Un tesoro en la Luis Ángel Arango

Especiales 60 años
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La BLAA, una de las bibliotecas más importantes de Latinoamérica, tiene en su archivo letra a letra la historia de nuestra nación contada a través de los grandes medios. En este lugar, donde las viejas ediciones de los periódicos son resucitadas por los visitantes, EL INFORMADOR ocupa un lugar muy especial.
Por: Otilio López M.
Especial para EL INFORMADOR

Bogotá DC. A las 2:00 de la tarde, el barrio La Candelaria en el centro de Bogotá es el espacio donde confluyen asiáticos, norteamericanos y europeos con cámaras colgadas al cuello detrás de un guía que habla en inglés. Bogotá DC. A las 2:00 de la tarde, el barrio La Candelaria en el centro de Bogotá es el espacio donde confluyen asiáticos, norteamericanos y europeos con cámaras colgadas al cuello detrás de un guía que habla en inglés. 

Todos van descubriendo los museos y monumentos de la capital colombiana. El grupo de turistas se para enfrente de uno de los lugares que no puede faltar en el recorrido: la biblioteca Luis Ángel Arango, BLAA. 
Mientras tanto, dentro de ese edificio, en una sala llena de estanterías grises y computadores, una delgada chica pone sobre la mesa lo que parece un libro gigante y antiguo de color marrón con un borde negro. Sobre el lomo puede leerse el nombre: EL INFORMADOR. 

 
Estoy en este lugar, considerado como uno de los centros culturales más importantes en Latinoamérica, porque la biblioteca tiene la hemeroteca más completa de Colombia con una extensa colección de periódicos y revistas, que incluye la primera publicación escrita que circuló en el país en 1785, llamado ‘Aviso del terremoto’.

El objetivo es revisar el archivo y ver quepedazos de la historia del periódico EL INFORMADOR puedo reconstruir, auscultando en textos que periodistas, columnistas y editores dieron vida desde una sala de redacción.

 En cierta forma, pienso que al abrir estas páginas se levantarán de un sueño las letras y noticias que permanecen dormidas esperando un nuevo lector. Ya en la hemeroteca, Luz Dary, una trabajadora del lugar me ayuda a buscar en el sistema los periódicos de EL INFORMADOR. —Si encontré, están desde el año 1963— me dice. Por tener los ejemplares en físico bajo absoluto cuidado es necesario redactar una carta y llenar una solicitud, después esperar que el jefe del área autorice.
Mientras llega una respuesta, Luz Dary me cuenta que todos los periódicos del archivo son muy consultados por profesores, estudiantes, investigadores e historiadores. Guardan tanta información del país que hemos contado, que son conservados como verdaderos tesoros y por eso una vez me aprueban el ingreso me exigen usar guantes de látex y tapabocas.

La sala donde me autorizaron entrar está en completo silencio, a diferencia del resto de pasillos de la biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, que recibe casi cinco mil personas por día y que por estos meses tiene más gente de la habitual porque este 2018 al igual que EL INFORMADOR está celebrando 60 años de historia en cabeza de su director Alberto Abello Vives, cuyos apellidos lo delatan como samario.

Páginas con historiaAhora, que por fin puedo tener el periódico en las manos lo abro con mucha expectativa. Es la edición del 8 de noviembre de 1963, fue un viernes. La portada es encabezada por una nota política en la que don José B. Vives aconseja sobre un nuevo Directorio Liberal después de un escándalo en una época de marcada agitación política en el departamento. 

Por esos días de noviembre la noticia se centraba en la visita de la novena puertorriqueña de béisbol, que llegaba invicta a Santa Marta para disputar un duelo frente a Magdalena. Previo al partido que acaparaba la expectativa de la ciudad, una nota bien lograda daba cuenta del inmenso potencial de la selección boricua. 
El escrito hacía un recuento del average que tenían los peloteros Noel Rodríguez, Tony Meléndez y otras estrellas de la novena visitante.  

Después del encuentro EL INFORMADOR tituló: ‘El Magdalena se vistió de gloria’. Y si, la selección departamental le había quitado el invicto a la potencia puertorriqueña en tierras colombianas.  Mientras la tarde avanza en el cuarto lleno de tesoros literarios y periodísticos, yo  me imagino las noticias de mi tierra que no viví.  Por ejemplo, el 13 de noviembre de 1963 en la portada se anunciaba la entrega de la Hostería Punta Betín a una comisión de científicos alemanes representada por el señor Hans Linn, para que allí funcionara el Instituto de Investigación Biológica.

La nota se registraba con la hora exacta de la firma del acuerdo y se catalogó como un gran paso para la ciencia e investigación marítima colombiana. 
Pero en la Luis Ángel Arango, yo no soy el único emocionado sumergido en el pasado. Camila, una colombiana que vive en Canadá, completa ya dos días revisando el periódico El Colombiano de Medellín de la década del 60. 

Vine a Colombia porque estoy haciendo una investigación para mi maestría sobre los inicios de la energía hidroeléctrica en Colombia, estos periódicos son un patrimonio para los investigadores —me cuenta.
Este es el primer libro de ejemplares de EL INFORMADOR que la hemeroteca más importante del país guarda en sus archivos.
Este es el primer libro de ejemplares de EL INFORMADOR que la hemeroteca más importante del país guarda en sus archivos.
 Y es que un archivo en la Luis Ángel Arango y toda su Red Nacional de Bibliotecas, nunca está condenado a perderse en el tiempo y el olvido. Las manos de los cinco millones de visitantes anuales, hacen que para un escritor o un medio estar aquí sea un privilegio. “Durante el año 2017, el total de ejemplares prestados y consultados en la BLAA fue de 690.690. Anualmente se compran, en promedio, 70.000 volúmenes”, comentó el director Abello Vives al periódico El Tiempo. Cuando la noche cae sobre el cielo de la capital yo sigo pasando las delicadas, pero bien conservadas páginas de EL INFORMADOR, un tema me seduce, el cubrimiento de la muerte del presidente Jhon F. Kennedy que sacudió al mundo. Durante varios días el periódico fue haciendo seguimiento a esta noticia.

Es imposible no sentir admiración por esos periodistas que sin las herramientas digitales hacían lo mejor posible para contar un evento de tal magnitud. Las palabras que dedicaron las entidades y los líderes del departamento sobre ese acontecimiento, me dan una idea del impacto de la muerte del presidente norteamericano en la sociedad. No pueden faltar las notas del Unión Magdalena, que ese año fue muy criticado por su mala campaña.

Además, aunque usted no lo crea, al finalizar 1963 ya un periodista escribía sobre el mal estado del estadio Eduardo Santos y finalmente una nota casi fatalista cuestionaba por qué ya las temporadas turísticas no eran como antes.   Al final, satisfecho por este viaje a través de las letras lo único que se me viene a la mente es que hace 55 años los temas se parecían tanto a los actuales, como si un lazo fuerte sostuviera el pasado y presente. Ese lazo es EL INFORMADOR, un tesoro abierto en la Luis Ángel Arango para quien quiera saber de qué hablamos los samarios. 
La portada es encabezada por una nota política en la que don José B. Vives aconseja sobre un nuevo Directorio Liberal después de un escándalo en una época de marcada agitación política en el departamento.
La portada es encabezada por una nota política en la que don José B. Vives aconseja sobre un nuevo Directorio Liberal después de un escándalo en una época de marcada agitación política en el departamento.
 *Otilio López fue periodista de EL INFORMADOR hasta el año 2013. Actualmente trabaja para Caracol Televisión y es cronista en la Revista DONJUAN. Twitter: @otilopez

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