

- En el género vallenato no son muchos los que mantienen un buen criterio, un gusto selecto, eso hace que la sensibilidad también vaya mermando.

- Usted sin embargo mantiene esa sensibilidad…

- Los seres humanos cuando tenemos un proyecto de vida de seguir siendo lo que siempre hemos sido, no nos dejamos invadir por ningún fenómeno de estos, que no hacen sino convertir al ser humano en nada.

La samaria Rita Fernández Padilla es la vicepresidenta nacional de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, Sayco, la primera mujer que ocupa ese cargo.

Esta ‘maestra’ del vallenato hace sus aportes a la música desde sus letras, desde sus composiciones. No le interesa el protagonismo ni sigue las modas.
“No me gusta ser protagonista, prefiero que sean mis canciones las protagonistas, porque en ellas va el mensaje del espíritu, el mensaje del alma. No me interesa la moda, porque no soy una moda, soy una eternidad”.

Y no se equivoca. El alma y el espíritu no mueren. Y el día que esta juglaresa parta, quedarán sus canciones con sus mensajes de amor y ternura.

“Quiero llegar al sentimiento de la gente, porque esa es mi tarea”, Rita Fernández Padilla, compositora.

“El día que yo me vaya de este mundo, quedarán mis canciones con sus mensaje de ternura y amor”, Rita Fernández Padilla, compositora.


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