“El arte es una constancia íntima por conocer la naturaleza”: Carlos ‘Pintuco’ Ospino

Texto y foto por Linda Esperanza Aragón.

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Sus años dedicados a la pintura primitivista han creado escenarios que recogen la cotidianidad del Magdalena, Cesar, Sucre y otros lugares de la Región Caribe.

Sus manos de niño escogieron el barro para representar los gritos y coros de la imaginación. Sus manos de adulto escogieron la pintura primitivista para contar cómo había estado viviendo la gente en Plato y Bomba (Magdalena). Ha hecho desde figuras religiosas hasta ponerle color al castigo de un pecador.

Es considerado por sus coterráneos como un hombre cuidadoso, pacífico e inteligente. Cuando se les pregunta qué tal es como artista, responden: “Ese hombre sí pinta bonito”.

Carlos ‘Pintuco’ Ospino a sus 62 años no sabe cómo abandonar el lienzo. Todavía tiene cuadros por hacer. Desea darle vida y textura a la ciénaga de Zapayán. Es el único pintor que tiene Bomba y el único artista interesado en pintar a las lavanderas de la región. Así como el pintor alemán Mauricio Rugendas capturó la situación del sujeto popular latinoamericano en su célebre boceto “El huaso y la lavandera”, Carlos se ha fascinado por contar a través de una pintura el devenir de las mujeres que todavía conservan este hábito.

Cuando supe que el próximo objetivo artístico de Carlos era pintar la escena de las lavanderas enjabonando sus ropas y conversando al mismo tiempo, decidí visitarlo. Esa fue una excusa para hablar un ratito sobre otros puntos de su vida y obra.

El pintor me recibió en su casa, o mejor, en su terraza con dos taburetes. Recostó el suyo a la pared y se acomodó. Quedamos frente a frete, expuestos a los ojos de los caminantes. Unos pasaron dando el habitual saludo: “adiós, adiós”; otros se asomaron por las ventanas y algunos se sentaron muy cerca para escucharnos.

¿Desde cuándo supo que le fascinaba pintar?

Lo supe en la escuela primaria de Plato. Mi área favorita era la de dibujo libre. Empecé haciendo formas de barro. Mis padres siempre me apoyaron. Más adelante reforcé mis estudios en la Escuela Superior Suramericana (Bogotá); estudié a distancia. Enviaba y recibía el material artístico. Aprendí mucho por mí mismo también. Yo me hice un pintor popular que trabaja el lado primitivista y surrealista.

En Plato vivió gran parte de su juventud. Allá fue donde descubrió que le gustaba la pintura y se encontraba rodeado de un sinnúmero de historias que luego podía rozar con sus pinceles.
El pintor, reconocido en Bomba como Carlos 'Pintuco'.
                                               El pintor, reconocido en Bomba como Carlos 'Pintuco'.

¿Por qué se quedó a vivir en Bomba?

Yo te tenía mi taller en Plato, pintaba y dibujaba a cualquier hora y me rebuscaba en la plaza con mis productos artísticos. Pero me vine a Bomba en el 78 porque me enamoré de una bombera. Ella no quiso quedarse a vivir en mi pueblo natal, así que nos quedamos en su tierra. Bomba me gustó. La calidez humana me hizo quedarme.

Bomba posee incontables historias que no paran de ir de boca en boca también. Su cielo y suelo son distintos todos los días.

Las nubes y la tierra me ofrecen figuras. Todo dice algo. Asimismo la ciénaga de Zapayán y sus lavanderas son una historia. Quiero hacer un cuadro dedicado a las lavanderas, a esas mujeres que aún conservan esa costumbre ancestral que lleva más de un siglo.

Antes lavaban sobre las trojas que sus maridos les construían en sus patios; no podían lavar en la ciénaga porque había muchísimos caimanes. Los hombres cimentaron como especie de un muelle de palo que les servía de apoyo para no exponerse a los caimanes cuando iban a buscar el agua para que las mujeres fregaran.

Con el pasar del tiempo se fue disminuyendo por la cacería. Y desde entonces las mujeres comenzaron a desplazarse a la ciénaga a lavar sobre unas piedras planas traídas del monte que se montan sobre dos horquetas. Todavía se preserva esta actividad cotidiana.    He escuchado que las personas le dicen Carlos 'Pintuco'. ¿Hay algo en especial que provocó este seudónimo?

La firma que suelo dejar en las pinturas es “CARLOSP”, que es una mezcla de mi nombre y mi primer apellido. Las personas se tomaban la tarea de descifrar qué significaba la letra P al final. Decían que era Pérez; hasta que terminaron por decir que  era Pintuco, como la empresa del sector de pinturas. La gente de Bomba fue la que comenzó a llamarme así. En Plato no porque yo soy de allá y todos saben mi apellido.

Uno de todas maneras tiene que morir, entonces el que me llamen Carlos “Pintuco” es una forma de convertirme en un recuerdo para la población.

¿En qué lugares ha mostrado su trabajo?

He trabajado en Barranquilla, Bosconia, Sincelejo, Santa Marta, El Banco, Bálsamo, Heredia, Plato, entre otros lugares de la Región Caribe. Pero mi trabajo ha ido más lejos: pinté al Hombre Caimán para unos plateños que viven en Estados Unidos.

¿Todavía cree que su trabajo pueda llegar a las grandes salas de exhibición?

Los pintores que llevan sus trabajos hasta los grandes museos y salas de exhibición son los que tienen dinero. Yo no he podido desarrollarme completamente en el campo de la pintura. He hecho grandes pausas por mis problemas de visión y otras cosas más que le han restado rigor a mis destrezas.

No he trascendido hasta donde he querido, pero me alegra que otras personas que estimo hayan avanzado, como mi gran amigo pintor que conocí en Plato, Silvio Varela Sánchez, que se ganó una beca y se fue a México; y como mis pupilos Roberto Arias y Jaime Saumeth que igualmente han viajado, incluso me han superado.

Cuando un pintor viaja su creatividad empieza a jugar con el mundo, ¿a dónde le hubiese gustado ir?

A Canadá porque tiene muchos paisajes. Ese país inspira. Yo me imagino dibujando sus montañas con nieve.

No ha contemplado aún la nieve de ese país, pero sí ha apreciado la calidez de Bomba, el pueblo que lo acogió y donde usted debe conservar todas sus obras.

Conservo algunas en mi casa. Se me han extraviado unas bonitas pinturas por mi descuido. He perdido dibujos que hice desde niño, sin embargo, continúo haciendo murales. Hace poco hice un mural en la iglesia cristiana del pueblo; algunos le tomaban fotos, otros comentaban sobre su composición. Siento que de alguna manera lo apreciaron.

En Santa Marta todavía hay algo de mí, por lo que yo hacía réplicas de cerámicas precolombinas y se las vendía a los coleccionistas.

Así como también dejó una huella en los picós (turbos) que había en Bomba para los años 80. Usted le daba la identidad a esas máquinas musicales, les daba color, siendo un artista del pincel les dio un rostro y un alma. A propósito, ¿qué era lo que más pintaba en los sistemas de sonido?

Pinté bailarines, congas, timbaleros, pescadores y otras figuras que tienen que ver con la música. Recuerdo que en el picó de la fallecida Andrea Figueroa, tu abuela, pinté a un pescador que estaba sacando su atarraya con un gran número de peces; eso simbolizaba los buenos tiempos de los pescadores del pueblo, ya que en esa época eran a los que mejor les iba. Había abundancia de peces. A raíz de eso la señora Andrea decidió llamarlo “El pescador”. Esa máquina encendía la fiesta todas las noches. Era el picó que tenía más potencia.

En el picó “El chongo”, del difunto Carlos Aragón, dibujé una pantera. Él quería que se tratara de algo que impactara a la gente.

¿Con qué otros trabajos artísticos sorprendió a la gente?

El cuadro que le hice a mi hermano Rafael Ospino, quien se desempeñó como beisbolista, futbolista y ciclista. Le fascinaban esos deportes. Era muy popular en Plato, por tal razón el estadio lleva su nombre: Estadio Municipal Rafael Ospino Ospino.

Por otro lado, la escultura en cemento blanco que le hice al curandero de culebras, Dagoberto Orozco, de Malagana, Bolívar. A mi casa llegan muchas personas a verla. Yo se la hice en honor a su capacidad de curar con plantas a las personas mordidas por mapanás y cascabeles. A él le dicen “el señor que salvó más de mil vidas”.

Ahora que habla de este reptil, recuerdo que en su pintura “El sueño del pecador” hay una culebra enroscada en un árbol mientras muerde a un sujeto.

¿Qué significa esta composición?

Se trata de un muchacho incorregible y malcriado que no respetaba a sus padres. Se burlaba de todos. No hacía caso a nadie. Un pecador. Una vez soñó que se fue a cazar a un tigre en el bosque. Cuando iba cayendo la tarde el tigre comenzó a perseguirlo. El joven no tuvo más opción que correr y subirse al primer árbol que encontró. Al darse cuenta de que una culebra estaba enroscada en el árbol intentó meterse al agua pero pronto los cocodrilos salieron hambrientos.

Al pecador lo atacaron el tigre, la culebra y los caimanes. Era su castigo. El castigo que yo pinté.

¿Será posible definir lo que es el arte cuando se le ha dedicado toda una vida a la pintura?

El arte es una constancia íntima por conocer la naturaleza que luego se plasma en un lienzo. El arte es lo más bello que hay. Un artista es imaginativo, al igual que un compositor que traduce su poesía en música.
Escrito por:
Evelyn Galván Lora
Autor: Evelyn Galván Lora
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