Santa Marta está invadida de revistas pornográficas

Crónica publicada por EL INFORMADOR en la edición del martes 23 de agosto de 1977

Crónicas 60 años
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En una época cuando los tabúes eran pan de cada día en los medios de comunicación, algún autor quien decidió guardar su nombre en reserva debido a las críticas moralistas de entonces, se atrevió a escribir una de las primeras crónicas urbanas que fue expuesta en EL INFORMADOR.

Fue el 23 de agosto de 1977, hace casi 41 años, y hacía referencia a la proliferación de revistas exclusivas para adultos colgadas en los puestos de ventas en las esquinas de las principales avenidas de Santa Marta.

A través del escrito, el periodista hace un duro cuestionamiento a quienes estaban con la responsabilidad de controlar la libre comercialización de estas publicaciones.

En realidad en el país todas las leyes se quedan escritas, más si su incumplimiento sirve para la explotación humana. Porque hay disposiciones tajantes, que permanecen archivadas y que ningún funcionario por pereza física y mental sacude el polvo del que están cubiertas, para ponerse a trabajar en la materia.
El control por parte del gobierno del material de lectura que llega a manos del desprevenido ciudadano colombiano, es fundamental. Para el efecto se ha legislado en otras épocas, pero con leyes que no han sido derogadas, sino que no se cumplen, ésta es la verdad.

La pornografía es una literatura que es perseguida en todos los países que se estimen, máxime cuando ahora la adornan con fotos de igual estilo, y son tan vivos que del libro han pasado a la edición de folletos, fotonovelas, cuya editorial, como en el caso de una que lleva el sugestivo nombre de ‘Pecado’, violando claras disposiciones sobre responsabilidad tipográfica, no imprime su nombre ni las personas que responden por dicha publicación.

El Ministerio de Educación, por ejemplo, los consejos de niños, los jueces de menores, las funcionarias que tienen a su cargo velar por la buena formación de la niñez, han venido desatendiendo este aspecto importante sobre la incontenible circulación de las malas lecturas, ahora adobadas con foto-novelas en las cuales no solamente se presentan escenas de alcoba, sino que se llega a la vulgaridad más grande en el lenguaje y en las acciones, además de que cada entrega que hacen, en el fondo tiene un argumento que debe hacer mucho daño sobre todo en las mentes de nuestra juventud de ambos sexos.Esta revistilla, ‘Pecado’, viene circulando en los hogares samarios a paciencia también de los padres de familia, que son tan descuidados en los actuales tiempos, que no solamente están pendientes de las clases de amistades que tienen, qué hacen cuando salen de sus casas, por qué razón frecuentan con mucha continuidad sitios de diversión, siendo víctimas el día menos pensado de asesinos a sueldo, que los acribillan cuando han cometido algún desliz, engaño o que han pretendido ser más vivos que los demás. Y no solamente está revista, ‘Pecado’, produce un daño moral a nuestra juventud, especialmente a las muchachas, porque a pesar de todo no dejan de ser románticas, y hay muchas, tal vez por ignorancia, que se aferran tanto a estas publicaciones, que hacen realidad sus ejemplos.

Por otro lado, el abuso y reabuso de algunas publicaciones colombianas, cuyos nombres no hay que señalarlos, porque están ubicadas entre la prensa llamada amarilla, que no respeta siquiera a la niñez ni a las víctimas de depravaciones, exhibiendo al país como una nación en la cual se ha perdido todo, aún la moral de sus hogares, lo que es incierto, porque gracias a Dios una gran mayoría no ha perdido el espíritu cristiano y se guía por las costumbres que han sido siempre timbre de orgullo de su ancestro católico.

Y no es que se piense que seamos mojigatos, porque como hombres hemos pasado por todo y hemos leído de todo, pero los excesos son malos, más que no hay un control para que estas clases de revistas lleguen solamente a manos de gentes maduras, que tienen coraza y de consiguiente no coincide en nada en su espiritualidad; pero revistas como ‘Pecado’ en manos de jovencitas con la cabeza hueca, germina una mala semilla cuyas consecuencias más tarde apreciaran los padres que hoy se descuidan de la lectura y de las gráficas que llegan a sus manos, con un grado de irresponsabilidad que abruma. Por otro lado, ¿qué lección sobre sexualidad pueden recibir estas jovencitas leyendo esta clase de revistas y viendo las escenas eróticas, cuando se presentan las cosas de una manera vulgar, no solamente en los textos sino en las gráficas?

Porque está bien que lean obras científicas sobre conocimientos que más tarde es importante que conozcan, pero no la pornografía llevada al más alto grado de vulgaridad que se pueda imaginar.En bien de nuestra juventud, especialmente de la femenina, sería de desearse que nuestras autoridades intervengan. Hay disposiciones que inclusive obligan a quienes tienen autoridad para decomisar las publicaciones que perjudiquen a la juventud. En Santa Marta hay un juez de menores, está el Instituto de Bienestar Familiar con funcionarios que pueden intervenir, porque se llega hasta el abuso, que es lo contraproducente. Quienes tienen esta clase de pornografía no se fijan a quién se la venden y ahí es donde está el peligro y el veneno.

No son los llamados libreros de profesión, qué tienen una conciencia más definida sobre la venta de una revista o de un libro, porque no se la venden a todo el mundo, corresponsabilidad que es su patrimonio principal.

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