“Cuando uno siembra en terreno fértil recoge una buena cosecha”

Carmen Abondano de Dávila es una mujer versátil. Cuando no está en sus oficinas de Daabón está en el Club Santa Marta, en una junta del Colegio Bilingüe, de la Universidad Sergio Arboleda o del Museo Bolivariano.

Especiales 60 años
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La empresaria, reconocida en la sociedad samaria, concedió una entrevista exclusiva a EL INFORMADOR, en la que habló sobre su trabajo y su familia.

Por: Daniela García
Redacción EL INFORMADOR
Fotos: Edgar Fuentes

Amable, emprendedora, decidida, directa, regia y versátil, son tan solo algunas de las palabras que describen a Carmen Abondano de Dávila, cofundadora del Grupo Daabón, el conglomerado empresarial con sello samario que está entre los más sólidos y exitosos del país.

Ella y su esposo, el empresario Alberto Dávila Díaz Granados, fallecido en 2015, trabajaron hombro a hombro para lograr el grupo empresarial que produce, transforma, exporta, distribuye y representa el sustento de dos mil familias en el Magdalena.

Abondano de Dávila, reconocida en la sociedad samaria, hizo una excepción a su propia regla y concedió una entrevista exclusiva a EL INFORMADOR, en la que habló sobre sus ocupaciones y su familia.

Recibió al equipo periodístico en su oficina, un amplio espacio dentro de un edificio ubicado en el Centro, junto a la playa, con una vista envidiable de la Bahía, El Morro y la Marina de Santa Marta, propiedad del grupo empresarial familiar.

La estancia reveló un poco sus gustos y afectos. En ella predominan las fotos de su esposo, cinco hijos y 18 nietos. También elementos decorativos náuticos, como barcos y timones. “Soy muy marina”, reconoce, antes de recordar que estuvo entre las candidatas a capitana en la primera edición de la Fiesta del Mar, hace 58 años, en una época en la que era excelente esquiadora. 

Vistió una blusa estampada con tonos aguamarina y un pantalón blanco. Como de costumbre, tenía el cabello recogido, perfectamente peinado. Durante toda la entrevista mantuvo una postura erguida, pero aun así lució desenfadada.

En todo momento mencionó a su esposo, a quien –admitió- extraña cada día más; y dejó claro el orgullo que siente por sus hijos, a quienes describió como personajes exitosos.


EL INFORMADOR (EI): ¿Cómo se describiría a si misma Carmen Abondano de Dávila?

Carmen Abondano de Dávila (CAD): “Yo principalmente soy una madre”.

EI: Usted es madre y empresaria a la vez. ¿Cómo hizo para cumplir ambos roles?

CAD: “La tarea más difícil que he desempeñado es ser madre. Creo que no lo he hecho tan mal, porque hasta ahora tengo unos hijos muy exitosos. Eso lo logré gracias al maravilloso matrimonio que tuve con Alberto durante 55 años”.

EI: ¿Qué extraña de él?

CAD: “De él lo extraño todo, fuimos una sola persona. Todo lo que hicimos, todo lo que tenemos, todo lo que logramos fue gracias a un trabajo hombro a hombro”.

EI: ¿En qué año se casaron?

CAD: “Nos casamos acá en Santa Marta en 1960 después de cinco años de novios. Yo tenía 19 años, él 21, éramos muy jóvenes. Éramos polos opuestos; él era conciliador y con temperamento suave, yo la de carácter fuerte y disciplinada; pero ese equilibrio nos funcionó”.

EI: ¿En qué momento inició su función social?

CAD: Para eso me toca contar desde el principio… Después que nosotros nos casamos nos fuimos a vivir a Fundación, a la hacienda Tequendama, que es la madre de toda la organización. Alberto hacia su trabajo como agricultor y yo empecé con mi actividad social. Yo había vivido todo el tiempo en Bogotá, así que para mí fue difícil el traslado a Fundación, donde no había ni luz, pero la función social me llenó mucho de satisfacción y aún hoy veo los frutos”.

EI: ¿Qué hacía en ese entonces?

CAD: “Como en todas las haciendas, había desorden entre los empleados: ‘peloteras’, ‘pelaos en cueros’, ‘barrigones con parásitos’; entonces yo llegué a imponer orden. Todas las semanas visitaba cada una de las casas de los empleados, para ver que todo estuviera en orden. Así se acabaron los piojos, los ‘pelaos en cueros’ y ‘las peloteras’. Además, cada uno debía tener en el patio una siembra de pancoger –modelo de cultivo para satisfacer necesidades propias-. También hice mi primera escuela, a las 9:00 de la mañana cogía a los niños alrededor de un palo de almendras para darles clases hasta las 11:00; los enseñaba a leer, a escribir, a firmar. Después a los papás los cogía de 4:00 a 6:00 de la tarde, porque prácticamente todos eran analfabetas”.


“Como es usual en la costa, los hombres se gastaban toda la quincena los fines de semana parrandeando en Fundación y me dejaban a las mujeres y los niños sin la cena. Y yo dije: ‘hasta ahí llegaron’. Entonces fundé un comisariato. Cada familia tenía que pasar una lista de lo que necesitaba para su alimentación en la semana, eso se le despachaba y se le descontaba de la quincena al trabajador. Así tenia garantizada la comida de la familia. Todas las mujeres estaban de mi parte. Eso lo hice durante dos años, hasta que quedé embarazada de Rosa Paulina”.

EI: Entonces llegaron los hijos…

CAD: “Antes se suponía que uno debía llegar de la luna de miel con el ‘encargo’, pero yo me demoré un año y ‘pico’. En ese momento llegué a vivir en casa de mis suegros, como se acostumbraba antes. Esa casa estaba donde hoy quedan las oficinas de Daabón. Había mucha expectativa porque Alberto fue el único hombre entre siete hermanas, entonces si él no tenía un varón se iba a perder el apellido… Pero yo todos los días rezaba el Rosario para tener una muchachita, quería tener una hija y la Virgen me oyó y me la mandó primero”.

EI: ¿Es usted muy mariana?

CAD: “Sí, muchísimo”.

EI: ¿De qué advocación es devota?

CAD: “De todas”.

EI: Y después llegaron los varones…

CAD: “Después Papá Dios nos mandó a cuatro hijos hombres: Alberto, Manuel Julián, Alfonso y Juan Carlos”.

EI: ¿Y qué labor social cumple ahora?

CAD: “Seguimos teniendo escuelas... Una de las cosas más simpáticas que hacemos son los concursos de pintura de fin de año, en los que se elige un tema y participan todos los hijos de los trabajadores de las fincas; se hace una selección de los mejores trabajos y se estampan en las tarjetas de Navidad que entregamos; es un incentivo a su talento”.

EI: ¿Cómo se asentaron las bases de lo que es hoy el Grupo Daabón?

CAD: “Alberto toda la vida fue agricultor: fue algodonero, arrocero, palmero y también fue ganadero. A raíz de la ganadería tuvimos la primera empresa nuestra, que fue la Pasteurizadora San Francisco, que funcionó por mucho tiempo porque hacíamos todos los derivados de los lácteos, desde la leche pasteurizada, hasta helados, mantequillas, yogures y suero. Después vino Pastas La Samaria, que era de frutas deshidratadas y también la gerencié yo por un tiempo. Luego empezó a crecer la siembra de palma y nos volvimos más palmeros, de por si ese es el fuerte nuestro en este momento”.

“Cuando mis hijos terminaron la universidad en Estados Unidos y regresaron acá, empezamos a delegar. A Manuel Julián le entregamos la pasteurizadora. Luego empezamos a crecer, a fortalecernos, y Juan Carlos, mi hijo menor, le dijo a su papá que era el momento de configurar

un grupo empresarial, así comenzó el Grupo Daabón, nombre que surge de la unión de las palabras Dávila y Abondano”. 

EI: ¿Siempre fue un trabajo en familia?

CAD: “Todo se lo debemos al trabajo en equipo como familia, eso lo seguimos teniendo. La fortaleza más grande que tenemos, más que económica o de cualquier otra cosa, es la unión familiar”.

EI: ¿Qué hacía antes de ser gerente de esas empresas?

CAD: “Antes de ser gerente de la pasteurizadora  vendí huevos, hacia floreros para los hoteles, vendía fresas con crema y tuve por 11 años la primera academia de ballet de la ciudad; por mis manos y pies pasó media Santa Marta en esa época”.

EI: ¿Qué significa para usted la palabra Daabón?

CAD: “Una satisfacción. Me doy cuenta que cuando uno siembra en terreno fértil recoge una buena cosecha”.

EI: ¿Cuál cree que ha sido el mayor aporte de Daabón a la ciudad y el departamento?

CAD: “Somos de los primeros empleadores que tiene el departamento: tenemos a dos mil familias empleadas; para la ciudad y el departamento ese es un gran aporte. Además, nos involucramos mucho con la ciudad porque somos samarios, ciento por ciento samarios; nunca hemos perdido  de vista el bienestar del departamento y el progreso de Santa Marta. Por eso la Marina, la Zona Franca, todo ha sido aquí, esta es nuestra base”.

EI: Usted puede vivir en cualquier ciudad del mundo, ¿por qué se quedó en Santa Marta?

 CAD: “Por eso mismo. Si uno no piensa en su lugar de origen, sino cumple una misión, el éxito no sería tan gratificante. A nosotros nos dolió mucho la época en la que nos tocó salir del país, cuando la situación se puso tan grave por los secuestros. Arreglé un viaje en dos días y salí con todos mis hijos”.

EI: ¿Estaban amenazados?

CAD: “Sabía que estaban detrás de alguno de nosotros, tuvimos que arrancar y fue muy duro. Nos tocó reunirnos un jueves en absoluto secreto y el lunes no había un Dávila en Santa Marta y nadie lo supo. Pensamos que era mejor un año sabático, que quien sabe cuántos años selváticos”.

EI: ¿Cuánto tiempo estuvieron fuera de Santa Marta?

CAD: “Estuvimos fuera cinco años, hasta que gracias a Dios vino –Álvaro- Uribe y puso orden en el país. Fuimos a dar a un sitio equidistante de Santa Marta, a República Dominicana, para poder ir y venir con facilidad o que nuestros empleados fueran allá, porque aquí habían quedado todas nuestras empresas”.

EI: ¿Qué hace cuando no está al frente de Daabón?

CAD: “No tengo tiempo para nada. Soy la fundadora de Daabón, estoy en el Club Santa Marta, soy la presidenta y cofundadora del Colegio Bilingüe, miembro de la Junta Directiva del Museo Bolivariano y de la Universidad Sergio Arboleda”.

EI: ¿Cómo puede atender todo a la vez?

CAD: “Hago rendir el tiempo siendo organizada”.

EI: ¿Le queda tiempo para seguir haciendo el rosario?

CAD: “Lo hago todas las noches. Yo no me  acuesto sin rezar el rosario. Yo tengo las cenizas de Alberto en mi casa, las tengo en el jardín, por las noches ahí me siento a hacer el  rosario”.

EI: ¿Qué le pide a Dios?

CAD: “Le doy gracias, porque mi familia ha sido bendecida y ha recibido demasiada gracia”.

EI: ¿En algún momento llegó a pensar en la política?

CAD: “No, ni quiero que mis hijos se involucren en la política. Uno tiene que estar en lo que sabe hacer bien. Nosotros nunca hemos sido políticos. La política que hacemos nosotros es en el ámbito social, que hace la misma función, sin compromisos ni rendirle cuentas a nadie. A todos mis hijos les tienen puesto el ojo, sobre todo a Manuel Julián, el presidente de Daabón”.

EI: ¿Qué opina de las publicaciones que la ubican entre las mujeres más ricas de Colombia?

CAD: “Me parecen horribles. Primero que todo eso es absurdo, nunca me he considerado ni de las mujeres más adineradas de Colombia, ni de las más importantes. Soy una mujer común y corriente, que gracias a Dios con su esposo pudo sacar adelante la empresa que hoy tenemos, dedicada a los míos”.

EI: ¿Algún líder que admire?

CAD: “El papa Francisco”.

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EI: ¿Algún viaje que aún le falte hacer?

CAD: “Me hacen falta muchos, pero no sé qué tanto tiempo me quede”…

“Nunca hemos perdido  de vista el progreso de Santa Marta, todo ha sido aquí, esta es nuestra base”.“La fortaleza más grande que tenemos, más que económica o de cualquier otra cosa, es la unión familiar”.

Al frente del Club Santa Marta

Además de ser la cofundadora del Grupo Daabón, a Carmen Abondano de Dávila se le reconoce por su labor frente al Club Santa Marta.

“Cuando me propusieron formar parte de la junta directiva, el club estaba en muy malas condiciones”, recuerda la empresaria, quien a pesar de las dificultades aceptó el reto de rescatar el reconocido espacio social.

“Después que murió Alberto, el club se convirtió para mí en el mejor psicólogo, porque sentimentalmente significa mucho para mí: Ahí se me declaró Alberto cuando yo tenía 15 años, ahí nos casamos, ahí he casado a mis hijos y eso me ata mucho emocionalmente. Lo he podido sacar adelante con la cooperación de los otros miembros de la junta y hoy es un club que se puede comparar con los de cualquier parte del mundo”.

Además, el nacimiento del club, hace 105 años atrás, se registró en una de las casas de José Galo Alzamora, abuelo de Carmen Abondano, quizás otra de sus motivaciones por rescatarlo.

Carmen Abondano de Dávila
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