Don José B. Vives El hombre y sus ideas

”No existe en el medio municipal samario ni en el ámbito departamental magdalenense, ninguna otra figura tan acatada ni tan desatendida, tan vituperada ni tan elogiada, como es el muy popular y muy prestigioso ‘Pepe’ Vives’”

Crónicas 60 años
Tamaño Letra
  • Font Size

Una crónica escrita por Antonio Cardona Jaramillo, publicada por EL INFORMADOR el 16 de mayo de 1962, sobre uno de los personajes más influyentes de Santa Marta y el Magdalena: José Benito Vives De Andréis.

En el texto se relatan los orígenes del empresario y político, mejor conocido como ‘Don Pepe’, y un poco de sus gustos, sus afectos y sus ideas.

Por: Antonio Cardona Jaramillo

El reportaje es una función de asalto, de guerrilla, de controversia, de lucha limpia entre una pregunta y una respuesta. Curzio Malaparte decía que la mejor respuesta era otra buena pregunta. La estrategia del reportaje no está en alabar ni en confundir, sino en combatir. Entre el hombre que pregunta y el hombre que responde, se corre el peligro de que el uno o el otro, o ambos, queden tendidos en el campo. El reportaje es la tremenda batalla de la sinceridad, de la pureza, de la claridad espiritual.

Las ideas, para que cumplan su misión de aglutinar, de convencer, de eternizar, de misionar, tienen que poseer la desnudez del agua, de las espadas, de la sangre. El camino de los grandes apóstoles han sido las parábolas.; y detrás de ellas, de su luz, la humanidad marcha fervorosamente, convencidamente, en pos de su infierno o de su cielo. El destino del hombre, del apóstol, del caudillo, palpita como un pecho en su verbo y en su acción. En aquello que habla y en aquello que obra. El gran conductor no se salva por el espíritu ni por la sangre, sino por su pasión. Hay que vivir apasionadamente para poder morir apasionadamente.

La existencia es una simple cuestión de vida o muerte, entre la frialdad o la pasión. Yo, para decirlo resueltamente, ya definí mi alma por la pasión desesperada del amor. Del amor a mi Dios, a su reino y a su eternidad. El reportaje es igualmente una confesión entre dos, y yo me adelanto a la mía, para empezar la jornada.

Los demás, los otros, yo no sé cómo verán los otros y los demás a don José B Vives De Andréis. O sí lo sé, pero ello no es fundamento que influya en mi manera de analizarlo o de conocerlo. Indudablemente, no existe en el medio municipal samario, ni en el ámbito departamental magdalenense, ninguna otra figura acatada ni tan desatendida, tan combatida ni tan defendida, tan vituperada ni tan elogiada, tan querida ni con tantas desafecciones, como el muy popular y muy prestigioso ‘Pepe’ Vives, rodando como agua por todos los labios y por todos los pueblos.

Yo sé de muchos dispuestos a dar su vida por él, hasta sus últimas gotas de sangre.

“Ellos seguirán con mi sangre, siempre hasta el fin”, dijo ‘Don Pepe’ sobre su descendencia.

Pero también conozco a otros con opiniones y conceptos totalmente adversos. Y cual será, me digo yo, el real y verdadero de José B. Vives De Andréis: ¿el de sus fieles o el de sus opositores, o el que yo he tratado de analizar, de conocer, de estudiar y de leer a través de quinientos setenta y cinco días a su lado y su sombra, en una amistad que para mí ha sido alimento de consuelo y de ejemplos?

¿Cuál será el cierto y el efectivo don José B. Vives De Andréis, el nieto del genovés don Giuseppe De Andréis, coterráneo de don Cristóforo Colombo, que llegó a nuestro continente americano en 1834 entre los “camcie rosse” del héroe del Resurgimiento Italiano Don Giuseppe Garibaldi, para anclarse como una semilla en nuestra samaria playa colombiana? ¿La estampa, entonces, de este orgulloso y vital descendiente del legionario garibaldino, será la que se bruñe en las “viñas de la ira”? ¿O a qué se esculpen la medalla del afecto, de la amistad y del amor? Entre los dos lápices, ¿cuál es y cual no es? ¿Sabían todos, atacantes y defensores, que Pepe Vives llegó navegando en la sangre entre esperanza y fiebre de un abuelo que conversó y convivió con Garibaldi y que aquí en Santa Marta se hundió en la muerte como una noche iluminada entre la Sierra Nevada y el insondable océano Atlántico? Son los secretos ancestrales, en la voluntad y en el carácter.

José B. Vives De Andréis no es el trazo de unos ni el dibujo de otros. Entre quienes se equivocan por afecto y entre quienes no aciertan por exageración, el término medio no es precisamente la media humana ni mental de Pepe Vives.

Él es simplemente el hombre que actúa, el hombre que piensa, el hombre que obra. Oigámoslo brevemente en el diálogo. Oír a una persona es casi verla interiormente. Oigámoslo en lo que él cree y en lo que él quiere y lo que él juzga, para que sea él mismo que vaya surgiendo de su propio universo. O de su mismo caos. Pero muy equívocamente, de toda su ánima.

Yo le pregunto a mi amigo Vives cuál es su vocación. Cuál es el punto de partida de su fortuna. A quién o a quiénes juzga él como los personajes o como la figura más representativa en su departamento. Cuál figura histórica le hubiera agradado ser. Entre las ciencias y las artes y las letras, dónde se encuentra su mejor de devoción. Cuál juzga como el momento estelar de su vida. Quién ha sido, en su análisis y concepto, el mejor presidente de Colombia. Cuál es su obra literaria predilecta y quiénes son sus autores preferidos. Que lo ha desagradado mayormente en su tránsito humano y aquello que lo haya reconciliado con sus ocasionales enemigos. Cuál es su “hobby”. Y como mi respetable amigo Vives es propietario de tierras y guineos y vacunos, le suelto mi final disparo pidiéndole su juicio sobre lo que tienen en los sesos todos los colombianos, gobierno y gobernados, políticos y electores, patrones y asalariados, comentaristas y desocupados: La reforma agraria. Lúcido, elocuente, fluido, responde sin ambigüedades ni circunloquios. Contesta con énfasis, con fe de estar diciendo su verdad.

Don José B. Vives es un hombre nervioso, pero ahora es calma y es placidez. Está en uno de los momentos cruciales y fulgurantes de su destino, librando como conductor del Magdalena y como capitán político una descarnada y desgarrada batalla por su país y por su partido y en su nombre por el nombre de todos sus amigos, y no obstante la dura fatiga de la lucha se halla tranquilo, pleno, sosegado. Nació el 3 de abril de 1895, y ahora está en lo mejor y en lo más pleno de su ardorosa juventud. Porque la juventud es un problema de alma y a Pepe Vives le sobra y lo rebosa. Una de sus lindas subalternas, no yo, es que no es quien lo advierte  y me lo dice, muy de paso y fugaz. ¡‘Don Pepe’ está joven y buen mozo! Y para vernos a los hombres, pues las mujeres son mejores que nosotros mismos, los hombres.

Mi vocación, - empieza a decirme ‘don Pepe’-, no es propiamente la política. Yo no llego nunca a ella. A mí me llevan, que es un caso distinto. Mi vocación es la economía, son los negocios, es el trabajo. Desde pequeño, de los diez a los doce años, he sido un hombre de negocios.

Yo recuerdo que en mi niñez, en el almacén de mi padre, ya tenía mi clientela propia. Les  suministraba, y con sobra de diligencia, cuánto me solicitaban: cigarrillos, arroz, harinas, fósforo, chocolate, café, vinos, toda clase de víveres.

Trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Allá está, precisamente, el punto de partida de lo que usted llama mi fortuna. Mis primeras utilidades, mis primeros ahorros, mis primeras economías, me sirvieron para comprar una casa por doscientos cincuenta pesos en la calle ‘Tumbacuatro’ (19) con carrera cuarta, la cual arrendé a veinte pesos mensuales. Sí. Indudablemente, hacer fructuosos negocios, crear grandes empresas, producir riqueza, bien sea para mí o para quienes tengan confianza en mis capacidades, esa es mi vocación.

“El general José María Campo Serrano, - continúa -, y el doctor Luis A. Robles, son en mi sentir las figuras más ilustre en el Magdalena. En la misma dificultad de su pregunta está la facilidad de la contestación. Yo hubiera querido ser Abraham Lincoln. Fue él quien dijo: ‘un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo’”.

“La música, sin duda alguna, es mi mayor devoción.

Cuando le pregunto que cuál juzga el momento estelar en su vida, don José B. Vives  vacila, calla, recuerda. ¿Haber sido gobernador del Magdalena?, pienso yo. ¿Haber sido alcalde mayor de Santa Marta? ¿O haber sido electo representante a la Cámara? Un dulce, un evocador aire de amor lo cruza interiormente, y me contesta como navegando su corazón en el pasado. “Ese momento son dos: Mi matrimonio y mi viaje a Estados Unidos, para continuar mis estudios en ciencias económicas, el 5 de agosto de 1915. Llevaba seiscientos dólares por todo capital”.

Y aquí fue su respuesta más rápida y más afirmativa: “El doctor Eduardo Santos ha sido el mejor presidente de Colombia”.

Mi obra literaria predilecta, - me dice -, es ‘Don Quijote de la Mancha’. “En mis escasos momentos de reposo y de tranquilidad, yo regreso como a una antigua lección a esa obra maravillosa y monumental. Siempre me hallo en ella con nuevas enseñanzas y con la misma belleza de la sencillez. Y no olvido, naturalmente, el primer libro que leí en lengua inglesa: ‘Siles Morner’, de George Elliot. Mis autores preferidos son Shakespeare y Carlos Dickens”.

Mi obra preferida es ‘Don Quijote de la Mancha’, confesó José B. Vives De Andréis.

“Aquello que más me ha desagradado, - continúa -, fue la casi sangrienta oposición a mi gestión de gobernante. No me hirió por lo cruel, sino por la injusta. Pero como la verdad se impone por sí misma, en ese desagrado se gestó mi mayor satisfacción, porque fueron los mismos jefes políticos y hombres de garra y de pelea que me combatían, quienes formaron la calle de honor para que yo regresara, cumplidas mis obligaciones y mi mandato, a la buena paz de mi vida privada. Yo memoro algunos nombres de ellos, con mi afectuosa amistad: Anacreonte González, Carlos Angulo, Manuel Ariza y Heriberto Pabón Ramírez”.

Siendo un hombre de acción, un creador de riqueza, un potentado, una especie de envidiado y envidiable y fabuloso ‘Rey Midas’ que no todo lo que toca sino todo cuanto mira lo convierte en oro, el “hobby” del popular don ‘Pepe’ Vives es el de un soñador, el de un vago lírico, el de un poeta sin su ‘residencia en la tierra’. Yo le preguntó cuál es su “hobby” y cuando me imagino su respuesta por los manteles de una buena mesa o por capitosos  vinos, o por allá por las colinas del Lazio en ‘El Rapto de las Sabinas´, él me asevera que su “hobby” es la lectura, es el cine, es la música. Extraordinario fenómeno, en un millonario. Pero muy simple y muy común caso, en ‘Pepe’ Vives, que no esconde, ni puede hacerlo, pertenecer al pobre pero glorioso gremio de ‘la poesía secreta’.

Mi amigo se ríe, se burla de la política al decir que él no es un político. Y yo le digo y lo creo yo, por el conocimiento que tengo de sus capacidades políticas, de sus facultades políticas, de su ardor político, de su malicia, de su astucia política, de su olfato político y, sobre todo, de su ojo político. Porque el gran político, el político de estirpe, está esencialmente en la vista; en ver las cosas que van a suceder. Y don José B. Vives De Andréis, tiene una nariz de venado, ve en la sombra, como las lechuzas, como los búhos. Para las empresas, para la administración pública, para los negocios, para hacer porvenir, para crear grandes instituciones, su ojo es de águila, para no acudir al ejemplo de animales rapaces que no sean de nuestra misma altiandina montañas. Un puñado de obras, duraderas como la piedra milenaria, hablan de su energía y de su acción. A donde quiera que se observe en Santa Marta, que es el ‘país natal’ de sus múltiples afectos, ahí está escrito su nombre, que ya no se borra, por la mano agradecida de la historia. Un hospital, un hotel, un teatro, una escuela, una avenida, un altar para el Padre Ecuménico de la Libertad., don Simón Bolívar, un camino, un puente, una secreta obra de caridad, una Federación de Productores de Banano, un Banco Bananero del Magdalena, una Compañía Bananera de Seguros, un magnífico periódico y muchísimas otras cosas más, en todo palpita su nombre de realizador y de ejecutor.

Manuel Benjamín Carrión, el ilustre pensador americano de Loja la ecuatoriana, escribiría su biografía, titulándola: San José Benito Vives De Andréis. Pero este personaje, que rebasa las medidas de nuestro destructor medio amerindio, es para mí un pulso, un temperamento, una pasión que se desborda hacia la política. Para no buscarle otro trazo ni otro perfil, es un político. Un político en toda la nobleza del vocablo. Por lo sereno y por lo  violento. Por lo soberbio y por lo humilde. Por lo orgulloso y por su modestia. Por su garra y por su mansedumbre. Sin darse cuenta de ello, de que si es un animal noble de controversia política.

”Las ideas, para que cumplan su misión de aglutinar, de convencer, de eternizar, de misionar, tienen que poseer la desnudez del agua, de las espadas, de la sangre”.
Publicidad