Antro tenebroso es la cárcel de Santa Marta

Crónica escrita por Marceliano Polo Restrepo para EL INFORMADOR

Crónicas 60 años
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En fervorosa promiscuidad viven 335 presos. “Chinche”, hedentina y calor “nos mata”, dicen.  La justicia tiene abandonada a la mayor parte de los penados.En fervorosa promiscuidad viven 335 presos. “Chinche”, hedentina y calor “nos mata”, dicen.  La justicia tiene abandonada a la mayor parte de los penados.

Una crónica de M.P.R
especial para EL INFORMADOR
Fotos:  LineroFernando Durán Pabón, de quien esperan los presos una labor en beneficio de ellos y el mejoramiento de las condiciones carcelarias.

Una cárcel debe ser, antes que todo, de acuerdo con el criterio de los entendidos en la materia, lugar de readaptación, en donde se purga una pena impuesta por la ley, y que sirva, en vez de estímulos para la comisión de más delitos y la tecnificación para la misma delincuencia, un lugar, si no holgado para el ocio, si un sitio en el que se puede reprimir no solo el crimen, la violencia, el robo y las infracciones simplemente, sino para que allí, los presos, salgan unos hombres preparados para vivir en sociedad, a paz y salvo con ella y con ellos mismos, con su propia conciencia.

Las ‘14 ventanas’

Todo el mundo en el país conoce, aun cuando sea por simple referencia, cuál es la cárcel de Santa Marta: ‘Las 14 ventanas’. Una casona que data de viejos tiempos, estilo colonial, cuya construcción, de paredes derruidas, carcomidas y sucias, señalan la imperante necesidad de renovar, cuanto antes, su edificación para que la misión carcelaria pueda operar dentro de los modernos métodos.

Una visita

Con el propósito de dar a conocer la situación no solo del edificio del penal, sino de la forma como comparten allí sus vidas las personas que por una u otra circunstancia de la vida se hallan allí recluidas, un redactor de este diario estuvo recorriendo cada uno de los rincones interiores de la cárcel, en virtud de un permiso que nos facilitara el nuevo director de la misma, periodista Fernando Durán Pabón, a quién le ha sido encomendada la ardua tarea de hacer de aquel lugar un sitio distinto, con una política de administración distinta, no sólo desde el aspecto económico simplemente, sino en lo que se relaciona con el trato de uno y otro preso.

Cuadro dantesco

Una inmensa sensación de tenebrosidad es la que se recibe al entrar en aquel lugar de las ‘14 ventanas’.
Cada uno de los aposentos y pasillos están completamente negros de la mugre, y la hedentina que allí se percibe es realmente infame.
En los patios hay más de 300 hombres muchos de los cuales en las peores condiciones; unos llevados allí por sospechas, otros, la mayoría, por delitos de diversa índole.

La cárcel es algo cruel que nos hace remover los sentimientos más nobles y nos inspira caridad, tristeza y lástima por aquellos seres que en una promiscuidad asombrosa viven al margen de la sociedad, olvidados del mundo, y de la misma ley.

Allí, repetimos, se respira un ambiente de muerte, olor nauseabundo, a pocilga y a cloaca.

Los cuartos y pasillos son estrechos y oscuros, parece que aquel sitio hubiera sido construido para un convento diabólico y no para una cárcel; los patios son pequeños y los presos están prácticamente unidos entre sí, por el relativo espacio que existe para tanta gente.

Las celdas, sin camas, o mejor, con unos camastros destartalados, sin fondo y oxidados, no tiene nada distinto a los cuadros que gráficamente dejaron en sus obras de horror y que espeluznan, los famosos escritores Petre Bellu,Renè Benois, León Tolstoy y el célebre autor de ‘Crimen y castigo’, Fedor Dostoievski.
Ninguno de ellos pudo imaginarse un lugar parecido al de la cárcel de Santa Marta, en donde las sabandijas, los murciélagos y las pulgas han encontrado el mejor lugar para habitar en asocio de los presos.

¿Hay sensibilidad?

Al ver estos cuadros de terror, de hombres que podrían convertirse en alienados por el mismo ambiente, cabe preguntarse.
¿Hay sensibilidad social en Santa Marta? ¿Es posible que en medio de una ciudad estén sucumbiendo paulatinamente unos seres olvidados del mundo? ¿O es una manera lenta de destruir vidas humanas?

Ni las cárceles del Rhin, ni los campos de concentración en la vieja Alemania y en Siberia, son tan crueles como la cárcel de Santa Marta, en donde el carácter más suave se torna agreste, temeroso y vacilante...

Los baños son inmundos y la fetidez llena el ambiente en forma desagradable y terrorífica.

Allí entre cartas y dominó; el juego del Cuco (con granos de maíz) y el humo del cigarrillo, culpables o inocentes están condenados a muerte.
Una verdadera pequeña ciudad de miseria y de muerte son los patios de la cárcel de Santa Marta.

Casuchas, trapos sucios, hombres sin camisa, barbudos con miradas criminales y risotadas grotescas hacen el marco de un pequeño mundo confuso en donde el delito se alimenta cada día en forma apasionante e injusta.
Y frente al cementerio de la ciudad, como si estuviera allí por una ironía del destino los más seguros caminos del delincuente, la más tremenda y mordaz de las realidades de un problema social que debe conmover a toda la ciudadanía.
Datos sobre la cárcelDe acuerdo con los datos que nos fueron suministrados gentilmente por don Fernando Durán Pabón, existen actualmente en el panóptico local 335 presos, de los cuales hay 8 mujeres y sindicados por los siguientes delitos: maleantes, porro, marihuana, abigeato, vagancia, etc., 65; por violación carnal y corrupción de menores, 15; por lesiones personales, 10; y por homicidios, 220, un crecido número por muertes violentas, lo que debería ser suficiente para llamar la atención de los gobernantes, sociólogos, jueces y hombres de estudio, a fin de que busquen la manera de reprimir la delincuencia en todos los sentidos, pues en realidad de verdad estas cifras son alarmantes en un medio tan pacífico como el nuestro.
Actualmente existen en la cárcel 22 guardias nacionales y 6 departamentales, para controlar a tanta cantidad de presos.

La alimentacion

“Si no nos hemos muerto, ha sido porque Dios es grande “ dijo uno de los presos cuando el periodista le preguntó cómo les parecía la comida que le suministraban allí.”
“Es la suficiente que nos pueden dar por un peso con veinte centavos diariamente”.
Dijo otro: ”usted sabe que el precio de un desayuno mal presentado tiene el precio de un peso con cincuenta centavos.Así es que imagínese cómo es nuestra alimentación”.

La sección femenina

Un largo pasillo con unas puertas anchas y de madera gruesa, sucia y maloliente y con unos tremendos candados a la antigua, es la sección que le corresponde a las presas o detenidas.
Ahí hay ocho mujeres, mal alimentadas, con los rostros desencajados por la miseria y la mirada llena de angustia...
Pero con las mujeres están también pequeños hijos en aquel ambiente de suciedad y de lástima.
El cuarto en donde se duermen es comunal; trapos y ollas negras, del ‘paisaje’ carcelario del panóptico.
- “Yo tengo cuatro hijos en la cárcel que me acompañan y cuatro están en el pueblo, en Fonseca”, nos dijo la mujer Elena Barros, de 39 años, y que se encuentra detenida con Luisa, Juan, Julio y otro pequeñito.
También está preso su marido.
¿Delito? Un vecino de ellos amaneció muerto el día 20 de julio del año pasado allá en Fonseca y la policía se los trajo a todos, a los que estaban en casa, y los metieron al ‘bote’, y en esto tienen ya varios meses.
-¿Y usted por qué está aquí?, preguntó el reportero a María Teresa Sánchez.
- Por la muerte de mi marido.
Eso ocurrió el 11 de febrero del año pasado en el barrio San Martín de esta ciudad.
Tratando de recordar, la mujer levanta la mirada y se pasa la mano derecha por la frente, y agrega:
- Él me trataba tan mal, siempre me pegaba, me golpeaba injustamente.La última vez se presentó a la casa como un diablo y con un tubo me golpeó la espalda hasta el punto de que yo estoy enferma del pulmón izquierdo. Yo, en el forcejeo, logré quitarle el tubo y golpearlo en la cabeza. Fue llevado al hospital y allí murió de tétano, según dijeron los médicos, y no por el golpe que yo le di.
“Y aquí me ve usted presa, esperando que el doctor Pinto, mi abogado, me solucione el problema”...

La hija del penal

- ¿Y usted?, interrogó el reportero a Fidelina Herrera.
- Yo también estoy aquí por pura sospecha. Aquí vine en estado de gravidez y di a luz a esta niña que tengo en los brazos.
- ¿Entonces la niña nació aquí?
- Sí, señor. El próximo 25 cumple cuatro meses de nacida.
- ¿Y cómo se llama?
- No, no la he bautizado aún...
“Le llamamos ‘Hija del penal’”, dijo otra mujer que estaba escuchando y soltó una cierta sonrisa. “También tiene su marido preso, dizque por cómplice en una muerte”, agregó.

Presa una familia

Una familia entera está detenida. Se trata de la señora Sibila Gutiérrez con dos niños pequeños, con su papá Julián Gutiérrez, sus hermanos, ‘Pepe’ Gutiérrez y Mauricio Gutiérrez, a quienes se sindican de haber actuado en complicidad en la muerte de los señores Román Márquez y Juan Márquez, uno de los cuales dio muerte a Emeterio Gutiérrez, de la familia Gutiérrez que está hoy detenida.

Yo no lo maté...

Allí, en la sección de mujeres del penal, encontramos a la joven Carmen Ojeda, de 24 años, quien está sindicada de haber matado a su hijo recién nacido en Pivijay hace algunos días, cuyos detalles dio a conocer este diario.

- Yo no quise matar a mi hijo. Todos lo saben. Lo que me ocurrió fue que me tocó ir a hacer una necesidad fisiológica y allí, sin querer, aborté a mi hijo que cayó en la letrina. Esto para mí fue casi mortal. No quise decir nada a personas distintas a mí familiares, pero así son las cosas. Si a mí me hace un examen médico se puede comprobar que no traté de forzar el nacimiento de mi hijo. Sin embargo hoy se me señala como una criminal. Pero hay Dios en el cielo...

A los ojos grandes de la joven se asomaron enternecidas dos lágrimas de inocencia y dolor, y así hay muchas personas en la cárcel, quienes posiblemente son inocentes de haber cometido delito alguno y están purgando una pena injusta, injusta por los procedimientos de nuestros funcionarios; injusta por la forma de instruir los sumarios; injusta porque ya han cumplido la pena, y ni el juez, ni el tribunal, ni nadie se acuerda de los presos para definirles su situación.
Allí están...esperando que la Providencia les haga el milagro, el dulce milagro de la tan costosa libertad.

“La tempestad”

¿Qué es ‘La tempestad’? Nada menos que un patio tremebundo, sucio, irremediablemente castigador; lleno de los más variados objetos, en donde se han construido casuchas para comerciar entre ellos mismos.
También le dicen ‘Corea’, y en él quedan los baños comunales, en donde pulula toda clase de enfermedades venéreas y toda clase de inmundicias.

“Mi caso, mi caso”…

Muchos presos reflejan en sus rostros una bondadosa apariencia, y a la presencia del periodista se le acercan y le suplican: “Por favor, mi caso, apunté mi caso”.
Todos quieren que denunciemos sus casos. Pero... ¡es imposible!

“Yo tengo una pena de un año” - nos dice Francisco Ramírez Mendoza - “y ya llevo 17 meses de cárcel”... “Yo debía pagar dos años de cárcel y tengo 30 meses”.
“¿Cómo le parece?”, nos dijo Marco Viloria con los ojos bien abiertos. “Estamos sin medicinas, sin implementos para trabajar”.

“Aquí nos estamos muriendo de tedio y la chinche nos está matando.Hay más chinches que perros en Magangué”, dijo otro molesto.
“Mire”, dijo uno que estaba encerrado en la celda N. 6, “dése cuenta cómo estamos aquí ocho presos durmiendo en el suelo, en esta pieza tan estrecha, de tres metros de ancho por tres de largo”.

Y en verdad, así pudimos comprobar como las celdas N° 1 y 4 también se encontraban repletas de reclusos.

León Bloy y un preso

¿Y tú que haces?, preguntó el reportero a Rafael Cortés Lara, sindicado por homicidio y encerrado bajo llave en la celda N.º 1 con otros compañeros.
- ¿No ve que estoy leyendo?

Efectivamente. Rafael Cortés tenía en sus manos el libro ‘El mendigo ingrato’ de León Bloy, y estaba en la página 34 muy extasiado en uno de los primeros párrafos que repetía entre dientes: “Es la horrible semana del vencimiento del alquiler y en casa se carece de todo”...

Aun cuando le sustrajeron el plumero al reportero sin que éste se diera cuenta, los presos se mostraron muy cordiales, sonrientes y deseosos que denunciáramos la situación aberrante que hay en la cárcel de Santa Marta, que más que cárcel es un terrible antro de perdición, en donde la vida juega un oscuro papel: de morirse lentamente, no sólo física, sino espiritualmente a espaldas de una sociedad que se dice cristiana…

La promiscuidad

Hasta dónde ha llegado el colmo en la cárcel de Santa Marta, que junto con los presos, peligrosos o simples infractores de casos de policía, están también varios locos.

Allí encontramos a Eladio Ramírez, ‘Yayo’, un negro alto, corpulento, con una barba crecida y la cabeza forrada con un trapo, medio cuerpo forrado con latas viejas y entre las piernas un pedazo de palo que llama su corcel.

Su locura radica simplemente en dárselas de un caballero a la antigua, con una coraza de lata en el pecho y unas ligas en las piernas.
Afortunadamente la paranoia de ‘Yayo’ no pasa de ahí, y los presos se limitan a sonreír de sus gestos de andante escudero.

Así, pues, como lo hemos presenciado, la cárcel de Santa Marta tiene hombres y mujeres, niños y locos en una promiscuidad asombrosa.
Allí no hay un solo aspecto de los sistemas modernos carcelarios. Allí todo es rudo, primitivo, oscuro y pavoroso.

Da la sensación de estar uno en las viejas galeras de España y Francia de la época medieval, o en las antiguas ruinas y murallas de las bóvedas de Cartagena, en donde la penumbra y la fetidez son el ambiente de gracia de aquel tenebroso lugar impropio no sólo para humanos, sino para los mismos animales.

Y la cárcel moderna

Según fui informado -dice don Fernando Duran Pabón- estará lista para fines de octubre y se le hará su respectiva dotación, para eso debe llegar a la ciudad un visitador de la Dirección General de Prisiones.
Naturalmente, Don Fernando Duran Pabón tenía apenas una hora de haberse posesionado y no podía aparecer un panorama completo de la situación, de nuestra cárcel, pero tenemos la plena convicción que su criterio de organizador, su visión de hombre práctico y comprensivo serán más que suficientes para garantizar que la cárcel de Santa Marta estará en manos seguras y que, desde luego, habrá una reforma en todos los frentes.

El panóptico en cinemascope

La cárcel de Santa Marta es la mansión de los fantasmas vivos, en cuyos pasillos tétricos surge el drama de mil años de civilización detenida; sus paredones sombríos y pestilentes parecen el sepulcro de la maldición; un antiguo campo de concentración desolado; en donde la sangre humana es la salobre cicuta de un dolor permanente; en donde los reclusos pasean sus esqueletos pútridos de mil enfermedades y el alma revuelta de fétidos impulsos.
La cárcel de Santa Marta, a más de un castigo, es la muerte, la verdadera muerte física, espiritual y social.

Datos sobre la cárcel

De acuerdo con los datos que nos fueron suministrados gentilmente por don Fernando Durán Pabón, existen actualmente en el panóptico local 335 presos, de los cuales hay 8 mujeres y sindicados por los siguientes delitos: maleantes, porro, marihuana, abigeato, vagancia, etc., 65; por violación carnal y corrupción de menores, 15; por lesiones personales, 10; y por homicidios, 220, un crecido número por muertes violentas, lo que debería ser suficiente para llamar la atención de los gobernantes, sociólogos, jueces y hombres de estudio, a fin de que busquen la manera de reprimir la delincuencia en todos los sentidos, pues en realidad de verdad estas cifras son alarmantes en un medio tan pacífico como el nuestro.Actualmente existen en la cárcel 22 guardias nacionales y 6 departamentales, para controlar a tanta cantidad de presos.

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