“Santa Marta es rica en historia, pero escasa en historiografía”

El investigador, escritor y editor Jorge Elías-Caro durante la presentación de su último libro: ‘Historia de Santa Marta y el Magdalena Grande: del periodo Nahuange al siglo XXI’.

Especiales 60 años
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Este profesor universitario y coordinador de la Editorial Unimagdalena ha dedicado buena parte de su vida a documentar la historia de la erróneamente llamada ‘Perla de América’.

Por: Daniela A. García G.
Redacción EL INFORMADOR
Fotos: Edgar Fuentes

El historiador Jorge Elías-Caro es un tipo simpático. Es uno de esos personajes del Caribe que se destaca por su tono de hablar fuerte, su envidiable carisma y por tener mucho qué contar.
Se trata de un hombre enorme de unos dos metros y más de cien kilos, que a simple vista se caracteriza por siempre tener colgada al hombro una colorida mochila.

Elías-Caro me concede esta entrevista a propósito de la presentación del libro ‘Historia de Santa Marta y el Magdalena Grande: del periodo Nahuange al siglo XXI’, para el cual trabajó como compilador junto al también historiador Joaquín Viloria de la Hoz, director del área cultural del Banco de la República, uno de sus cómplices en la lucha por sacar a la ciudad del vacío historiográfico en el que se encuentra.

Extrañamente me recibe en su oficina en la Universidad del Magdalena y no en el Café del Lago, una cafetería dentro del campus, que, sospecho, es uno de sus sitios preferidos dentro de la Alma Mater.

De hecho, confiesa que esta última obra nació de intensos debates que iniciaron hace una década con su amigo Joaquín Viloria en un reconocido café que se encuentra en el Centro Histórico de Santa Marta.

- ¿Por qué afirma que Santa Marta tiene un vacío historiográfico?

- Porque la historia de Santa Marta no se ha escrito, aunque es muy rica en acontecimientos. Basta decir que Santa Marta es la primada de Colombia, aunque no fue la primogénita, porque antes estuvieron Santa María La Antigua del Darién y San Sebastián de Urabá, pero ambas desaparecieron antes de la entrada de la República. También está el tema político, de la guerra, cuando llegó la Independencia este fue uno de los bastiones realistas del Ejército Español, aquí no se reconocía al Ejército Bolivariano. También está el hecho de que Simón Bolívar murió aquí, recuerda el historiador.

- Además –continúa– en el siglo XIX Santa Marta se constituyó en el principal puerto de importación de Colombia, cuando Barranquilla aún no existía. Después entró toda la economía bananera…

- ¿Cómo es que con tanta riqueza histórica no se ha escrito lo suficiente?

- Porque para poder hacer historiografía se necesitan investigaciones históricas publicadas, análisis con métodos científicos, pero como no se escribe entonces queda muy difícil. Por eso, Santa Marta es rica en historia, pero escasa en historiografía.

- ¿A qué cree que se debe esta situación?

- Es fruto de muchas cosas. Para empezar en Santa Marta no hay un programa académico de historia, tampoco una Academia de Historia sólida y además hay una agenda cultural terrible. Tenemos un Distrito Turístico, Cultural e Histórico, que de cultural e histórico es bastante escaso y porque en la política pública falta mucho por hacer.

Considera que es la falta de investigación académica y científica la razón por la cual la historia de la ciudad está llena de errores. Asegura que entre los más comunes están el que apunta a que Santa Marta fue fundada el 29 de julio de 1525, cuando está comprobado que fue en junio de 1526; y el de referirse a Santa Marta como ‘La Perla de América’, cuando realmente este calificativo le correspondería al Cabo de la Vela, en La Guajira.

“Eso se debe a que los historiadores ‘domingueros’ imperan y reinan. Y no quiero demeritarlos, porque también son importantes, pero creo que la historia tiene una profesión y no se puede tergiversar”, agrega.

Su última publicación

Sobre su última publicación: ‘Historia de Santa Marta y el Magdalena Grande: del periodo Nahuange al siglo XXI’, reconoce que es fruto de un esfuerzo durante más de 10 años.

“Por allá en 2008 yo trabajé en un libro que se llamó ‘Santa Marta del olvido al recuerdo: historia económica y social de más de cuatro siglos’. Cuando empecé a trabajar en la historia local de la provincia de Santa Marta y del Magdalena Grande me encontré con una escasa historiografía. Me di cuenta que había un vacío bibliográfico muy importante, que estaba todo por construir”, recuerda.

Fue entonces cuando descubrió que en términos de historiografía había mucho por hacer y que la mayoría de los investigadores históricos eran foráneos, regional, nacional e internacionalmente hablando.

El propio Jorge Elías-Caro no es samario. Ni siquiera es magdalenense. Es oriundo de Sabanagrande, Atlántico, aunque irremediablemente siempre ha estado atado al departamento del Magdalena.

“Me considero samario, pero por nacimiento soy de Sabanagrande. Ahí está el puerto fluvial que va para Sitionuevo, así que tengo una afinidad muy amplia con el Magdalena desde niño, porque me la pasaba más en el Magdalena, sobre todo nadando y jugando en el río”, confiesa.

Para luchar contra el vacío historiográfico, Elías-Caro empezó a organizar eventos a los que convocaba a invitados nacionales e internacionales, con el apoyo de la Universidad del Magdalena. Esto porque “lamentablemente la historia de Santa Marta no la hacen los samarios, la viene haciendo gente de afuera”, entre la que se cuentan algunos adoptados, otros que ni siquiera viven en la ciudad y algunos extranjeros, precisa.

En 2010, cuando el gairero Joaquín Viloria llegó a la gerencia del Banco de la República, Elías-Caro halló el cómplice perfecto para sacar adelante sus planes. Ambos empezaron a “cranear” qué hacer al respecto y se fijaron la meta de hacer un libro que llenara una parte del vacío.

De sus reuniones entre cafés y whiskys surgió una lista de historiadores que habían hecho investigaciones sobre Santa Marta, algunos colombianos vinculados a universidades como la Nacional, de los Andes, Javeriana y de Antioquia, y otros extranjeros, de países como Noruega, Francia y España.

“Siempre tuvimos presente que quienes iban a participar no podían ser constructores de historias 'rosas'. No íbamos a trabajar historias apócrifas o ficticias, teniendo en cuenta que mucha de la historia que se encuentra por ahí es más narrativa-oralidad y fruto de la imaginación que una historia fundamentada en una investigación académica de corte científico”, aclara.

Al final contactaron a 27 autores que trabajaron en 25 capítulos que recogen la historia de la ciudad desde la época precolombina hasta el siglo XIX.

“El primer tomo muestra una historia que va desde los tiempos precolombinos hasta los inicios del siglo XIX, porque nuestra historia no nace a partir de la llegada de los españoles. Recoge la metalurgia, el urbanismo, la arquitectura tayrona, su economía, la forma de cultivo, de manejar su estructura social, eso es importante conocerlo y de ahí surgieron tres capítulos”.

“Luego viene la época colonial, en ocho capítulos que lógicamente parten del siglo XVI y están fundamentados hasta la primera década del siglo XIX. Se habla de lo que es el inicio de la República, lo que fue el departamento soberano del Magdalena -hoy Cesar, La Guajira y Magdalena-; y la provincia de Santa Marta –que incluía lo que ahora es Norte de Santander, Tibú, Ocaña y llegaba hasta el río Limón, en lo que actualmente es parte del Zulia en Venezuela-. Continúa con el siglo XX, con la entrada del banano, del ferrocarril, las construcciones políticas y económicas. También incluye lo que fueron las problemáticas del siglo XXI, como el desplazamiento, la violencia, el tema de la bonanza marimbera y los aportes al narcotráfico”, precisa.

Sus obras

Jorge Elías-Caro, profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad del Magdalena y coordinador de Publicaciones y Fomento de la Editorial Unimagdalena, es el padre de un centenar de textos, que incluyen obras como autor o como compilador, así como trabajos individuales y compartidos, además de muchas publicaciones en revistas científicas.

Se formó en Colombia, Cuba, Brasil y España en donde obtuvo sus dos maestrías, el doctorado y los dos postdoctorados que posee. Como historiador se ha dedicado a la historia económica, especialmente la empresarial. Entre sus libros se cuentan ‘Conflictos ambientales en ecosistemas estratégicos. América Latina y el Caribe. Siglos XIX -XXI’, ‘Cultura, identidad y música en el gran Caribe: una aproximación en tres dimensiones’, ‘Ciudades portuarias en la gran Cuenca del Caribe: visión histórica’, entre tantos otros.

La mayoría de sus libros los ha escrito solo. “No hay más de cinco trabajos que haya hecho en pareja, yo soy de los que escribe individualmente”, confiesa. La razón no está relacionada al egoísmo, sino más bien a la practicidad. “La interpretación histórica de los hechos es muy complicada, depende de posturas personales e ideales de cada quien”, afirma.

- ¿Cuál fue su primer libro?

- Ahí si me corchaste…

- ¿No recuerda a su primogénito?

- Mi primer libro sería por allá en 1997, en ese momento trabajaba en varias publicaciones. Pero, estoy seguro, no fue un libro de historia, creo que fue uno sobre el análisis de la ocupación del espacio.

- ¿Por qué luego saltó hacia la historia?

- Por pasión.

En proyecto

Elías-Caro es un autor inquieto. Aunque acaba de presentar un libro, ya está listo para promocionar otro sobre los aportes que hicieron los diplomáticos latinoamericanos a Europa desde la poesía, la novela y la narrativa en general.

“He estudiado a diplomáticos colombianos que eran muy importantes, como el famoso historiador Ernesto Restrepo Tirado, que fue cónsul de Colombia en Sevilla por más de 20 años. Él fue un gran historiador porque tenía acceso al Archivo General de Indias. Yo me lo imagino todas las mañanas firmando documentos en el consulado y en las tardes metido en los archivos investigando. El libro sobre la historia de la Provincia de Santa Marta de Ernesto Restrepo Tirado, aún hoy, sigue siendo un best seller”, revela el autor.

“También están José María Vargas Vila, el gran literato de comienzos de siglo; Julio Flórez, el poeta coronado de laureles del siglo XX; Alfredo Gómez Jaime, también otro reconocido poeta; Baldomero Sanín Cano, uno de los grandes intelectuales que tuvo Colombia en el siglo XX; Joaquín Casas, que fue presidente de Colombia y era ministro Plenipotenciario en Madrid; Santiago Pérez Triana, otro gran escritor y diplomático”, agrega.

El historiador además está terminado un libro exclusivamente sobre Julio Flórez, en el que analiza la historia y la literatura desde el punto de vista de la diplomacia cultural. “Él fue tal vez uno de los últimos modernistas y en las primeras décadas del siglo XX pasó de ser un poeta maldito, como se le denominó, a un romántico que inmortalizó muchas canciones populares en Colombia. En su mayoría las canciones que se hicieron en el siglo XX sobre las madres son poesías de Julio Flórez”.

Ya en su fuerte, la historia económica, se encuentra trabajando en un proyecto junto a un grupo de jóvenes investigadores, sobre los tintes naturales a partir de maderas tintóreas en el Gran Caribe, como la del palo de Brasil que daba el color rojo furtivo que usaban los obispos y cardenales en su vestimenta, o la del palo de mora del que se obtenía el beige de los uniformes militares. El libro no solo detallará cómo era la economía extractiva de la madera, el proceso de industrialización y comercialización, sino todo lo relacionado con la oferta, demanda y estructura del mercado desde 1650 hasta 1950.

Otra obra que tiene “a boca de jarro” trata sobre la economía de las perlas en el Caribe, iniciando por la antigua Nueva Cádiz de Cubagua -cerca de la actual isla de Margarita en Venezuela- que se hundió por un maremoto en el siglo XVII y está hoy bajo el agua, hasta llegar al Cabo de la Vela y Bahía Honda en La Guajira colombiana, que durante todo el siglo XVIII y parte del XIX fue el centro productor de perlas más importante de América.

“Si se mira la iconografía de la reina Isabel y de la realeza y monarquía europea en el siglo XVIII, se ven las perlas en los collares, en los vestidos, en los adornos del cabello, esas eran perlas del Cabo de la Vela y Bahía Honda en La Guajira. Todo eso salía de la Provincia de Santa Marta, de ahí la denominación de ‘Perla de América’, pero por el Cabo de la Vela y por Bahía Honda, no por el puerto de Santa Marta”, explica.

El alma de la fiesta

Se podría pensar que un hombre como Jorge Elías-Caro no hace más que devorar libros y documentos, dar clases y escribir, pero nada más alejado de la realidad. Solo trabaja de lunes a viernes y duerme seis horas diarias.

Ama pasar tiempo con sus mujeres, Rosa Lia, su esposa, y Tasha, su hija; así como con sus tres varones. Los fines de semana son “impajaritables” las cervezas o whiskys con sus amigos cercanos. Es el primero en disfrazarse durante los carnavales y le encantan las fiestas.

Si hay algo que le apasiona tanto como la historia es coleccionar mochilas. Tiene wayús, arhuacas, koguis y campesinas. Todas con llamativos colores que combina según el pantalón y la camisa del día.

“Elijo mis mochilas. Todos los días trato de tener una diferente y colorida porque siempre vivo con un espíritu carnavalero. Yo soy el centro de las fiestas del Carnaval, bailo mi comparsa y me disfrazo todos los años. Me gusta la Costa, la música de picó y no tengo una vida aburrida”.

“Yo soy el centro de las fiestas del Carnaval, bailo mi comparsa y me disfrazo todos los años. Me gusta la Costa, la música de picó y no tengo una vida aburrida”, Jorge Elías-Caro.

“Los historiadores ‘domingueros’ imperan y reinan. Y no quiero demeritarlos, porque también son importantes, pero creo que la historia tiene una profesión”, Jorge Elías-Caro.

“La historia de Santa Marta no se ha escrito, aunque es muy rica en acontecimientos”, Jorge Elías-Caro.

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